Artículos y Noticias

Cómo vivir la ética
12
Jul

Cómo vivir la ética

Como sabemos, Nietzsche le quita importancia a la respuesta metafísica por excelencia -o sea a la pregunta por el ser-, afirmando que la historia del ser es sólo eso, historia. Su pretensión es mostrar que para la humanidad y para la filosofía no es relevante todo el trabajo histórico metafísico, considera a éste sólo como una especulación sin fundamento que nace de las necesidades humanas en un tiempo determinado. Para ubicarnos en un contexto adecuado, necesitamos reconocer que a Heidegger no le interesaba, o no conocía, la importancia que ahora se le está dando a otros saberes humanos para hacer filosofía, como podría ser la física, la biología o la química, conocimientos que definitivamente fundamentan la filosofía de Nietzsche, así como la mayoría de los filósofos o pensadores actuales a pesar de que no lo reconozcan o simplemente desconozcan; más aún, de la teología moderna que también de una u otra forma usan conceptos nietzscheanos reiteradamente. Ahora bien, también resulta vital reconocer las limitaciones de Nietzsche en el siglo XIX no sólo en la complejidad de su vocabulario, sino en lo que hoy comprendemos como el conjunto de saberes vigentes; es evidente que la mala interpretación de la filosofía nietzscheana ha sido, en cierta medida, porque la comprensión de sus conceptos no ha sido de acuerdo al tiempo en que Nietzsche los desarrolló, sino más bien, de acuerdo al contexto de lugar habitable.

La vida se presenta como un caos ante la falta de comprensión entre unos y otros; situación que está poniendo en peligro la existencia de la raza humana y del planeta como lugar habitable.”

Más aún, Carlos Marx –en el inciso XI de su famosa “Tesis sobre Feuerbach”– también nos advierte que los humanos hemos interpretado de muchas formas al mundo, pero que lo que se requiere es transformarlo, ya que de seguir en la dirección de no respetarnos como humanos nos sumiremos en una crisis con consecuencias catastróficas.

Crisis
Se puede apreciar la inconformidad que cada uno de nosotros sentimos ante todo lo que acontece a nuestro alrededor, pero también nos conformamos porque hemos perdido el interés por modificar las cosas. Ante esta disyuntiva, tendremos que elegir entre seguir por el camino donde se van deteriorando los ideales éticos que han acompañado a la historia de la humanidad –dando prioridad a la sobrevaloración del dinero y de la moda, a la explotación del trabajador, a la indiferencia y a la falta de cuidado en las cuestiones afectivas, que provocan un constante deterioro del bienestar de la gente–; o bien, ver la crisis como la oportunidad para cambiar, buscando nuevas estrategias que permitan alcanzar el bienestar humano y aflorar lo mejor de cada uno de nosotros y de la sociedad en general, con el objetivo de superar la tragedia de no querer luchar y enfrentar la crisis modificando la actual condición humana, tal como lo advirtió Einstein.
Si nos decidimos a superarnos nosotros mismos y a sobrepasar la crisis, habremos de ir a la fuente que ha originado el fracaso del bienestar humano a través de la historia, y que ha dado pie a la incapacidad de mirarnos a los ojos. Nos referimos al “mal”: fruto de la pobreza moral humana en la que nos encontramos.

Sin embargo, hay que caminar con cautela ante la presencia del mal, ante la falta de una ética que tenga una visión global –producto de la crisis de valores que vivimos en la actualidad–; ya que las verdades (certezas) de la religión, las ideologías, la política, la economía y la ciencia –que tradicionalmente permeaban la conducta humana– han perdido su vigencia. Pero también es importante señalar “la falta de interés común” originada por las reglas económicas que privilegian al individualismo y al consumo –donde son pocos los favorecidos y la pobreza de las mayorías aumenta–, en lugar de buscar el progreso humano que fuera el ideal de la Ilustración y por tanto, de la modernidad.

El mal ha estado en nosotros, permeando nuestro ser. De ahí la necesidad de repensar la situación, aún cuando creamos que es demasiado tarde.
Pero no será posible un nuevo orden mundial sin una ética global de responsabilidad.
Hay que enseñar a vivir con ética y globalizarla con el fin de mostrar que somos competentes para ella, que estamos familiarizados con ella, simplemente porque somos humanos hasta la médula. Es necesario rescatar lo “bueno” de la humanidad entera, recordando que antes que el dios dinero y las posesiones materiales, está lo humano –pues antes que el tener está el ser–; y lo humano no puede estar dividido en castas o islotes, ya que –como veremos– la misma naturaleza nos lo impide.

Lo que se pretende en este seminario es mostrar lo humano que hay en nosotros –lo cual nos caracteriza íntimamente–, para hacerlo visible y mostrarlo a los demás. Si lo logramos, entonces habremos puesto en el mundo más de lo que nos imaginamos, habremos insertado el “bien” en la realidad. Así lograremos, por principio, que los que nos escuchan reflexionen sobre la posibilidad de hacer el “bien” para con los demás, para que el mundo pueda ser un mejor lugar donde vivir, y además, que se den cuenta de que esa posibilidad está en todos.

El mal ha estado en nosotros, permeando nuestro ser.
De ahí la necesidad de repensar la situación, aún cuando creamos que es demasiado tarde.”

Vivir la ética implica ponerla en práctica en cada acción que realizamos, buscando vivir en armonía, no sólo con nuestros congéneres, sino con toda la naturaleza que nos rodea; haciéndonos responsables de nuestras acciones diarias –porque de todas ellas se desprenden consecuencias que tienen efectos reales en los demás–, siempre recordando la regla de oro: saber que no debemos tratar a nadie de un modo en que no nos gustaría que nos trataran a nosotros. El dolor, el mal, el miedo, son sensaciones desagradables que disgustan y violentan nuestro ser.
Pero para realizar un cambio en el pensamiento humano y poder transformar al mundo en que vivimos, necesitamos conocer la naturaleza que nos rodea, y estudiar el cuerpo humano con la capacidad que tiene de pensar, dando la posibilidad para expresar pasiones y sentimientos por medio del lenguaje.

COSMOS
Somos parte de un universo enorme y somos viajeros en un viaje de descubrimientos interminable, donde todo está conformado por partículas demasiado pequeñas para poderlas ver. Nuestro sol es simplemente otra estrella dentro de las miles de millones que hay en nuestra galaxia: la Vía Láctea. Estrellas que forman enjambres y súper enjambres de tamaño increíble, a través de cientos de millones de años luz. Pero también existe un enorme cosmos microscópico en el que podemos encontrar un ajetreado mundo cada vez más pequeño. Si observamos el cerebro humano podemos ver que las fibras neuronales se parecen al cosmos en su conjunto.

Ante nuestro desconocimiento sobre lo que provocó el origen del cosmos, la ciencia moderna nos habla de una gran explosión, un estallido de energía radiante –deslumbrante en esos primeros momentos–, que empezó a expandirse y a enfriarse al mismo tiempo; algo parecido a lo que aconteció con las Torres Gemelas en Nueva York. Iniciándose un combate interminable entre fuerzas enfrentadas, que sólo alcanzan equilibrios provisionales bajo la forma de alianzas, configuraciones. En estas formas a veces dominaba la materia y a veces dominaba la energía, pero no había la posibilidad de que existieran de modo separado; de ahí la Teoría de la Relatividad de Einstein: E=MC2.
La expansión que es movimiento, y la energía –que también es movimiento–, se convierten en una interminable cadena que siempre produce efectos, mismos a los que se les puede denominar también como momentos creativos, ya que por esta condición, toda forma material y energética se encontrará siempre en situación cambiante, al tener la particularidad del movimiento. Más allá de nuestra voluntad, todo lo que conforma el cosmos tendrá una implícita voluntad de poder, o sea, algo intrínseco en todas las cosas –incluyendo a cada uno de nosotros–, que a cada instante de nuestras vidas provoca un cambio. Dicho de otra forma, se convierten en una nueva creación que se agrega al cosmos, sin que esto se pueda evitar. La ciencia le ha dado a esto el nombre de “devenir”, y la filosofía lo llamó como “amor fati”, o sea, amor al “destino incierto” de la vida de cada uno y de todas las cosas que nos rodean.

La ciencia le ha dado a esto el nombre de “devenir”, y la filosofía lo llamó como “amor fati”, o sea, amor al “destino incierto” de la vida de cada uno y de todas las cosas que nos rodean”

El universo –con la voluntad que lo caracteriza– creó con su poder todo lo que existía hasta ese momento y creó también todo lo que en él podemos apreciar hasta ahora. Por este motivo, en sus inicios los quarks se combinaron en protones y neutrones que más tarde atrajeron electrones para formar átomos, disipándose la inmensa oscuridad que existía. Durante cientos de millones de años de poder creativo, por medio de la fuerza de gravedad, lentamente se fue uniendo la materia en una telaraña gigantesca con forma y movimiento, o sea, la arquitectura del cosmos.
Lo que entendemos por creatividad, es la lucha entre las fuerzas que se confrontan en la naturaleza, las cuales no se producen según el esquema causa – efecto (clásico en las ciencias antiguas y que Darwin aceptó); sino que en el universo subyacen polos de fuerzas que se jerarquizan en función de sus desigualdades y del dominio de unas cosas sobre otras, o sea, una lucha indeterminada e interminable siempre creativa, como se puede apreciar en la ciencia moderna al observar que en el pasado las nubes de gas y polvo se condensaron como gigantes gotas de agua por todo el cosmos y formaron las galaxias. Éstas chocaban, se unían y dividían formando figuras espirales. Las estrellas –dentro de las galaxias– agruparon planetas. En éstos se producían las colisiones cósmicas a través de impacto de meteoritos que violentamente chocaban contra ellos. Y así se formó nuestro planeta, con impactos violentos, gases volcánicos, lluvias ácidas y potentes radiaciones ultravioleta del sol. La joven Tierra era un mundo realmente hostil. Y sin embargo, los ingredientes básicos para la vida ya estaban en ella. Agua, carbón y energía, donde las partículas se combinaron, multiplicaron y dieron origen a la vida.

LA HISTORIA-MEMORIA (el eterno retorno)

Tener la posibilidad de investigar el espacio profundamente, se convierte en un importante conocimiento, porque nos permite regresar en el tiempo para analizarlo como la “historia–memoria” del universo, “como un eterno retorno”. No como un pasado presente sino como la transmisibilidad del pasado convertido en la memoria de todas las cosas en el universo, incluyendo el cuerpo humano, el cual no tiene una cajita de Pandora en el cerebro, sino la estela del pasado adherida al cuerpo; ya que si el pasado no es trasmitido, no podría explicarse la evolución del cosmos, que nos recuerda a la estela de un avión jet de pasajeros que tiene a sus espaldas su pasado, porque toda particularidad, una vez adquirida, se hereda.

La historia–memoria del universo o de la vida, no puede ser separada de la ciencia natural.”

La historia–memoria del universo o de la vida, no puede ser separada de la ciencia natural. Lo humano, demasiado humano, no puede concebirse sin la historia–memoria de cada uno de nosotros y de la sociedad en general, y por lo tanto de la unión que todos tenemos con la historia–memoria del cosmos, porque estamos impregnados del pasado. La historia comparada de “las condiciones de la existencia” (fw7), deben por tanto ser complementadas por una historia del modo en que los hombres las han considerado.

EL PLANETA, SU HISTORIA–MEMORIA
Se piensa y se siente que las cosas a nuestro alrededor no cambian mucho, pero en la escala de tiempo del cosmos o geológica, toda la Tierra se transforma y todas las cosas que hemos hecho serán destruidas.

Durante un periodo de 4,600 millones de años la Tierra líquida crecía, mientras una serie de enormes meteoritos la seguían en su órbita alrededor del sol. Cada impacto traía más rocas –el material con que la tierra podría crecer–, así como energía explosiva, aumentando la temperatura del planeta primitivo a más de 420°. De modo que la Tierra heredaba algo del pasado, agregándolo a su propio pasado. La Tierra ha estado explotando, ardiendo y partiéndose. Estos fenómenos han moldeado nuestro planeta a través de una serie de cataclismos devastadores.
Un vasto océano de roca derretida de más de 160 km de profundidad cubrió el planeta. Cada actividad interna aumentó la temperatura aún más. La tierra se volvió una piedra derretida alcanzando pronto el punto de ebullición del hierro.
Con estos pocos hechos, se manifiesta la voluntad natural del cosmos y –por lo tanto– de la Tierra; lo que nos permite decir que el mundo es una inmensidad de fuerzas; juego de fuerzas y de ondas energéticas; uno y “muchos” al mismo tiempo, que por un lado se acumula y por el otro disminuye; un mar de fuerzas tempestuosas y fluctuantes en sí mismas, en eterna transformación, en eterno recorrido, con incontables años, con flujo y reflujo de sus formas, empujándolas violentamente de la simplicidad a la multiplicidad más variada; de la quietud, la fijeza y la frialdad máxima a la incandescencia y al desenfreno más salvaje; a la máxima contradicción, como un “devenir creativo” que no conoce la saciedad, el hastío, el cansancio. Este es el mundo de eterna auto creación, de eterna autodestrucción; este mundo misterioso, sin metas, al que nosotros le llamamos voluntad de poder y nada más. Y ustedes mismos son voluntad de poder y nada más.
La voluntad de poder de la Tierra sigue auto creándose; así el hierro meteórico empezó a hundirse en el centro, arrastrado por la incansable gravedad. Una esfera kilométrica de hierro derretido hizo el viaje desde la superficie hasta el centro de la Tierra en menos de un millón de años, un parpadeo en el tiempo geológico. Hace tres mil y medio millones de años, la Tierra empezó a formarse. El vapor de agua y los gases eran liberados desde el interior en el aliento de enormes volcanes. Esto fue el gran nacimiento de la Tierra. Un océano interminable creció, y cuando los cielos finalmente se aclararon, la Tierra se había transformado en un globo con agua.

La voluntad de poder de la Tierra sigue auto creándose; así el hierro meteórico empezó a hundirse en el centro, arrastrado por la incansable gravedad.”

LA VIDA
La voluntad natural de la Tierra y su poder –que deriva del movimiento de todo lo que existe–, hace que “nuestro planeta siga auto creándose”. Y en esa creación interminable, fue hace 4000 millones de años que la vida empezó a florecer.

Por millones de años, diminutas bacterias fueron los únicos organismos de la Tierra. Algunas bacterias lentamente liberaron pequeñas burbujas de oxígeno que cambiaron profundamente la atmósfera y permitieron el desarrollo y la evolución de los organismos: algas y microorganismos con conchas o esqueletos para su protección y sostén. Poco a poco lograron ciclos de vida complejos y la vida se diversificó en formas y tamaños.

Desde la profundidad de los océanos hasta la colonización de la tierra seca y áspera, pasaron millones. Primero fueron las bacterias; seguidas por las algas, las plantas y los animales. De los reptiles vertebrados a los mamíferos, la Tierra se fue poblando en el agua, la tierra y en el aire.

CÉLULAS
La complejidad del cosmos se representa en todas las cosas que existen dentro de él; por lo tanto la vida –que se fusiona con millones de células– se afirma por el movimiento innato que tiene cada célula y por lo tanto la vida.
La vida celular se perfila como “pura potencia”, como pura “fuerza celular”, la “fuerza instintiva”, que va a dar lugar a la diversidad de vida.

La vida celular se perfila como
“pura potencia””

Así, la fuerza creativa de la vida se aleja de cumplir una meta o un plan, abriéndose a una multiplicidad de formas de “devenir vida”: variedad que contemplamos a nuestro alrededor.
Las células –su estructura y sus posibilidades–, son deudoras del movimiento como voluntad natural, con el poder para que su masa plástica tenga un “devenir creativo”, sin límites, que puede derivar en una u otra forma, sin fatalidad ni compromiso. Células que pueden soportar las transformaciones y plegamientos más arduos, abiertas a todas las mutaciones, a todo nuevo acoplamiento.La voluntad instintiva de las células se apodera de la multiplicidad de los estímulos que ofrece la naturaleza con el propósito de organizarlos, obligándolos –por medio de su poder–, a encajar en sus necesidades, que es un gran paso hacia la comprensión de cómo se construye esa maravillosa máquina que es el cuerpo humano y de todos los cuerpos con vida.

DEVENIR CREATIVO DE LA VIDA Y DEL PENSAMIENTO
Nos decía Zaratustra que la memoria–historia, o sea, el eterno retorno y la voluntad del devenir con su poder creativo “no se enseñan, porque son la vida misma”. Es una nueva interpretación de todo el acontecer y que cada quien experimenta con su propia vida; o sea, es de fácil comprobación en nosotros mismos. Es el preludio de algo “serio”, para el que se necesitan “oídos en alerta” y “deseos de vivir la vida” plenamente.
Conocer la historia del pensamiento humano y las consecuencias que ha tenido en la conducta humana, implica tomarse muy en serio la cuestión de la responsabilidad. Nuestro objetivo es considerar al pensamiento desde el reconocimiento de su creatividad. Afirmamos que el pensamiento es creativo, porque transforma, produce y ubica en la realidad novedades antes no imaginables para la sociedad.
La creatividad del pensamiento se refleja cuando el hombre logra vencer las dificultades que se le presentan, cuando supera los obstáculos que le acontecen frente al pensamiento mismo.

LAS PLANTAS COMO INICIO
DE LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO
El árbol genealógico de las “plantas” se remonta a casi 500 millones de años, donde la “naturaleza” se muestra tal como es, con toda su magnificencia pródiga e indiferente, que desarrolla una gran variedad de estrategias para vivir. Donde las plantas compiten por alimento como lo harán posteriormente los animales, iniciando el círculo virtuoso: “la vida se alimenta de vida”. Esforzándose para reproducirse y en lucha continua contra sus depredadores. Todo el tiempo engañan y en algunos casos, cazan.
La pregunta obligada en este momento es: ¿Podremos decir que hay una inteligencia instintiva en las plantas?
Para la gente que no se dedica al estudio de las plantas, es difícil notar su comportamiento de un modo tan drástico como lo estamos explicando, ya que es muy lento para nuestros ojos. Pero si la vida se comprime y cambiamos de perspectiva, una planta y el mundo entero cobran vida de modo espectacular.

El papel de las flores es el de permitir que la planta se reproduzca.”

Se puede apreciar que los animales y las plantas necesitan alimento y agua. Pero lo que las distingue, es su lucha por la luz. Las plantas necesitan luz para crecer y harán lo que sea para conseguir toda la luz que necesitan; ya que si no les llega la luz, ellas pueden ir hacia ella. Deben trepar, usar otra planta como andamiaje para hacer su camino más fácil, pero no llegarán muy alto si no se prenden con fuerza, y cuando consiguen tener luz en abundancia pueden florecer.
La mayoría de las plantas obtienen agua y nutrientes del suelo a través de sus raíces, que tienen la extraordinaria capacidad de absorber agua (como papel secante). También tienen un modo de absorber nutrientes, sus raíces atrapan las hojas que caen y que se pudren; con el tiempo, obtendrán su provisión individual de abono orgánico.
El papel de las flores es el de permitir que la planta se reproduzca. El color, el perfume, el néctar y la forma, actúan para que la flor sea irresistible.
El pasto es el tipo más exitoso de planta que florece y es el que compone el 20% de la vida vegetal del planeta. Compone la dieta de varios miles de animales diferentes.

Algunos nutrientes han desarrollado una relación con el animal que los consume, y juntos han cambiado el mundo. Hace 10,000 años los humanos comenzaron a cultivar arroz para cosechar sus semillas ricas y nutrientes; en la actualidad la mitad de la población mundial depende de él y se puede afirmar que la “vida” depende de ellas –directa o indirectamente–. De modo que las plantas muestran claramente su voluntad de poder por medio de “una inteligencia instintiva, que el humano llamará pensamiento a través de los siglos”.
LOS PRIMATES COMO VOLUNTAD DE PENSAR
La vida –al igual que cualquier cosa en la naturaleza–, precisa de un gran peso que siempre se añade y tiene que añadirse. Nos referimos a la historia–memoria, como un eterno retorno; lo que equivale a decir que nada en el cosmos puede separarse del pasado para conjugarse con el presente y proyectarse hacia un futuro.

…pensar verdaderamente, es penetrar en la nueva claridad que el eterno retorno abre…”

La vida, como lo hemos visto en las plantas, despliega una inteligencia que –como se ha manifestado en el devenir histórico– se traducirá como pensamiento en los seres humanos. Pero pensar verdaderamente, es penetrar en la nueva claridad que el eterno retorno abre; ver a su luz todas las cosas y encontrarse dispuesto –con plena voluntad– a todas las decisiones que encierra.

El ámbito visual –al cual cada uno de nosotros dirigimos nuestros pensamientos–, no es ya sólo el horizonte de nuestras “vivencias personales”, es algo diferente a nosotros mismos, algo que nos ha pasado por debajo y por encima y desde entonces está en nosotros y ya no nos pertenece. Es más bien algo a lo que pertenecemos, o sea, a la historia–memoria de nosotros y de todo lo que ha acontecido. Gracias a la ciencia, es fácil ahora descifrar en los primeros primates el enigma que Zaratustra conocía: que el cosmos, así como la historia de cada quien, se oculta; que sólo resulta visible cuando aceptamos la vida tal como es. Los primates también cargaban con su historia–memoria como parte indisoluble de su vida.

En el gran árbol de la vida, una rama de mamíferos nos fascina particularmente, porque pertenecemos a ella: los primates. Su inteligencia les permitía asir las cosas de modo más firme y la posibilidad de que sus ojos midieran las distancias con precisión. La inteligencia de los primates puede superar a una gran parte de los demás animales –si no es que a todos–, ya que los primates pueden solucionar problemas difíciles. Desarrollan instintivamente pensamientos e ideas y construyen relaciones duraderas. Sin olvidar que los primates utilizan ya sus recuerdos (memoria–historia), que se convierten en la base de su conocimiento. Sus instintos se convierten en inteligencia y por lo tanto en pensamientos que los ayudan a lidiar con los muchos desafíos de la vida. Saben dónde buscar y encontrar alimento y tienen buena comunicación entre ellos, ya que emiten sonidos agudos, que se transmiten musicalmente por medio de sus canciones, las cuales viajan muchos kilómetros a través del dosel vegetal proclamando que su territorio les pertenece. Trasmiten sus conocimientos por medio de una comunicación compleja; enseñan a sus crías todo lo que necesitan saber sobre la el complejo mundo de los árboles, las termitas y hormigas; y son capaces de identificar a más de doscientas clases de plantas comestibles, evitando las venenosas. De ahí la importancia de la memoria–historia, porque les da la capacidad de recordar lo aprendido, como parte esencial en su vida, y lo que aprenden se convertirá en habilidades que enseñarán a sus hijos.

También son capaces de usar herramientas, cazar, pescar y muchas otras cosas más. Por medio de sus instintos –que se convierten en pensamientos–, los primates son creativos e innovadores. Los humanos actuales hemos heredado muchos de sus lazos afectivos y conocimientos.

LOS SIMIOS CON SU VOLUNTAD DE RECORDAR Y DE PENSAR:
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LOS INSTINTOS HUMANOS Y
POR LO TANTO DEL PENSAMIENTO
La antropología social da cuenta de la evolución de los instintos humanos, o sea, sus pensamientos, y de la necesidad de una cooperación entre los humanos, que no es otra cosa que una “ética mundial”.
La sociedad, o lo que es lo mismo, el convivir en sociedad, no es un invento del pensamiento humano, sino que llegó a existir por la evolución, como parte de nuestra naturaleza; de ahí la “necesidad de vivir la ética”, y no sólo conocerla.
El comportamiento humano está provocado por motivos muy distintos, algunos muy remotos; de ahí la necesidad de entender la memoria–historia. Ésta, combinándola con el momento que se vive, nos revela el natural egoísmo individual –que se comporta en forma comunitaria ante las necesidades del grupo–: el placer y el dolor, las emociones ante el sufrimiento ajeno, la lealtad como una ayuda para la supervivencia, sin olvidar el medio ambiente que siempre está presente en el pensamiento.

África es la cuna de la evolución de la humanidad. En el bosque vivió el que será el animal más interesante para nosotros, un tipo de primate que muestra las señales de la evolución hacia el ser humano. Lo que más lo acerca a nosotros, no es su cerebro –que sólo es un tercio del nuestro–, ni su piel peluda; es algo que los demás simios no hacen: es la posibilidad de caminar erguidos. A estos primates se les ha nombrado “australopitecus”, y nos anteceden doscientas mil generaciones, que darán como resultado el “increíble cuerpo humano”.

Una de las razones por las que nuestros orígenes se encuentran en África, se debe a que este hábitat, con su mezcla de bosque y sabana, es ideal para el mono que camina totalmente erguido; pero también fue un lugar que los ayudó a desarrollar la comprensión de sus instintos, para convertirlos poco a poco en pensamientos y –después de muchos años– a crear el lenguaje.
Al estudiar a estos primates, lo que nos deslumbra primeramente, es su lenguaje corporal, ya que sus expresiones son entendidas por sus congéneres; apreciando que pueden discutir por ese medio entre unos y otros; provocando divisiones al representar sus instintos pasionales; identificar a sus enemigos –en especial a los de otros grupos de su misma especie–, y tratar de ahuyentarlos usando cualquier medio –en especial con gritos y movimientos de manos–. Por necesidad saben que deben mantenerse juntos, porque entienden la complejidad del ambiente.

Los simios desarrollarán herramientas para hacerse de alimento y eventualmente construirán armas.”

Aprendieron a emitir sonidos para comunicarse; lo que en la evolución se convertirá en palabras, conceptos, lenguaje y medios de comunicación; y que en su momento los ayudó a parecer más peligrosos de lo que en realidad eran. Los simios desarrollarán herramientas para hacerse de alimento y eventualmente construirán armas. Pasaron de ser simples carroñeros a cazadores, pero transcurrirán por lo menos dos millones de años antes de que cualquier simio mantuviera una conversación elemental.

EL INCREÍBLE CUERPO HUMANO: SU CAPACIDAD DE CONCIENCIA,
DE PENSAMIENTO, DE PRODUCIR PASIONES Y SENTIMIENTOS
Cada hueso del cuerpo humano, cada músculo; todo orquestado por miles de millones de células nerviosas y una información genética impresionante; formando combinaciones que hacen de cada persona un ser único. Esos millones y millones de células conforman una máquina humana increíble.

Pero esa máquina no está sola, sino ligada a todas las cosas en el universo y –con mayor razón–, a todos los seres humanos y a la vida en general.
El fenómeno del “tiempo”, lo tenemos que ver desde este “instante”, desde el “ahora”; desde el cual continúa un camino hacia el “aún no ahora” (como voluntad de poder creativa), que hace que desde su naturaleza, el cuerpo sea creativo; todo dirigido hacia el futuro. Y por otro lado, conducir el tiempo para atrás, hacia el “ya no ahora”, hacia el pasado: la historia–memoria (como eterno retorno); “no sólo lo que pasó individualmente”, sino todo lo que ha acontecido en todos los tiempos; o sea, el cuerpo humano es producto de todos los tiempos posibles y de todas las estructuras existentes. De todo esto podemos decir que estamos tan lejos o tan cerca del origen de la vida y de nuestros parientes, los primates erectos.

Es sorprendente ver cómo se coordina el universo, pero para nosotros los humanos es más sorprendente ver cómo se coordina el cuerpo humano; donde un corazón late, el cerebro lanza señales eléctricas, los ojos son capaces de captar todas esas longitudes de onda, almacenar la luz recuperando la información, unir al pasado como memoria–historia, con la posibilidad del olvido. Y todo esto por medio de células diminutas que se comunican internamente y que responden a los impulsos interiores y exteriores de cada cuerpo humano.

Los ojos son hambrientos captadores de luz, pero también de todo lo que está a su alrededor y que incide en los instintos y con más razón en el pensamiento. Son dos esferas gelatinosas que permiten calcular la distancia con respecto a los objetos; dejan ver y rastrear lo que se quiera. En microsegundos los ojos ven, siguen, enfocan procesan imágenes en una fracción de centímetro de largo; pueden reconocer lo que se mueve a cientos de kilómetros por hora; permitiendo evaluar y entender el mundo a su alrededor más que cualquier otro sentido. Los foto receptores convierten la luz en impulsos eléctricos (instintos), antes de procesarlos y enviarlos al cerebro; este último compara continuamente la información nueva con información procesada en la memoria-historia. El sentido de la visión funciona con todo el cuerpo, pero recibe gran ayuda de los micrófonos de los oídos. Los oídos hacen mucho más que oír, dan equilibrio señalando donde se está en cada momento. Como antenas de radar, las orejas canalizan las ondas sonoras en lo profundo del cráneo. Los tímpanos vibran afinados con las frecuencias, distribuyendo las vibraciones en todas las células del cuerpo –por lo tanto estimulándolas–, por lo que podemos concluir que “todo el cuerpo siente”, que todo el cuerpo tiene la “conciencia de que siente”, y lo guarda en la memoria–historia de ese sentir. Lo que a través de la evolución podrá expresar por medio del pensamiento, con la herramienta que ha creado el humano, que es el “lenguaje”.

todo el cuerpo siente”

INSTINTO
Se vuelve importante darnos cuenta que en los seres humanos predominan los “instintos”, que a través de miles de años de evolución, se transforman en lo que conocemos ahora como “pensamiento”; y que en su conjunto podemos llamar como “racionalidad”, siempre que entendamos a esta última como la forma en que los humanos trasmiten los pensamientos, tratando de lograr un entendimiento a pesar de la multiplicidad de pensamientos individuales. Todo esto tomando en cuenta los años de evolución de la humanidad y la enorme complejidad que ha significado. Lo que nos ha diferenciado de otras especies, es la racionalidad vista como una telaraña de pensamientos que se entrelazan en busca del entendimiento humano, pero no nos hace demasiado distintos, como ha pretendido la humanidad.

Si a los instintos no los elevamos a la categoría de pensamiento, los estamos reduciendo a un simple “sentir”, que puede ser de placer o de dolor. Pero si a los instintos los unimos con el conocimiento que tenemos acumulado en el pasado –no sólo individual, sino también social– de acuerdo a la experiencia de cada quien, formaremos pensamientos, y estos tendrán la posibilidad de ser comunicados por medio del lenguaje. En cualquier caso, estamos actuando conscientemente de acuerdo a nuestro cuerpo y a nuestros conocimientos.

Este círculo virtuoso representado por la conciencia”…

CONCIENCIA = CONOCIMIENTO
La conciencia la podemos interpretar como el cúmulo de estímulos, sensaciones y ondas, y de una cantidad importante de otras cosas que se van agregando al cuerpo humano y que se impregnan como memoria–historia; y que al sentirlas se introducen al cuerpo provocando los instintos, que serán el conjunto de las vivencias de cada quien.
La red neuronal que se une a todas las células que integran al cuerpo humano, formando enlaces ante los estímulos recibidos –interior y exteriormente–, conforma junto con la memoria–historia, la realidad presente para el individuo. “Este círculo virtuoso representado por la conciencia”, nos muestra la complejidad del mismo por el dinamismo del devenir creativo de todo cuerpo humano. De esta forma la conciencia aparece como la capacidad cognitiva, que permite a los seres humanos y a la vida en general, percibir de manera más profunda la entidad de su existencia y la circunstancia que lo rodea.

La memoria–historia (como un eterno retorno) se tendrá en forma de recuerdos, incluyendo toda la carga emocional de que están compuestos, y que al llevarlos al momento presente, los traducimos como sentimientos y pasiones.

El SONIDO, EL INSTITO, LA CONCIENCIA, EL PENSAMIENTO Y EL LENGUAJE
En todo lo relacionado con la conciencia, la voz humana juega un papel importante, ya que es un instrumento asombrosamente versátil, pero vulnerable. Se origina en las cuerdas vocales, donde se aprecia con claridad la voluntad de poder creativa del cuerpo humano. En ellas se pueden apreciar fuerzas de colisión y tención, difícil de percibirse en otra parte del cuerpo. Cada vez que exhalamos, expulsamos aire a través de nuestras dos cuerdas vocales membranosas. Cuando las juntamos, vibran. Estás vibraciones producen sonidos de un modo muy parecido a la cuerda de una guitarra después de tocarla. Los músculos abren y cierran las cuerdas y cambia el tono del sonido. Durante las notas graves las cuerdas están flojas y vibran más lentamente. Pero para los sonidos agudos, las cuerdas se estiran hasta el límite y vibran prácticamente fuera de los gráficos que podemos observar. La garganta, la boca, la lengua, la nariz –como elementos principales, sin que deje de actuar todo el cuerpo–, son los que le ponen sello al sonido humano, que permitirá –a través de miles de años– transmitir los instintos convertidos en pensamientos por medio de la creación de palabras, conceptos, lenguaje y medios de comunicación en búsqueda del entendimiento humano.

La creatividad es también la forma que nos hace sobrevivir y mantenernos ante lo extraño del mundo y de los otros.”

PENSAMIENTO = LENGUAJE
Comprendiendo en forma general al increíble cuerpo humano, entraremos en la etapa de entender ¿qué es el pensamiento?, ver la importancia de éste para comprender la conducta humana a través de los tiempos, y ver si la humanidad requiere de asumir una ética de vida en busca del bienestar general, o si desea seguir por el camino en que nos encontramos, que está provocando la posible destrucción de la raza humana y de su hábitat.

Como habíamos dicho anteriormente, nuestro objetivo es considerar al pensamiento desde el reconocimiento de “su creatividad”. Afirmamos que el pensamiento es creativo en consonancia con el cuerpo con vida, porque transforma, produce y ubica en la realidad novedades antes no imaginables para los otros; es entonces cuando nos acercamos a la “libertad de la humanidad”, cuando fundamentamos nuestra propia capacidad, convertida en pensamientos. La creatividad del pensamiento se refleja cuando el humano logra vencer las dificultades que se le presentan, cuando supera los obstáculos. La creatividad es también la forma que nos hace sobrevivir y mantenernos ante lo extraño del mundo y de los otros.

Pero es importante recordar que el pensamiento humano “no sólo representa el presente” de cada individuo, sino que se fusiona con el pasado como memoria–historia, como el cúmulo de experiencias tanto individuales como sociales que serán el conocimiento de cada quien. Cada identidad tendrá el conocimiento acorde con sus interacciones, de ahí que nos preguntemos:

¿COMO TRASMITIR EL PENSAMIENTO?

Hemos manifestado que se produce sonido en el cuerpo humano al traducir las vibraciones vocales en una frase o una melodía, con ayuda de la garganta, la boca, la lengua, la nariz y de todo el cuerpo; que el ser humano –a través de miles de años– convirtió aquello en un complejo sistema de comunicación que ahora llamamos lenguaje, que se compone de palabras, conceptos y reglas gramaticales.

Todo este trabajo milenario, se ha topado con un gran inconveniente, que el humano ve restringida la transmisión de sus pensamientos por este sistema de sonidos y lenguaje, ya que guarda dentro de su estructura corporal todo su conocimiento; que se compone de sus múltiples vivencias, pasadas y presentes y con la posibilidad de un futuro, y sólo es capaz de transmitir una pequeña dosis de su pensamiento, con la posibilidad de que éste sólo se pueda “interpretar”. Pero si sólo se puede transmitir una pequeña parte del pensamiento de cada persona por las limitaciones del cuerpo humano, éste guardará casi íntegra la memoria–historia, como eterno retorno; lo que le permite la “privacidad”, pero también la posibilidad de “guardar secretos”; y lo más impactante en la conducta humana: la posibilidad de “manipular el pensamiento” y decir “mentiras”, deporte histórico de la humanidad.

PENSAMIENTO, LENGUAJE, MENTIRA
Pensadores tan importantes como Nietzsche, Darwin o Chomsky, han sostenido que el lenguaje es un instinto más de la naturaleza humana. Pero lo que aquí manifestamos, es que el lenguaje no es un instinto, sino un provocador de que se produzcan instintos en los humanos y en la vida en general. Y estamos de acuerdo con Heidegger, Gadamer o Darrida, en que el lenguaje debe ser una de nuestras preocupaciones fundamentales, pero también estamos de acuerdo con Darwin en cerrar las puertas a todas las explicaciones del lenguaje de corte “trascendente”: o sea, analizar al lenguaje desde la metafísica, debiendo considerarse fructífero ver al lenguaje como una adaptación evolutiva, y que ha habido un período de entre cinco y siete millones de años en el que el lenguaje habría evolucionado gradualmente.

LENGUAJE
Hay que tener presente que “el lenguaje está cargado de pensamiento”, y por lo tanto, cada palabra o concepto conserva el pensamiento de la persona que desea comunicarse con los otros; sin olvidar que la persona o personas que reciben la comunicación, sólo podrán interpretar de acuerdo a su pensamiento, las intenciones recibidas.
El humano no sólo gesticula. Gestos y movimientos poseen significación, que tratan de indicar algo, o expresar emociones o representaciones. Los humanos hablan con la voz, las manos, el rostro, o sea con el cuerpo; convirtiéndose muchas veces el lenguaje en signos representativos del pensamiento, tratando de fijar significados precisos y únicos; y la gramática se convierte en lógica, todo como el gran esfuerzo humano para tratar de entenderse.

No cabe duda de que el humano al tratar de transmitir sus pensamientos, buscando una forma de entendimiento entre unos y otros por medio del lenguaje, se ha creado a sí mismo. El humano es una metáfora de sí mismo. Sin olvidar que la palabra no es idéntica para todos, ya que entre cada ser humano y las cosas y, más hondamente, entre un humano y otro, se interpone la conciencia de cada quien.

Las palabras y los conceptos indican o designan, son nombres que están cargados de pensamiento y de la interpretación de cada quien; también son respuestas instintivas o estímulos materiales o psíquicos. Pero la fuerza creadora de la palabra reside en el humano que la pronuncia, el humano pone en marcha el lenguaje. El pensamiento no desaparece, simplemente cambia de dirección.

Al comunicarnos con palabras empieza la compleja “telaraña de pensamiento social” que se representa por medio de las “pasiones y los sentimientos”; dando lugar a que existan los filósofos, oradores y literatos que escogen sus palabras para transmitirlas a la sociedad, con el deseo de que se unan a su forma de interpretar al mundo, ya que todo lenguaje es comunicación.

Las palabras y los conceptos indican o designan, son nombres que están cargados de pensamiento y de la interpretación de cada quien.”

PENSAMIENTO, LENGUAJE, PASIÓN, SENTIMIENTO
La “conciencia” como el conjunto de conocimiento por medio de la memoria–historia de cada ser humano, se “involucra” con las otras conciencias de formas muy complejas: familiar, comunitaria, nacional, deportiva, religiosa, de estatus, política, económica, y de otras múltiples formas. Dando lugar a lo que entendemos por emociones, sentimientos y pasiones.
Llamamos “pasiones” a las inclinaciones o tendencias de gran intensidad que proceden de la “voluntad creativa humana”, que serán reflejo de los sentimientos, que tratan de proceder “con su poder” a conseguir los objetivos que las provocaron. Los celos, el odio, el amor, la venganza, tienen carácter pasional cuando la intensidad del cuerpo humano se escapa al control de la voluntad, que dificulta mantener una vida coherente o social. Las pasiones, al igual que otros procesos afectivos, producen cambios psicológicos de cierta importancia en la persona que las experimenta. Ésta, sufre una cierta deformación en sus ideas, de modo que sobrevalora todos aquellos contenidos que están de acuerdo con la pasión; los que están en desacuerdo quedan automáticamente eliminados, o cuando menos, permanecen indiferentes. Aquí podemos recordar al filósofo griego Empédocles, que dijo que el hombre siente placer o dolor: todo aquello que es semejante al cuerpo produce placer y lo que difiere, produce dolor.

El “sentimiento” es el resultado de una “emoción”.”

El “sentimiento” es el resultado de una “emoción”, reflejo de la conciencia o conocimiento, que nos puede hacer felices o infelices, siempre partiendo de la interpretación individual de lo que entendemos por felicidad. Pero en ninguno de los dos casos se podrá mantener un sentimiento permanentemente, por lo que habrá variaciones en el tiempo en cualquier sentido.
Los sentimientos y las emociones nos permiten tomar conciencia del medio en el que vivimos, sea agradable o desagradable.

LA MENTIRA
Como anteriormente lo hemos manifestado, el conocimiento, los pensamientos, las pasiones, los sentimientos, las emociones, no se pueden comunicar en su totalidad, porque el cuerpo humano no tienen la posibilidad de transmitir la conciencia de cada individuo, sino que sólo podemos trasmitir una parte de lo que somos, y lo hacemos por medio de la garganta, la boca, la lengua, la nariz y en sí, del cuerpo en general.

Esta situación fisiológica que tiene el cuerpo, también tiene sus ventajas, ya que los seres humanos pueden disfrutar de su individualidad, siempre que se considere que no estamos solos y que dependemos de los otros, y también del medio ambiente en que se vive. Lo que nos permite –entre otras cosas– hacernos responsables de nosotros mismos y guardar secretos por medio de nuestra privacidad. Pero “no todo es miel sobre hojuelas”, ya que la posibilidad de guardar secretos, ha dado lugar a manipular el pensamiento humano y decir “mentiras” que se alejan de la realidad y la verdad de los acontecimientos.

La mentira es real, ya que produce efectos en este mundo y se convierte en el acto más egoísta que puede existir, porque se le oculta deliberadamente algo de la realidad a otros seres humanos. La mentira afecta, y dependerá de la afección, el daño que causa; de ahí que existan mentiras piadosas o mentiras que dañen a la sociedad en general.
La historia de la humanidad está plagada de actos inocentes, ante el desconocimiento de la naturaleza, pero también de “mentiras” que han sumido a la humanidad en una realidad histórica que es “la falta de bienestar para la gente”; cuyas consecuencias las estamos palpando en el siglo XXI, al vivir en un mundo caótico y violento que nos puede llevar a la extinción de la especie humana.

LA MEMORIA–HISTORIA
COMO ETERNO RETORNO
¿Cómo puede entenderse que a través de su historia, los humanos hayan soportado a tantos tiranos, ladrones, filósofos, sacerdotes, políticos y economistas, si no tienen otra fuerza que la que los humanos les han dado? ¿Será cierto lo que dijo Einstein de que la estupidez humana es tan grande como el universo?
O tenemos que aceptar que la humanidad todavía se encuentra en su juventud y apenas estamos empezando a tener conciencia de lo que es la vida y el universo.

tomando conciencia de lo que significa su memoria–historia, como un eterno retorno, para que no se olviden las experiencias que han llevado a la humanidad a la imposibilidad de comunicación entre unos y otros. Porque prevalece entre nosotros el egoísmo, la avaricia, la mentira y el alejamiento de las necesidades de los otros.

Filósofos comprometidos con el bienestar humano, han buscado las causas de los pensamientos dominantes que ha tenido la humanidad en su experiencia histórica; que han marcado la conducta humana históricamente y que hasta ahora –en el siglo XXI– se puede palpar que no han resuelto los ideales de justicia que ha soñado la gente a través del tiempo.

LA METAFÍSICA
Aristóteles definió la Ontología como el estudio del “Ser” en cuanto “Ser”; estudio que está muy cerca –o en el mismo nivel– de la Teología y la Metafísica.
No cabe duda que el pensamiento metafísico, históricamente ha hechizado a la humanidad. O como diría un profesor mexicano: ha “agandallado” al imaginario colectivo. Un simple verbo: el del “Ser”, ha llevado a la humanidad a aceptar los pensamientos ontológico homogéneos preestablecidos que imponen la noción de “centro” (faraón, rey, Dios, Papa, presidente, jefe, poder, pecado). Esto ha dominado el pensamiento Occidental y nosotros pensamos que sobre todas las cosas”. El hombre, tal como se mueve corrientemente, ignorando los ámbitos y los grados del auténtico pensar, necesita esa danza y necesita el palabrerío, y Zaratustra se alegra de ello; pero también sabe que es una apariencia, que ese jardín no es el mundo- “el mundo es profundo-: y más profundo de lo que nunca se pensó el día” 94… “Y sin embargo hay allí un choque. Pero sólo para quien no se queda en observador sino que es el mismo el instante, instante que actúa adentrándose en el futuro y, al hacerlo, no abandona el pasado sino que, por el contrario, lo asume y lo afirma. Quien está en el instante está girando en dos direcciones: para él, pasado y futuro corren uno contra otro” 95. Los humanos sienten desde su interior y pueden tomar sus propias decisiones, al ser parte del mundo, lo viviente y lo no viviente, entrelazados en una conexión en devenir 96, pueden también estar en la verdad como modo de vida 97, una vida llena de movimiento, de posibilidades, con su derecho al devenir, elevando su libertad y su responsabilidad, llevándola de este modo más allá sí 98. Nos dice Nietzsche que esa condición somos nosotros mismos, con la posibilidad de ser señor de nosotros, llevando la libertad hasta el límite, donde está la libertad de los demás. Así, en el Zaratustra, “En las islas bienaventuradas” se dice99: “…Os enseño la redención de el eterno fluir: el río retorna siempre así en su fluir, y vosotros, los mismos, descendéis siempre en el mismo río” 100. Los humanos ya no son seres encadenados pues de esta forma se han convertido en seres capaces de decidir por su propio juicio, con la posibilidad de labrar su propio destino, para bien o para mal.

Al pensamiento, producto del trabajo milenario humano, se le debe de dar el reconocimiento de la influencia que significa para la conducta humana y la de cada ser humano.
El cuerpo humano es constitutivamente pensamiento –como lo hemos visto a través de este seminario–, que se relaciona con todo nuestro alrededor. Hemos construido nuestra historia con pensamientos que no han sido acordes con la realidad, pero también podemos transformar hacia otros rumbos los pensamientos; posiblemente para lograr los anhelos que comparten las mayorías y que no pueden ser otros que los que estén a favor de la vida y del bienestar de toda la sociedad.

Un intento majestuoso donde el pensamiento no se encuentre enajenado por prejuicios u órdenes mayores que le impidan avanzar. El pensamiento por lo tanto es una “capacidad creativa” que puede cambiar el entorno con una “ética responsable”, donde se radicalice sin violencia. No sólo pensar en uno, sino la necesidad de pensar en los otros como parte de uno, que incluye a los otros humanos y por supuesto a todo lo que contiene el planeta Tierra y más.

Pensar un mundo menos caótico y violento como el de nuestros días, es tener la esperanza de evitar la extinción de la especie y la razón humana; porque podemos cambiar las cosas. De ahí la necesidad urgente de pensar en una ética global que ofrezca una mejor calidad de vida.
Debemos encontrar una tras valoración que sustente a la humanidad en su diversidad, en una actitud moral que respete a todos, que cuide a todos, “tomando la existencia humana en serio”, con una visión de convivencia entre los humanos. Porque cada uno de nosotros tiene una dignidad inviolable e inalienable, que nos obliga a aceptarnos como humanos, aceptando que de nosotros mismos depende el mundo y su funcionamiento, más allá de todos los males que hemos engendrado “por medio del pensamiento”.

…podemos cambiar las cosas. De ahí la necesidad urgente de pensar en una ética global que ofrezca una mejor calidad de vida.”

Leave a Reply