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La existencia y la trascendencia en Jesús de Nazaret y Friedrich Nietzsche
12
Jul

La existencia y la trascendencia en Jesús de Nazaret y Friedrich Nietzsche

Reflexionar sobre la existencia y trascendencia en Jesús de Nazaret y Friedrich Nietzsche en el siglo XXI podría parecer una blasfemia, pero es importante hacerlo puesto que ambos son personajes decisivos tanto para la cultura occidental como para la oriental. Los dos han sido deformados y desfigurados a través de la historia; y sin embargo han sido modelo, fuerza y esperanza para muchas generaciones.

La noción de existencia se aplica a las “entidades existentes”, a “lo que está ahí”; por lo tanto sería difícil “no” aseverar que los dos siguen estando presentes por medio de su compromiso y pensamiento; o como lo diría Aristóteles, los dos existen como sustancia, ya que siempre se está diciendo algo acerca de uno o del otro. Por otro lado, los dos han trascendido, porque han atravesado o traspasado los límites del tiempo; o en palabras de Heidegger: “estar–más–allá–de–sí”, del “Dasein”, pero no como algo superior, como es el caso de Jesús cuando se le considera como Dios (algo que “está más allá”, en un mundo metafísico), sino como algo inmanente, porque a los dos les interesaba “la vida”, a la cual dedicaron sus actos y sus pensamientos.

En la filosofía nietzscheana toda acción del pensar se vuelve un acto de interpretación. Nuestra intención aquí es hacer una interpretación de Jesús de Nazaret y de Nietzsche uniendo las aportaciones más significativas de ambos, con el objetivo de que orienten a la humanidad; y no pretendemos realizar una crítica en favor o en contra con el sólo objeto de crear una discusión estéril llena de erudición, recordando al famoso filósofo sevillano David Pastor Vico que dijo: “para hacer hermenéutica cualquier papagayo es bueno”.

Para comenzar, consideremos que Nietzsche recibió una profunda educación religiosa, huella que dejó reflejada en su carácter y en sus investigaciones.”

Para comenzar, consideremos que Nietzsche recibió una profunda educación religiosa, huella que dejó reflejada en su carácter y en sus investigaciones; y él mismo aseveró que: “De pequeño vi a Dios en su gloria” 1. Su formación de juventud estuvo dominada por una religiosidad que se basaba en la relación directa del individuo con la divinidad, y esa perspectiva lo encaminó hacia aventuras espirituales en la meditación sobre Dios, la naturaleza y los hombres2.

Diferente suerte corrió Jesús de Nazaret, ya que el documento más antiguo que habla de él en el mundo judío, define a Jesús como “un bastardo, hijo de una adúltera” 3. Sus parientes lo consideraron un verdadero estorbo para ellos, “Ni tan siquiera sus hermanos creían en él”, como lo escribió Juan en su Evangelio4. “Sus mismos parientes fueron a capturarlo, pues decían: está fuera de sí”, escribe Marcos en su Evangelio5. Conocido por la gente como “un comelón y un borracho”, que no frecuentaba a las personas que le había correspondido tratar desde su estatus de Hijo de Dios o de Mesías6.

Pero a pesar de todos estos inconvenientes su relación con el Padre, en vez de “con los padres” de Israel, permitió a Jesús guardar distancia del mundo cultural judío en el que había crecido y había sido educado, lo cual lo introdujo en la historia universal, con una propuesta que no sólo se dirigía a un pueblo elegido sino a toda la humanidad7.

Parecería que las experiencias de Jesús de Nazaret y de Nietzsche fueran un continuo a lo largo de sus vidas, pero cada uno de ellos transformó esas experiencias en propuestas novedosas. Nietzsche dijo: “Dios, ¿por qué me has dado este corazón, que me llena de dicha y de gozo al ritmo de la naturaleza?” 8. Y Jesús de Nazaret no se movió en el ámbito de lo sagrado, lo ignoró en su vida y en sus enseñanzas, pero deseaba develarlo para mostrar la podredumbre de sus raíces9; tarea que también asumió Nietzsche en su propuesta de nihilismo pasivo.

El crimen de Jesús de Nazaret y de Nietzsche fue el de intentar abrirnos los ojos, mostrando el reino desnudo de lo que a ellos se presentó como religión; la cual estaba alejada de las acciones, comportamientos y sentimientos que el hombre y la mujer necesitan tener para con su Dios, como por desgracia aún sucede en la actualidad10. De ahí el parágrafo 125 de la Gaya Ciencia de Nietzsche sobre la muerte de Dios, siendo el asesino el dios dinero: el verdadero Dios que ha existido para la humanidad, que se exhibe con la entrada del “loco” (Jesús de Nazaret); advirtiendo que nosotros –como humanidad– hemos sido responsable de la muerte de Dios, por lo que de ninguna manera se puede considerar a Nietzsche como el asesino de Dios.

Bajo una interpretación propositiva, se puede encontrar en el Evangelio de Marcos la propuesta libertaria de Jesús de Nazaret a favor de la humanidad, y que Nietzsche propone también con su filosofía y su explicación del nihilismo: “Aquellos que figuran como jefes de las naciones, las tiranizan; esos grandes ejercen el abuso del poder sobre ellas” 11. De ahí que los dos resulten vencedores, porque orientan su vida asumiendo un “Sí a la vida”, ya que ésta es más fuerte que la muerte y la verdad más eficaz que la mentira12.

De ahí que no sea extraño que la persona y figura de Jesús de Nazaret y de Friedrich Bajo una interpretación propositiva, se puede encontrar en el Evangelio de Marcos la propuesta libertaria de Jesús de Nazaret a favor de la humanidad, y que Nietzsche propone también con su filosofía y su explicación del nihilismo.

Bajo una interpretación propositiva, se puede encontrar en el Evangelio de Marcos la propuesta libertaria de Jesús de Nazaret a favor de la humanidad, y que Nietzsche propone también con su filosofía y su explicación del nihilismo.”

Nietzsche despierten una admiración especial, sobre todo si se presentan como liberadores y críticos de las instituciones opresoras de la humanidad. Nietzsche nos dicen respecto del nihilismo pasivo:

“Ese nombre debe hacerse ahora explícito, ya que es con el que debemos vérnoslas laicos y religiosos, creyentes y no creyentes, afirmadores de verdades absolutas y relativas. Es con el nihilismo que debemos vérnoslas, ya que ése es el nombre que resume la crisis de la modernidad. El nihilismo, la decadencia, la desarticulación de los valores, son estados de ánimo que han impregnado nuestro espacio mental y han modificado profundamente nuestro comportamiento” 13. Por su parte Jesús de Nazaret anuncia “La caída de las estrellas” 14. Y el profeta Isaías nos dice en su libro: “¡Cómo es qué has caído del cielo, estrella de la mañana!”, como una sátira hacia el rey de Babilonia15. Fuerzas que se presentan como divinidades y que pretenden usurpar el pueblo de Dios Padre, el único, “que está en el cielo” 16.

En el lenguaje bíblico las estrellas representan a los reyes, llenos de orgullo por su poder, y quienes se arrogaban el rango de dioses; que se convierten en fuerzas que se oponen a la fuerza vital, principio y fin tanto para Jesús de Nazaret como para Nietzsche. Para hacer filosofía sin Dios o sin estrellas –siguiendo a Nietzsche–, debemos renunciar al conocimiento de las cosas entendidas como algo que se determina e inmoviliza a partir de aquellos que ejercen el poder, ya sea religioso, político, económico, filosófico o científico, y que pretenden que sus decisiones sean aceptadas como la Verdad. Nietzsche niega cualquier carácter ontológico o metafísico que pueda ser atribuido como Verdad y que pase por alto la libertad humana, pues siempre tenemos la posibilidad creativa de legislar la vida, reconociendo que ésta también se encuentra inmersa en un permanente devenir.

Llamamos “Poder” a las estructuras que expresan un modelo ontológico.”

Se busca que la humanidad rebase la simple representación de la Verdad –que reduce las posibilidades de libertad deseables para los seres humanos–, donde la expresión misma de la gente no se encuentre infectada por alguna autoridad regida por un principio jerárquico que custodia esa aparente Verdad. Se busca una filosofía sin suelo firme que no se atreva a afirmar que “todo se vale”. Renunciar a la Verdad con mayúsculas y a toda pretensión veraz que funcione como una imposición o como un dominio del pensamiento, porque sabemos que hemos sido engañados y que rechazamos la mentira fabricada por los procesos de poder. Ese rechazo nos acercaría a las funciones comunes que acontecen en la vida diaria, aceptando la complejidad que conllevan la vida y la libertad para que la humanidad busque resolver sus problemas.

Llamamos “Poder” a las estructuras que expresan un modelo ontológico, es decir, cerrado, que se refiere a los diversos estratos sociales que él mismo convoca. “Ese centro tiene a su vez una periferia propia” 17; es decir, el Poder tiende a imponerse como la referencia fundamental desde donde se determina su Verdad, en favor de obligar a la gente a reducirse en beneficio del mismo, y extiende sus redes para captar dentro de su estructura a todos los individuos posibles. Jesús de Nazaret –desde su fe– hablaba del Padre, lo que se entiende como Dios; pero al igual que Nietzsche, no se conforma, no se reconcilia con lo que se presenta a su alrededor, sino que está en permanente conflicto con esa realidad. No nos referimos solamente al conflicto con los dirigentes políticos o religiosos que lo llevó al patíbulo; sino al conflicto con los resultados, siempre a favor de unos cuantos en perjuicio de las mayorías. Para él, la realidad que vive el mundo puede y debe cambiar. Jesús de Nazaret no se instala cómodamente en la tradición, ni mira al pasado con añoranza por haberlo perdido, sino todo lo contrario; Jesús mira al futuro porque cree en el Dios de la esperanza, de ahí que anuncie otra realidad, que desde el punto de vista evangélico y teológico tiene el nombre de “La utopía del Reino de Dios”18

Jesús de Nazaret no se instala cómodamente en la tradición, ni mira al pasado con añoranza por haberlo perdido, sino todo lo contrario.”

Resulta importante hacer ver que Jesús es el evangelista, el que transmite la buena noticia de liberación, pero no es un teólogo dogmático. El dogmatismo cristiano comienza cuando éste asume la filosofía griega,es decir, cuando hace una síntesis y se queda sólo con la perspectiva de Atenas, haciendo a un lado la memoria histórica y peligrosa, subversiva de Jerusalén. Omite pues, las acciones de vida de Jesús de Nazaret, y con esto se dio paso al dogma, relegando la primacía del Evangelio, que transmitía la buena noticia de liberación a los pobres y excluidos, y que nunca hace alianza con el Poder.

Jesús de Nazaret se acercó a la gente con paciencia y humildad, pero queda claro que de esa paciencia pasó a la rebeldía contra el orden establecido, ya que él mismo era un judío creyente que vivió su fe con un sentido analítico, el cual lo convirtió en uno de los críticos más furibundos contra la religión. Posiblemente su crítica fue aún más severa que la realizada por Demócrito y Epicuro, y desde algún punto de vista, más fuerte que la que encontramos en Marx o Nietzsche. Podemos hacer estas afirmaciones apoyados en los propios Evangelios, de los que se desprende que los fundamentos de la religión son cuestionados de manera radical, cuestionando la ley en la medida en que se ha alejado de servir a la libertad y la dignidad humana19, pero esta lectura de los Evangelios se debe hacer sin glosa, como nos lo recomienda Tamayo.

Por su parte, Nietzsche está consciente de que nos encontramos “bajo la sombra de Dios” y propone nuevas religiones que sustituyan a aquellas viejas y dogmáticas, que han mantenido la centralidad de los valores establecidos y el egoísmo de las estrellas20, para abrir nuevos horizontes. Así, Dios que está más allá y que precede al mundo, se disuelve en la inmanencia de este último, para abrir la posibilidad de luchar por otra manera de valorar, asumiendo la realidad humana21. Pero también dice que cabe la posibilidad de continuar negando la muerte de Dios y de no mirar la realidad en que vivimos, para permanecer con los ojos vendados, enemistados con la vida22.

Jesús de Nazaret ha quedado prisionero a la sombra del poder, por lo tanto del Dios dinero. De modo que la propuesta es liberarlo de ese poder dirigido por las estrellas, y que es contrario al Evangelio. Porque es una contradicción recluir a Jesús dentro del ámbito de un poder que se opone a su mensaje, cuando necesitaríamos ubicarlo en el mundo de la marginación, que es el lugar social y natural de Jesús23. Ya que él es el liberador, como lo asevera Isaías cuando dice: “He venido a liberar a los oprimidos, a dar libertad a los cautivos” 24. Para Jesús de Nazaret el gran problema político es el sometimiento de los que callan, de los que soportan, los que se vuelven cómplices por su pasividad, con el objeto de no complicarse la vida, prefiriendo ponerse de parte de los que pueden ayudarlos a mejorar su posición social25.

Jesús de Nazaret entró en el templo gritando, aseverando que habían convertido al templo en una cueva de bandidos. Él no fue sacerdote, pero sí entró en conflicto con ellos, porque la religión era para el pueblo.

De ahí que se pueda afirmar que Jesús de Nazaret era laico26. Jesús de Nazaret no tiene un proyecto político para movilizar a las masas, pero indudablemente genera repercusiones políticas para su tiempo y para la actualidad, ya que cuestiona radicalmente al poder –no solamente religioso, sino también al poder político–, debido a que los poderosos estaban humillando y explotando al pueblo, de la misma forma que lo podemos palpar en la actualidad. De ahí que propongamos siempre que la Iglesia realice un examen de conciencia, es decir, hacemos una invitación para que retome los Evangelios; ya que cualquier persona que lea la Biblia, descubrirá que en ella no existen especulaciones sobre el ser de Dios –producto del pensamiento metafísico griego–, sino relatos de los acontecimientos históricos de Jesús de Nazaret, en los que la conducta y el comportamiento humano se dirigen a favor de los marginados27. Lo más poderoso que nos dejó Jesús de Nazaret fue la fuerza del cambio; una convicción que genera un comportamiento en favor de toda la humanidad y no de un pequeño núcleo de personas, mismo que no se ha mezclado con el pueblo como lo hizo el propio Jesús28.

Nietzsche nos recuerda que el hombre contemporáneo se encuentra en una situación de incertidumbre y precariedad29; y por su parte, Pascal –en los umbrales de la edad moderna– formula en términos claros el desarraigo metafísico de la humanidad, esto es, que la humanidad no ha encontrado respuestas ni resultados a través de los poderes históricos, tanto religiosos como políticos, filosóficos, económicos e incluso científicos; de ahí que el nihilismo se introduzca en el diario acontecer humano.

Dicho de otro modo, los valores supremos que han dado dirección a la vida humana se están desvalorizando.”

Cristianismo – Nihilismo

Se puede afirmar que tanto en el pensamiento filosófico como en la vida cotidiana de los seres humanos, existe el interés por descubrir “por qué” las instituciones emblemáticas que han acompañado a la humanidad (sean religiosas, económicas o financieras), han sido incapaces de responder a las solicitudes que les plantea la sociedad. Lo que nos orilla a cuestionarnos el “para qué” de estas instituciones. Dicho de otro modo, los valores supremos que han dado dirección a la vida humana se están desvalorizando, lo cual en términos de filosofía, no es otra cosa que el advenimiento del nihilismo30.

¿En qué ha beneficiado a las mayorías la fe en dioses, reyes, faraones, emperadores, magnates y sacerdotes que han abundado en la historia y las utopías humanas? El sentimiento mayoritario es que dicha fe sólo ha originado el caos que estamos viviendo en el siglo XXI, y que no corresponde a lo que la humanidad realmente ha añorado: la realización más libre y más completa del individuo, la felicidad más posible y la solución de todos los problemas sociales; algo que no se ha planteado como una mera ilusión para el futuro, ni como porvenir, sino que se requiere que se realice hoy mismo, o a más tardar, mañana o pasado mañana31.

Nietzsche identificó el origen del nihilismo en Sócrates y en Platón, pero es en el cristianismo y en la reformulación de la vida de Jesús de Nazaret donde se debe de ubicar el origen del sentimiento nihilista que ahora está viviendo la humanidad. Esto no había sido identificado debido a las interpretaciones y definiciones dogmáticas que se han hecho sobre los Evangelios, los cuales han dejado a un lado la figura del Jesús histórico32. Jesús de Nazaret posiblemente se hubiera opuesto con energía a que se le considerara como una divinidad semejante a su padre (el verdadero y único Dios para él), y a la merma de carácter humano de su vida. Cristo no es Jesús de Nazaret, Cristo es una interpretación de lo que se entiende por Jesucristo y que los estudiosos del crucificado tratan de explicar por medio de los dogmas fundamentales del cristianismo, olvidando generalmente la vida comprometida con los desposeídos que Jesús de Nazaret marcó con el ejemplo33.

En el Evangelio de Marcos34, Jesús nos habla de que los letrados (para nosotros los representantes de la Iglesia), dan claras muestras de ostentación, de su necesidad de reconocimiento público y de reafirmación de su “dignidad”; usan ropas caras, son felices cuando son reverenciados y les agrada que los vean orando, pero todo eso sólo es apariencia ya que como dice Jesús en el mismo Evangelio35: “devoran las casas de las viudas”, se dedican simple y llanamente a la corrupción; y más aún, en el Libro de Isaías36, Jesús declara malditos a quienes hacen de las viudas su botín y despojan a los huérfanos.

Con datos como los anteriores –extraídos de los Evangelios– el nihilismo nos vuelve conscientes del prolongado despilfarro de fuerzas, como nuestra propia vergüenza por habernos estado engañando durante demasiado tiempo; ya que el verdadero sentido que Jesús de Nazaret quiso darle a su vida, era el de encontrar la armonía en las relaciones entre los seres humanos, así como el acercarnos a un estado de felicidad universal sin dejar a un lado la fe en el Padre37.

Para Jesús de Nazaret las autoridades –no sólo religiosas– estaban desacreditadas (como lo han estado en todos los tiempos y lo siguen estando en el siglo XXI). No le merecían ningún respeto ya que no buscaban la solución a los problemas de la gente, lo cual era lo que Dios les pedía. Jesús no les creía (como muchos no les creemos en nuestros días), porque su autoridad carecía de credibilidad y sin credibilidad es imposible que puedan considerarse representantes de Dios o de la gente, cuando en sus vidas sólo son emisarios de los poderes del mal38, pues sólo son figuras del poder y de la ambición de poder39.

El padre de Jesús era un dios de amor, a favor de la gente y en especial de los desposeídos. La gran paradoja del Dios cristiano es que se encuentra lejos de la gente, y cuando la gente quiere recurrir a él sólo por la ilusión puede dar testimonio de que Dios escucha, pero en el día a día –cuando se le pide ayuda– es difícil encontrarlo; la realidad es que la gente se las arregla por sí sola y la fe se convierte en mera consolación y resignación ante la cruda realidad, desde donde Dios sólo es solidario a la distancia40. “El Dios que nos deja vivir en el mundo sin la hipótesis del trabajo de Dios, es el mismo al que nos hallamos constantemente. Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios… Dios es impotente y débil y sólo así está Dios con nosotros y nos ayuda”41.

Lo que reúne en forma incuestionable a Jesús de Nazaret con Friedrich Nietzsche es lo que sucedió en el templo, cuando Jesús afirmó enfáticamente que los dirigentes religiosos habían convertido la “casa de oración” en una “cueva de bandidos” 42, y que Nietzsche recreó en el famoso parágrafo 125 de la “Gaya Ciencia”, cuando el loco, refiriéndose a Jesús de Nazaret, irrumpe ante los presentes manifestando a gritos que Dios había muerto y los que lo habíamos matado éramos nosotros mismos. Estos relatos han impresionado la vida humana y sus consecuencias se están reflejando claramente en el siglo XXI, ya que el verdadero Dios humano, es el Dios mamón, puesto que el único Dios realmente venerado no es otro que el Dios dinero. Lo que El nihilismo sobreviene cuando nos damos cuenta de que todo acontecer en la vida se reduce a una totalidad representada por Dios o por otra autoridad, ya sea por un acto de fe o por amor al dinero; cuando las fuerzas creativas de la vida se vuelven sumisas ante la admiración y reverencia por las definiciones dogmáticas de los representantes de la Iglesia o los dictados de leyes económicas que sólo benefician a unos cuantos43. Esta sumisión de las mayorías ha provocado una fuerte dependencia ante todo lo que les resulta infinitamente superior, ya que lo aparentemente superior (Dios, emperador, presidente, economía y dinero), exigen la entrega total de los individuos, provocando que el rebaño –como lo dijo Nietzsche, o para nosotros, las mayorías –, pierda la fe en sí mismo y en sus semejantes. Hablamos pues de una carencia de valores que se refleja en la vida cotidiana en el siglo XXI44.

Con visiones diferentes pero que se pueden conjugar, Nietzsche y Jesús de Nazaret nos invitan a darle un cambio radical a la vida humana, en el que podamos modificar la situación en la que se encuentra la humanidad buscando una tras valoración que permita nuevos rumbos. Para Jesús de Nazaret, rumbos a favor de las mayorías que han sido desfavorecidas por los poderes supremos, y para Nietzsche, una búsqueda por zarpar en nuestras naves, partiendo hacia nuevos horizontes, asumiendo nuestros propios peligros, en un mar abierto sin ataduras.

Para los que tengan fe, Dios se humaniza en Jesús de Nazaret, en su historia, despojándose de su condición divina, como nos lo dijo San Pablo: para aceptar la “vida” tal como es, esto es, con sus contradicciones y con la incertidumbre, pero también con la posibilidad de buscar la felicidad para las mayorías desposeídas por los poderes hegemónicos45. Jesús propone cambiar la realidad y lucha por ello porque tiene fe en que puede lograrlo, de ahí que se confronte con las autoridades políticas y religiosas de su tiempo, que –al igual que ahora– no utilizaban su poder en beneficio de las mayorías, sino para su propio beneficio o el de su grupo46. Jesús de Nazaret –al igual que lo hará Friedrich Nietzsche– cuestiona la historia e intenta cambiar su rumbo; los dos anuncian la posibilidad de una nueva realidad; Jesús, con su utopía del Reino de Dios como una noticia de la liberación de la opresión histórica, y Nietzsche experimenta el movimiento histórico del nihilismo como la historia de la desvalorización de los valores supremos aprobados a través de la historia, y propone la superación como un cambio de valores que liberen a la humanidad de las ataduras provocadas por los pensamientos hegemónicos.

Jesús expresó: “Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las dominan, y que sus grandes les imponen su autoridad. No ha de ser así entre vosotros; al contrario. Entre vosotros, el que quiera hacerse grande ha de ser servidor vuestro y el que quiera ser primero, ha de ser siervo de todos, porque tampoco el hijo del hombre ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar vida en rescate de todos” 47. Y Nietzsche nos dijo: “Todo el libro de la ciencia jovial no es otra cosa que una fiesta tras una larga temporada de privación e impotencia; es el júbilo desbordante de la fuerza restablecida, de la creencia nuevamente despertada en un mañana y en un pasado mañana” 48.

Y también nos dice: “El repentino sentimiento y presentimiento del futuro, de próximas aventuras, de mares nuevamente abiertos, de metas de nuevo permitidas, de nuevo creídas”49.

El repentino sentimiento y presentimiento del futuro, de próximas aventuras, de mares nuevamente abiertos, de metas de nuevo permitidas, de nuevo creídas.”

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