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Exceso y poder. El origen de la pobreza
20
Jul

Exceso y poder. El origen de la pobreza

El poder nos involucra a todos, desde las clases marginadas en las que se ejerce, hasta las clases privilegiadas que lo ejecutan y administran. La pobreza que experimentamos a diario, es un claro ejemplo de la mala distribución de los bienes que los administradores realizan. La causa «real» de la pobreza es la indiferencia en la que estamos viviendo aquellos que tenemos las posibilidades para ayudar a los demás, pues concentrados únicamente en obtener bienes para nosotros mismos, le dejamos migajas a los otros, lo que trae como consecuencia que las clases sociales se separen de manera radical. Si continuamos así, cada vez será mayor esa distancia y los efectos serán cada vez más catastróficos.

¿Por dónde podemos empezar?

El beneficio público está en las manos de los que manejan el dinero. «Beneficiar a la sociedad» no significa darles caridad, sino encontrar los mecanismos saludables que creen empleos autosustentables y productivos para desarrollarse activamente en el medio empresarial. Hemos pensado que la empresa es únicamente un mecanismo dispuesto a crear fondos internos, lo que nos ha hecho olvidar que los efectos de esas prácticas se reflejan en el desempleo, el olvido, y el desinterés. La pobreza, así como el poder, nos incumbe a todos porque nos relaciona con el mundo. Es cuestión de ubicarnos en el lugar del espejo en el que nos encontramos para saber de qué manera nos reflejamos en esa relación. Por lo pronto, debemos demostrar que es posible ayudar a los demás, no sólo económicamente, pues al pensarlo así estaríamos afirmando que únicamente se le estaría «dando» un apoyo a los que tienen menos y que el dinero es el fenómeno de mayor envergadura en nuestra vida. Lo que está radicalmente sustentado en un error. El dinero no es la fuente de la felicidad y la armonía entre los hombres.

Vías de ayuda autosustentables

Una posible vía para la ayuda de los demás puede ser la incitación a introducir a los «pobres» en un horizonte interactivo, donde el lugar que ocupa cada elemento pueda proponer formas productivas, activas y constantes para la repartición de la riqueza. Esto nos obligaría a crear nuevas redes de interacción donde el capital tenga nuevos rostros, pues cada práctica podría ser aprovechada si pensamos en conjunto. Las humanidades pueden brindar al entorno empresarial una mirada distinta respecto a su trato con sus clientes, la lingüística puede cuidar la calidad de los documentos de los proyectos empresariales, la psicología encargarse de la estabilidad emocional de nuestros empleados, etc.

La economía ha centrado durante muchos años sus intereses únicamente en lo que puede producir mayor beneficio para las empresas, olvidando que los hombres que allí habitan no sólo viven de dinero y del trabajo. Quizá podamos cambiar nuestros estados afectivos cuando recurramos a otras disciplinas que brinden estabilidad emocional. La mecanización del trabajador de clase media ha incrementado sus cuentas bancarias, pero ha adelgazado sus intereses por la felicidad, la distracción o el compartir más tiempo con sus hijos. ¿No es más conveniente para todos contar con empleados felices con sus trabajos, que anclados a sus medios de productividad? Pensemos en el rencor que ese ejercicio puede estar gestando.

El origen del éxito

El origen del éxito de esta propuesta y de la desmesura de la pobreza sólo puede darse a través de acuerdos comunes que vinculen a las diferentes sociedades. Estos acuerdos deben estar sustentados principalmente en la cobertura de las necesidades de cada ámbito. Para ello habrá que descifrar ciertos criterios inamovibles y ciertas actitudes personales que no traicionen lo antes acordado. Si no logramos ponernos de acuerdo, nuestras sociedades se verán amenazadas, de tal manera que una nueva forma de relaciones entre la sociedad económica y la humanista sería imposible. Todo acuerdo deberá respetar las necesidades y los principios de cada sociedad e individuo de manera que los rasgos comunes que se encuentren no violenten las diferencias. Tiene que haber interdependencia, una especie de justicia platónica donde «cada quién haga lo que le corresponde», para que se posibilite la armonía entre los contrayentes y así asegurar la sustentabilidad de los proyectos comunes.

El éxito descansa en no tratar a nadie como no nos gustaría que nos traten, nadie tiene el poder absoluto en las relaciones interpersonales, pero si atendemos las necesidades de los que conforman nuestro equipo de manera bilateral, nada podrá detener los avances que esto provocaría. Todo ser humano debe ser tratado como humano. Nuestro proyecto apela a la «socialidad», lo que indica que no estamos solos y que dependemos de todos.

Todos podemos ayudar a mejorar el mundo

  • Si evitamos cualquier forma de dominio, estamos colaborando a un nuevo orden social. Si transformamos nuestra forma de pensar podemos transformar el mundo en el que vivimos.
  • Es necesario pensar que la ética no es una utopía, sino que es el intento de salvar al mundo de su destrucción.
  • Una persona exitosa es aquella que «elige» por sí misma su forma de vida.
  • Si creemos que la economía puede ser sólida a través de una «única» forma, es decir, a través de la integración del comercio informal a las jurisdicciones empresariales, estamos negando las propias formas de vida que durante mucho tiempo han creado estos trabajadores y estamos implementando en el imaginario colectivo, que el ejercicio organizado por el comercio institucional, es mejor que el otro y por ello tendrá que desaparecer.
  • Marginar a esas formas de vida implica negar el problema de la pobreza.
  • El éxito está en el respeto por los demás.
  • La integración de otras disciplinas al mundo empresarial implica un esfuerzo que rebasa los paradigmas de la economía clásica, sus dividendos ya no son meros números estáticos y matemáticamente determinados, ahora estamos ante el trato directo con otros hombres que tienen intereses distintos a los nuestros.
  • Poder llevar esto a cabo, es decir, demostrar que podemos tratar con personas de otras clases e ideologías es realmente hacer un esfuerzo que no tiene precedentes históricos, implica ser parte de la transformación del mundo.

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