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Religión del mundo
12
Jun

Religión del mundo

¿Para qué una ética universal?

¿Es posible imaginar un partido de fútbol en el que todos los jugadores se pongan sencillamente a correr y golpear el balón a la buena de Dios, sin saber cómo deben organizar su juego ni cuáles medios están permitidos y cuáles no? Para que los partidos se desarrollen deportivamente y resulten divertidos se necesitan reglas. Reglas de esta naturaleza son necesarias en todos los lugares en que hay seres humanos que conviven y quieren conseguir juntos determinados objetivos.

  • Ni siquiera una clase de colegio puede progresar adecuadamente si no impera el juego limpio entre las alumnas y los alumnos, si no pueden confiar unos en otros y si hay que temer robos, chantajes, discriminación y violencia, y si no se siente uno tratado con justicia por el personal docente. Para ello son necesarias determinadas normas de comportamiento reconocidas por todos los que intervienen en la vida escolar.
  • En una empresa son importantes los beneficios, pero para que el negocio florezca se necesita también una base de confianza entre el empresario y el personal, entre los propios empleados y entre los clientes y la empresa.

Es esencial la honradez en el proceder comercial, en la contabilidad y en los balances, del mismo modo que la fiabilidad y el aprecio mutuo. Y para ello son necesarias reglas comerciales y laborales a las que se hallen sujetos todos los colaboradores.

  • Una comunidad humana sólo puede subsistir si se aprueba un ordenamiento jurídico, si se resuelven sin violencia las diferencias, si los miembros se tratan mutuamente con confianza, si los que ocupan un cargo lo desempeñan justa y honradamente, y si se encuentra siempre la conciliación entre los intereses de los individuos y el bien común. Por eso, para la cohesión de una comunidad humana es imprescindible un consenso sobre algunas reglas fundamentales de convivencia.
  • Entre los pueblos, las naciones y los Estados hay constantemente intereses, prioridades y rivalidades divergentes. Ahora bien, una justa conciliación de los intereses y una paz duradera sólo pueden conseguirse si las relaciones no están marcadas por la violencia, si, en vez de la agresión y la confrontación, imperan el diálogo y la cooperación. También la política y la diplomacia necesitan reglas de comportamiento, tanto en los asuntos menores como en los trascendentales.

Desde que empezaron a existir comunidades humanas se han venido elaborando concepciones de una sana convivencia y de una buena vida para el ser humano individual. En todas las culturas se han elaborado modelos éticos para el comportamiento, una ética elemental. Las religiones y las filosofías, sobre todo, han concretado y sistematizado estas normas. Pero en el mundo pluralista de hoy, ninguna religión, filosofía o ideología particular puede imponer por sí misma una ética semejante a toda la sociedad. Y, sin embargo, es posible e importante redescubrir y recordar los elementos comunes existentes en la ética de las diferentes religiones y filosofías:

Al individuo, para su orientación personal.
A la sociedad, como presupuesto para su cohesión.
A las naciones y a las comunidades religiosas, como base para el entendimiento mutuo, la colaboración y la paz.


Sobre la base de este modelo ético o de estas normas, llamadas sintéticamente «ética universal», pueden convivir y colaborar en busca de un mundo más pacífico y más justo hombres de todas las culturas y naciones.

¿Qué es una ética universal?

Ya en el año 1990 presenté a la opinión pública, en mi libro Proyecto de una ética mundial, mis reflexiones sobre una ética universal. Allí se desarrolla programáticamente la idea de que las religiones del mundo sólo pueden prestar una contribución a la paz de la humanidad recordando lo que ahora ya tienen en común con la ética: un consenso básico con respecto a los valores vinculantes, las normas inmutables y las actitudes personales fundamentales existentes. El paso decisivo lo dio luego el «Parlamento de las Religiones del Mundo», un congreso interreligioso celebrado en Chicago en 1993, con más de 6,000 participantes, en el que más de doscientos delegados de todas las religiones y de todos los continentes firmaron una Declaración sobre la Ética Universal elaborada por mí a lo largo de un proceso de consultas interreligiosas. Desde entonces, esa Declaración es el documento fundamental para el desarrollo de la idea de una ética mundial.

El proyecto Ética Mundial está basado en cuatro convicciones fundamentales:

¡Si no hay paz entre las religiones no habrá paz entre las naciones!
¡Si no hay diálogo entre las religiones no habrá paz entre las naciones!
¡Sin modelos éticos globales no habrá diálogo entre las religiones!
¡Sin una ética global, una ética universal, apoyada en común por personas religiosas y laicas, no sobrevivirá nuestro planeta!

Los elementos comunes existentes en la ética de las religiones se formulan inicialmente en la Declaración en dos principios fundamentales:

El principio del humanitarismo: todo ser humano debe ser tratado humanamente.
Prácticamente en todas las culturas y religiones de la humanidad aparece una segunda regla que desarrolla este principio fundamental, la Regla de Oro de la reciprocidad:

“No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti”.

Estos dos principios encierran directrices concretas para cuatro ámbitos vitales básicos que se formulan como auto obligaciones:

Obligación a una cultura de la no-violencia y del respeto a toda vida.
Obligación a una cultura de solidaridad y a un sistema económico justo.
Obligación a una cultura de la tolerancia y a una vida apegada a la verdad.
Obligación a una cultura de la igualdad de derechos y a la participación igualitaria del hombre y la mujer.

Sobre la base de la Declaración de Chicago, la idea de una ética universal ha seguido desarrollándose en diferentes planos. De capital importancia son, sobre todo, los documentos siguientes:

  • 1977: propuesta del Interaction Council de antiguos jefes de Estado y de Gobierno para una Declaración Universal de la Responsabilidad Humana;
  • 1999: Llamamiento a nuestras Instituciones Rectoras, del Tercer Parlamento de las Religiones del Mundo, reunido en Ciudad de El Cabo.
  • 2001: Manifiesto para el diálogo de las culturas Puentes hacia el futuro (Crossing the Divide), trabajado por el Grupo de Personalidades de Alto Rago convocado por el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, para el año 2001, Año Internacional del Diálogo de las Culturas. La Declaración de Chicago y el Proyecto de ética universal quieren propiciar un cambio de mentalidad individual y colectivo en aras de la supervivencia de nuestro planeta. Lafundación Weltethos, de Tubinga, creada en 1995, fomenta con particular intensidad este cambio de mentalidad trabajando en diferentes planos: la investigación, la formación y el encuentro intercultural e interreligioso a escala tanto nacional como internacional.

Ética universal en imágenes: la exposición

“Religiones del mundo – Paz mundial – Ética Universal”

Los medios desplegados por la fundación Weltethos: libros, videos, CD-Rom, Internet y, sobre todo, la exposición “Religiones del mundo – Paz mundial – Ética Universal”, que se reproduce en este cuaderno, representan una contribución pedagógica a este cambio de mentalidad.

Como es sabido, las normas éticas no caen del cielo, aunque las distintas religiones de todas las épocas han inculcado y e inculcan constantemente a los seres humanos con autoridad de revelaciones divinas y portadoras de revelación. Las normas y valores éticos fueron elaborados por los propios hombres en el curso de la evolución mediante un proceso socio dinámico sumamente complicado. Es decir: donde se presentaban las necesidades de la vida y apremios humanos, allí se imponían regulaciones de los actos para el comportamiento humano: prioridades, convenciones, leyes, mandamientos, directrices y costumbres, en una palabra, determinadas normas éticas. Así, mucho de lo que en la Biblia hebrea, en el Nuevo testamento y también en el Corán, es decir, en las culturas de origen semítico, se proclama como mandamiento de Dios, se encuentra también en las religiones de origen indio y chino. Todas ellas están representadas en esta exposición en los seis cuadros de las religiones que, por sus repercusiones históricas y su difusión global, pueden denominarse religiones mundiales.

Los seis primeros cuadros muestran:

  • Retratos de los grandes guías y fundadores: Shiva, Confucio, Buda, Moisés, Cristo y Mahoma (este último solo como rasgo caligráfico, ya que no está permitido retratar al profeta).
  • Textos sagrados centrales extraídos de las religiones, concretamente sobre aspectos éticos.
  • Un texto mío sobre la esencia de la correspondiente religión.
  • Una breve descripción léxica y un eje cronológico.
  • Finalmente, imágenes del mundo de la vida de las religiones y retratos de personajes representativos -masculinos y femeninos-, modernos.

Al mismo tiempo se han de poner de manifiesto con claridad los modelos éticos fundamentales que son comunes a todas estas religiones. Donde más claramente se hace esto es en el cuadro sobre la «Regla de Oro». Aquí se expresa en diferentes escritos y con diferentes fórmulas la misma norma que Confucio había ya formulado quinientos años antes de Cristo y que hoy debería regir no sólo entre las personas individuales, sino también entre grupos, naciones, etnias y religiones.

La «Regla de Oro» es ya una precisión del principio fundamental de humanidad, aún elemental, exigido en todos los tiempos por los grandes humanistas -desde Immanuel Kant hasta Martin Luther King, Nelson Mandela y Yehudi Menuhin, pasando por Henry Dunant, Rosa Luxemburgo, Thomas Mann, Hannah Arendt y Albert Schweitzer-: «Toda persona -ya sea hombre o mujer, blanca o de color, rica o pobre, vieja o joven- debe ser tratada humanamente, es decir, no inhumana o incluso bestialmente. Esta exigencia está basada en lo que realmente es común a todos los hombres, es decir, en el «ser hombre», y en la inalienable dignidad humana -correlativa a «ser hombre»-, que constituye el punto de partida de los derechos humanos.

Los cuatro últimos cuadros desarrollan y concretan estos dos principios éticos fundamentales -al tiempo que los traducen, por así decir, para nuestro tiempo actual- con las cuatro grandes directrices éticas de todas las religiones, tal como están formuladas en la Declaración de Chicago. Queda patente que estos preceptos no son accidentales en modo alguno, sino que apuntan a ámbitos decisivos de la vida y la sociedad humana.

La ética universal es el hilo conductor, gancho que engarza esta exposición por lo que respecta al contenido. A lo largo de estos doce cuadros, el observador puede descubrir lo que forma parte del legado ético de la humanidad. Ese legado abarca tanto tradiciones seculares de una ética humanística como las tradiciones de una ética religiosa. La paz mundial sólo puede ser promovida mediante una coalición de personas éticamente inspiradas sobre una base tanto religiosa como no religiosa.

La ética universal en la praxis: la Fundación Weltethos
La Fundación Weltethos tiene su origen en 1995, gracias a Karl Konrad, conde de Groeben, quien, tras la lectura del libro Proyecto de Ética Mundial, decidió destinar una suma considerable para difundir la idea de una «ética universal». Con los rendimientos del capital fundacional está garantizado a largo plazo el trabajo de un pequeño equipo de investigación, dirigido por mí, al servicio de una ética universal. La base programática del trabajo de la Fundación es la Declaración sobre la Ética Universal, del Parlamento de las Religiones del Mundo.

La fundación desarrolla tareas en tres campos:

  1. Realización y fomento de la investigación intercultural e interreligiosa: Investigación de base en teología y en ciencias de las religiones, especialmente mediante la realización y el fomento de publicaciones científicas (libros, artículos) en bien del entendimiento intercultural e interreligioso.
  2. Estimulación y realización de labores formativas en el campo intercultural e interreligioso: Actividad docente y conferencias para difundir los resultados de las investigaciones -especialmente de las ideas de una ética fundamental común a todos los hombres, de una ética universal- llevadas a cabo en comunidades, universidades populares, academias, colegios, escuelas superiores, asociaciones, partidos y grupos de personas interesadas de todo tipo, tanto en el ámbito nacional como en el internacional; perfeccionamiento formativo de personas interesadas mediante congresos, conferencias, seminarios o cursos monográficos para profundizar en la temática de una ética universal; labor publicitaria al servicio de una ética universal con ayuda de los medios (artículos de periódico, entrevistas y trabajos radiofónicos y televisivos); producción de medios, por ejemplo el proyecto multimediático «Búsqueda de huellas. Las religiones del mundo en camino», con siete vídeos, un libro y un CD-Rom, así como esta exposición.
  3. Facilitación y apoyo al encuentro intercultural e interreligioso necesario para el trabajo de investigación y formación: Propuesta y promoción de iniciativas en el ámbito de la sociedad, la política y la cultura en pro del entendimiento de los pueblos (por ejemplo, medidas que fomenten la confianza entre las religiones); promoción del encuentro de personas de diferentes culturas y religiones (coloquios, viajes de estudio, congresos); ampliación de la red de relaciones interculturales e interreligiosas existente para la promoción de una ética global; creación del acceso a documentos clave y a bibliografía en Internet (www.weltethos.org y en el servidor escolar www.schule-weltethos.de).

Desde su creación en 1995, la actividad de la Fundación se ha extendido a los más diversos campos de la praxis y a ámbitos de la sociedad, como la escuela, la economía y la política, y despierta gran interés incluso en la ONU. Se han podido poner en marcha otras fundaciones «Weltethos»: en 1996 en Suiza, en 1999 en la República Checa; en 2000 en Holanda; en 2001 una «Initiative Weltethos» en Austria. El positivo eco de las actividades de la Fundación muestra que es cada vez más necesaria la tarea de situar la globalización sobre una base ética.

Hans Küng

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