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Heidegger, crítico de Nietzsche
20
Jul

Heidegger, crítico de Nietzsche

Una respuesta a las cosideraciones Heideggerianas sobre la filosofía Nietzscheana. Luego redes 67

Antes que nada, es pertinente reconocer la capacidad intelectual de Heidegger así como la dedicación que tuvo en determinando momento de reflexionar entorno a la filosofía de Nietzsche, lo cual lo llevó a abordar ampliamente el pensamiento de éste último. Heidegger dedicó un tiempo considerable a dar una interpretación de la filosofía intempestiva nietzscheana -ya que no sólo era una filosofía provocativa, también representaba una especie de destrucción de su filosofía personal y más aún de la filosofía clásica, como lo manifestó en la intimidad de su hogar (GMC Nietzsche).

1.

Como sabemos, Nietzsche le quita importancia a la respuesta metafísica por excelencia -o sea a la pregunta por el ser-, afirmando que la historia del ser es sólo eso, historia. Su pretensión es mostrar que para la humanidad y para la filosofía no es relevante todo el trabajo histórico metafísico, considera a éste sólo como una especulación sin fundamento que nace de las necesidades humanas en un tiempo determinado.

Para ubicarnos en un contexto adecuado, necesitamos reconocer que a Heidegger no le interesaba, o no conocía, la importancia que ahora se le está dando a otros saberes humanos para hacer filosofía, como podría ser la física, la biología o la química, conocimientos que definitivamente fundamentan la filosofía de Nietzsche, así como la mayoría de los filósofos o pensadores actuales a pesar de que no lo reconozcan o simplemente desconozcan; más aún, de la teología moderna que también de una u otra forma usan conceptos nietzscheanos reiteradamente. Ahora bien, también resulta vital reconocer las limitaciones de Nietzsche en el siglo XIX no sólo en la complejidad de su vocabulario, sino en lo que hoy comprendemos como el conjunto de saberes vigentes; es evidente que la mala interpretación de la filosofía nietzscheana ha sido, en cierta medida, porque la comprensión de sus conceptos no ha sido de acuerdo al tiempo en que Nietzsche los desarrolló, sino más bien, de acuerdo al contexto de quienes lo interpretaban, y ese es un aspecto que no podemos descuidar, además, no debe ignorarse tampoco que para Nietzsche era muy importante, como ya se ha dicho, tener muy en cuenta los saberes en su conjunto para la comprensión del cosmos, un aspecto que se ha descuidado a lo largo de todo este tiempo.

Pues bien, para abordar la crítica que Heidegger hace a Nietzsche, partiremos de dos conceptos fundamentales en la filosofía de ambos, me refiero a la metafísica y a la voluntad de poder, dos caminos cruciales para la filosofía del futuro. Todo lo que es podríamos entenderlo como una identidad; para Heidegger una identidad ontológica, para Nietzsche una identidad que se complementa con todas las demás y que, por lo tanto, nunca es independiente. De ahí que podemos partir preguntándonos sobre si la voluntad de poder, como ente total, es un ser metafísico o no, esto porque para Heidegger el ente total es considerado como un ser ontológico cerrado o limitado, mientras que para Nietzsche es algo sin importancia filosófica que funciona sólo como un recurso gramatical.

En el caso de que el cosmos o ente total fuera un ente ontológico limitado, continúa la consideración de la posible existencia de un motor inmóvil o de un dios al que se le atribuye una incidencia determinante en el mundo físico, unida a la noción de ideas innatas o morales metafísicas comúnmente llamadas universales, sin embargo, todo esto incidiría en el ente total o cosmos, es decir en la tierra, en la vida, en el pensamiento, rompiendo automáticamente con la ontología que pretende Heidegger y, por medio de la cual, pretende descubrir al ente en su totalidad, porque la metafísica estaría influyendo en la física que se manifiesta a través de la voluntad de poder, ya que para Nietzsche todo ente en la medida que es, es voluntad de poder 61. Con ello, puede considerarse que el ente en su totalidad o el caudal de entes que componen al universo, más allá de la existencia de un Dios o de la metafísica, son parte de un Pathos eternamente creacionista que podemos identificar con un nombre aparentemente metafísico y que denominamos como voluntad de poder, que incluye no sólo al presente sino que unifica al pasado, al instante y a un posible futuro con todos los entes que han existido y existirán mientras no se transforme la actual realidad.62

Así la voluntad de poder es un conocimiento que ahora podemos comprobar en la física, en la química, en la biología o en cualquier disciplina de saber humano actual, que se sintetiza como devenir -o dicho en otras palabras, naturaleza- y que la humanidad padece más allá de sus deseos metafísicos; tal devenir es tan extenso como el ente en su totalidad o cosmos, que incluye por supuesto a la sociedad y a todos los individuos que la integran, que al contemplarla la podemos comparar como lo que entendemos como una obra artística, pero no creada por el hombre sino por ella misma.63

Para Heidegger el pensamiento nietzscheano de la voluntad de poder penetra en el ámbito más íntimo y más vasto del pensamiento metafísico. Según él, se interpreta al ser como voluntad de poder, pero creemos nosotros que en realidad lo que pretendía Nietzsche era identificar a la voluntad de poder no como un ser absoluto sino sólo como una identidad llamada cosmos o naturaleza y que la metafísica, con fines de erudición, llama ser ontológicamente cerrado 64. La presencia por sí misma del ser, de acuerdo a la interpretación griega, surge de sí para imperar de ese modo, como si esto fuera posible, sin tomar en cuenta que tal visión del ser se hace en un mundo en movimiento que el mismo Aristóteles acepta y que, además, es el sitio desde donde todo ser es, pero no en cuanto algo metafísico, sino tan sólo como entidad. Sin embargo, tiene algo que interfiere en ese ser para tener movimiento en menoscabo de su independencia, y ese algo es el llamado motor inmóvil -o Dios para los cristianos como lectores de Aristóteles- que hace de la naturaleza un lugar limitado65 (metafísica-naturaleza). Ahora bien, la verdad para Nietzsche no es el ser metafísico occidental, sino el devenir creativo de todas las identidades que no es una verdad simple, más bien es un estar en la verdad, pertenecer a ella, vivir conforme a ella y olvidando todo lo que pretenda alejarnos de ésta, desde donde todos los seres se relacionan, aún los que ya no están presentes y las posibles futuras entidades que se crearán en esa verdad en devenir 66.

La metafísica y la palabra gramatical ser, para Nietzsche son sólo identidades dentro de la voluntad de poder, es decir, dentro de la física, la química, la biología, etc.; representan conceptos que sean desvalorizado, pero que sin duda han predominado en el mundo espiritual y filosófico de occidente, con las no gratas consecuencias que han tenido para las grandes mayorías a través 2400 años, donde el ser en realidad se ha convertido en algo parecido al sistema de castas hindú en donde el ser supremo controla la voluntad de los otros seres, así sea llamado ser monárquico, político, religioso, etc., en suma, seres ontológicos que olvidan toda la periferia de quienes están a su alrededor 67 (metafísica). Al olvidar a los demás que también forman parte del mismo contexto, se dan consecuencias desastrosas en todos los ámbitos en que el ser humano tiene incidencia, la acumulación del poder, el exceso de la riqueza que produce diferencias, las ambiciones egoístas y la falta de preocupación por el otro, son sólo una muestra de dicho olvido que entierra al ser humano en una situación que en ocasiones se vislumbra insostenible.

Sabemos que para la metafísica la pregunta por excelencia es ¿qué es el ente?, como si se pudiera llegar al conocimiento de cualquier ente en su totalidad, como si se pudiera olvidar su movimiento y su vinculación con otros entes y con el cosmos. La intención metafísica es conocer al ente en su totalidad, sin embargo pensamos en la dificultad de tal pretensión, como si alguien pudiera conocer todo lo nuestro y romper con nuestra intimidad68 (metafísica). En la misma definición de Aristóteles de la ontología o sea de la metafísica, como estudio del ser en cuanto ser, conlleva la pretensión egoísta de poder conocer a otro ser que tiene como objetivo absorberlo por completo en ese proceso de conocimiento, de tal forma que sea mucho más fácil someterlo según mejor lo considere aquel que lo está conociendo, dicha pretensión de dominio ha dado como resultado grandes desigualdades e innumerables muertes, en eso se ha convertido la pregunta del ser del ente griego 69 (metafísica).

Posiblemente a los comienzos del año de 1886, Nietzsche imprime al devenir el carácter del ser, de la misma forma que lo manifestaría Heidegger, más aún, el vocabulario de Nietzsche se ve involucrado en muchas formas en la metafísica, pero ahora creemos que en el siglo XXI se puede comprender el sentido que le quiso dar Nietzsche; él quería apartarse de la metafísica en general declarando su pensamiento a partir de la suprema voluntad de poder y su confianza en la noción de Amor Fati -o amor al devenir-, como consecuencia del mundo físico en que nos encontramos inmersos y en el cuál la capacidad creativa del hombre es indispensable 70.

El mismo Aristóteles en la segunda parte de su definición de ontología o metafísica, acepta el movimiento de todos los seres, la diferencia del devenir de Heráclito, que retoma Nietzsche como voluntad de poder, es un devenir creativo lo que significa que cada ser siempre está en transformación y no es independiente ya que se relaciona de alguna forma con todos los entes en el cosmos 71 (Ente)72. A éste transformar, a este crear, Nietzsche lo denomina como voluntad de poder. Crear más allá de sí como un pathos, va más allá incluso de nosotros mismos ya que nuestras vidas son siempre creativas 73. Pero para Heidegger la voluntad de poder nietzscheana, en su figura suprema, es el modo de ser en dirección a la cual se proyecta al ente en su totalidad74, según su consideración todo el pensar occidental, desde los griegos hasta Nietzsche, es un pensar metafísico y cada época de la historia occidental se funda en la correspondiente metafísica75; sin embargo, para Nietzsche la voluntad de poder no se reduce a un pensar metafísico, sino que es la manifestación del cosmos como entidad y, por tanto, de nosotros mismos.

Es sumamente importante, para entender tanto a Heidegger como a Nietzsche, el movimiento que se da entre los conceptos de ser, ente y entidad, porque su sentido puede ser múltiple o diverso, esto nos lleva a plantear el quiebre de la metafísica y el problema de la interpretación que se dio a los términos nietzscheanos. Pues bien, al aseverar Nietzsche que el mundo y nosotros somos voluntad de poder y nada más, no pretende involucrarse en las cuestiones relativas al ser sino al conocimiento de que toda identidad se encuentra inmersa en un devenir creativo, mesurado y no caótico, que permite la existencia de entidades que se transforman y se relacionan entre sí constantemente, a pesar de que entran en la dinámica del eterno retorno76. De acuerdo con el análisis de Heidegger, Nietzsche en la voluntad de poder encierra el elemento metafísico y oculta la conexión histórica de su pensamiento con el inicio del pensar metafísico griego77, sin embargo, olvida que Nietzsche no toma, como lo hicieron los griegos, la visión como única fuente de conocimiento sino que recurre a todo el cuerpo ya que la percepción inmediata a través de la visión carecía de todo aquello que podía percibirse con el resto del cuerpo, elemento esencial en el desarrollo de la filosofía de Nietzsche. Para los griegos el conocimiento se basa en lo que se muestra, es decir lo que ofrece la visión, tanto que vale como conocimiento del ente ya que para ellos el ente es un surgir78. Pero para Nietzsche el ser no puede ser una identidad metafísica limitada, sino todo lo contrario, el ser es una identidad que se relaciona con las otras identidades y la vida se convierte en un ejemplo de lo que podemos representar no como ser sino como identidad, al tener la necesidad obligada de convivir unos con otros y más aún sobrevivir junto a los otros 79.

Heidegger señala que en la metafísica de occidente, el ente es considerado como algo aprehensible y delimitable, pero para la historia representa una suma de pretensiones sin ningún sentido humanista que puede interpretarse como un deseo egoísta que fundamenta el sentido del dominio, algo que para Nietzsche es monstruoso porque rebasa la concepción apolínea del cosmos mesurado con el elemento dionisíaco, además, cómo podría aprehenderse a los pensamientos, la memoria, los sentimientos de no sólo una sino de todas las personas, o cuestiones tan importantes como lo es la justicia. Incluso, al establecer la posibilidad de conocer al ser en todas sus dimensiones, ahora en nuestro tiempo es algo que ya no se puede plantear pues nos damos cuenta que falta mucho por saber de él, por lo que no podemos tener certeza de lo que es el ser, además de que se tiene presente que la constante transformación de todos los entes impedirían aún más la posibilidad de tal anhelo por saber lo que es el ser, de lo que se desprende que siempre acabaríamos modificando nuestro conocimiento. (Nietzsche, p 424)80. Aún así, Heidegger le da confianza a la razón, a la dialéctica, a la lógica, como la esencia básica de la metafísica occidental, aunque nosotros consideremos que nada de esto demuestra la verdad sólo una utilidad práctica posiblemente necesaria para la vida y que se basa en predicados no metafísicos, para conservar de esa forma la vida, aunque, reconocemos, se halle lejos de la verdad a la que nos convoca el devenir y la transformación 81.

Adiós a Heidegger • 143

Tanto para Hegel como para Heráclito la contradicción es el elemento del ser, porque el ser es trastocado, ya no se podría hablar de un ser metafísico limitado, sino abierto a contradicciones, así que el principio de no contradicción de la metafísica occidental aún en el ente total o cosmos es posible contradecirlo, primero porque no somos dioses para saber los límites de lo que se nos muestra como realidad, más aún porque será difícil o imposible para los humanos conocer a todo el ente en su totalidad o cosmos, si partimos de la sencilla posición en que nos encontramos dentro del mundo 82; de todo esto podemos inferir que no es posible conocer al ente total ni a cualquier otro ser. Así pues, el principio de no contradicción nos puede ser útil para distinguir las individualidades pues nos ayuda a comprender que sin son contradictorias puesto que se conjugan con otras y nunca dejan de ser identidades; el mismo cosmos se manifiesta como una identidad más, aunque lo hace guardando su condición apolínea –su diversidad- y sin atrevernos a decir que es el absoluto o el ser que da lugar a la existencia de la metafísica que no otorga un beneficio claro para la vida 83.

Según las consideraciones heideggerianas, Nietzsche desconoce el fundamento histórico de su filosofía y no mide el alcance de su posición ni alcanza a sus adversarios, filósofos de la metafísica. Heidegger manifiesta que para Nietzsche no es importante lo que contiene el ser, sino que sólo describe el modo de ser del ser, que no es otro que el devenir, o sea en un tener-por-verdadero o poner lo que en el ser está puesto 84. Para Heidegger el tener-por-verdadero necesita, por lo tanto, algo que indique qué debe tenerse por ente, es decir por verdadero, o qué debe valer como verdadero, algo que dista bastante de la filosofía nietzscheana que no encierra límites exactos sino fronteras que se comunican 85.

A decir verdad, las consideraciones de Heidegger nos preocupan bastante porque la humanidad de muchas formas ha sido influenciada por las ideas metafísicas que defiende Heidegger y que a través del tiempo han dado como resultado una clara desigualdad entre los seres humanos, donde pocos tienen mucho y el resto que es la mayoría se conforma con su aparente karma donde prevalecen los parias.

Heidegger nos señala que el ser es “el “principio” que está de hecho allí delante y es “universalmente” reconocido. Pero la esencia de este principio (Satz) se determina a partir del tipo de posición (Setzung) que en él impera. La posición del criterio para lo que debe poder valer como ente que se encuentra en el principio de no contradicción es un “imperativo”. Con este criterio se corre el riesgo de que las identidades sean aisladas, además, la condición de posición genera una jerarquía natural mal interpretada. Por ello, si partimos del principio que nos señala Heidegger es necesario reconocer a cada identidad sin aislarlas, como se pretende universalmente, ya que no podemos hacerlo puesto que todas las identidades están relacionadas unas con otras. Resulta ser una preocupación aún más grande que el principio se determine de acuerdo a su posición, pues según nuestra interpretación esto representa que el principio se da en función de una jerarquía o subordinación natural, que manifiesta un imperativo o ley de carácter metafísico a la cual hay que respetar, ya que el principio de no contradicción viene dado desde la propia naturaleza e incluso de más allá, desde un mundo supra sensible 86.

En respuesta Nietzsche nos dice lo siguiente “En la medida en que toda metafísica se funda en la distinción del mundo supra sensible como mundo verdadero y el mundo sensible como mundo aparente, toda metafísica es “moral”. El inmoralista, lógicamente, se opone a la noción de “moral” que fundara toda metafísica, niega la distinción de un mundo verdadero y un mundo aparente y el orden jerárquico puesto en ella.” Nosotros, inmoralistas” quiere decir: nosotros que estamos fuera de la distinción que sostiene a la metafísica.”87. En nuestro siglo la moral está más cuestionada que nunca, no porque en sí sea mala o buena, si no por el “quien” que está atrás de la construcción de determinada moral, que muy probablemente está más enfocado a la defensa de ciertos grupos o personas. Por eso es importante mirar y averiguar quién dice las cosas antes de tomarlas como una verdad total.

Por otro lado, la consistencia del ente es una de las preocupaciones de la metafísica, y en particular de la reflexión de Heidegger, quien critica a Nietzsche de haber concebido una filosofía de modo superficial, a tal grado que la clasifica como una más de la historia que se puede ver como “metafísica de la voluntad” o “filosofía de la vida”. Nos parece raro que un filósofo de la erudición de Heidegger realice este tipo de críticas, ya que él profundizó en el eterno retorno nietzscheano que de principio a fin establece la consistencia pero no de un ser limitado, no plantea a la metafísica como algo dado pues se enfoca más en el proceso creativo donde lo apolíneo y lo dionisíaco, o su equivalente en materia y energía, se mesuran dando lugar a la consistencia pero en un proceso dinámico y contrario a la metafísica 88.

Heidegger defiende lo que él entiende como mundo verdadero y superior, o bien, ser ontológico, acabado, cerrado y seguro, del mundo supra sensible y el mundo aparente, abierto, unido y sensible como lo inferior 89, además reconoce que a la metafísica se le menosprecia, se desvaloriza y resulta esencialmente mal comprendida, cree que esto sucede sobre todo en Nietzsche al considerarla innecesaria, de tal suerte que ha tenido grandes implicaciones en la historia de la humanidad, sobre todo al tratar de dividir al mundo, puesto que desde la realidad todo lo hacemos, incluyendo el hacer de la metafísica 90. Heidegger no se rinde y sigue insistiendo en que la historia es historia del ser y que la filosofía nietzscheana está afectada por el despojamiento del rehusarse, no medita; por eso el ser se ha vuelto extraño y causa de recibirse con suma extrañeza 91. Cuando se sostuvo esto, Nietzsche ya estaba muerto, empero la ciencia actual fundamenta ampliamente la filosofía nietzscheana, tanto la voluntad de poder, el eterno retorno, lo apolíneo y lo dionisíaco y sobre todo, la conciencia de la imposibilidad en el cosmos de tener identidades ontológicas limitadas -la última propuesta hecha por Hopkins sobre los hoyos negros, fue desmentida por el propio físico.

2

La metafísica para Heidegger puede determinarse como la verdad, el ser como una totalidad que se articula en el pensar, que interpela al ser, en relación a su constitución. Las categorías del ser son pensadas como las palabras metafísicas y conceptos filosóficos fundamentales. Lo anterior son afirmaciones de Heidegger en las que no se fundamenta cómo su verdad que está más allá de la física puede incidir justamente en ésta, tomando en cuenta que la presencia del ser metafísico se da en un mundo de identidades físicas en el que se incluye el concepto denominado metafísica y todo lo que él denomina conceptos filosóficos fundamentales92; tampoco se explica cómo es que las categorías del ser son fundamentales para la metafísica, lo cual puede ser comprobable por medio de interpelaciones respecto a lo que el ser es en cuanto tal, de acuerdo con su constitución. Después de esto, es fácil comprender la influencia negativa que ha tenido para la mayoría la metafísica pues a partir de esta perspectiva se han creando centros con categorías superiores y centros que son la mayoría con categorías inferiores, en otras palabras, los seres privilegiados y los seres olvidados respectivamente 93. Las categorías de la razón, pensadas en Aristóteles, Kant o cualquier pensador de la metafísica, encuentran en la “Razón” el pensar racional y el juzgar del entendimiento, mientras que en la “Lógica” está la posibilidad de determinar las categorías y su esencia 94.

No cabe la menor duda de la importancia que tiene la presencia del ser humano en el cosmos y de su pensamiento que ha desarrollado a través del tiempo y que le ha permitido poder describir todo lo que le rodea, además de la posibilidad de influir en su circunstancia de acuerdo a las capacidades adquiridas. Pero se antoja como algo muy pretencioso que los humanos puedan determinar categorías universales del ser y su esencia, porque esto rebasaría los límites de lo apolíneo de cada entidad, tratando de establecer conocimientos perfectos y sin la posibilidad de interpretación. Ser y pensar, título que acuñó Heidegger, representa su afán de que el ser se ha comprendido siguiendo el hilo conductor del pensar, es decir como lo “más universal”; le otorga de esta forma a cada identidad un valor o categoría ontológica, a pesar de que por el pensamiento se pueda romper la privacidad ontológica, tomando en cuenta que por medio de enunciados se puede conocer a cada ser. De lo que se olvida Heidegger es de que el pensamiento es más que enunciados y que se desarrolla por medio del eterno retorno o memoria, la voluntad de poder o posibilidad creativa del pensamiento y la interpretación de un posible futuro. Esto nos lleva a considerar al pensamiento como la síntesis de la historia de la humanidad o la historia de cada identidad, asumiendo el instante o presente que influye en la memoria y en la posibilidad de un futuro 95. La sola presencia del ser, como pretende la metafísica y Heidegger, no permite conocer la memoria de ese ser y menos las implicaciones que ha tenido para llegar a ser ser, ni sus posibilidades futuras, por lo que no vale cualquier hilo conductor filosófico que quiera darle un sentido al conocimiento del ser 96.

La voluntad de poder no es un valor supremo es un padecimiento, para bien o para mal, que Nietzsche trató de fundamentar con las experiencias de su propio cuerpo. La razón que interpretó Nietzsche no es la razón metafísica occidental, sino la razón como el conjunto histórico de los pensamientos humanos y el desarrollo de sus capacidades, es una razón no ontológica abierta a innumerables posibilidades 97. La voluntad de poder comprendida en la actualidad, tiene un aparente principio en una o en múltiples explosiones que se han expandido a través del espacio, creando a su paso múltiples posibilidades en las que se encuentra la vida, el pensamiento y sus consecuencias, de ahí que la voluntad de poder del cosmos o de cada identidad –o ser-, interactúen en la física y no más allá de ella como pretende la metafísica y como Heidegger lo señala, a pesar de la presencia del ser metafísico, que siempre estará o influirá en un mundo físico, sin ninguna pretensión de irse a otro mundo 98.

Ahora bien, para Heidegger el nihilismo nietzscheano contribuye a construir y a confirmar la esencia de la historia occidental porque con su filosofía fundamenta las visiones metafísicas fundamentales 99. Pero Nietzsche no interpreta la historia de la metafísica desde el horizonte de la voluntad de poder, como lo hace Heidegger, si no como la historia del cosmos o la historia de cada identidad dentro del cosmos, es decir, en un mundo físico donde las identidades apolíneas se mesuran con las dionisíacas haciendo del cosmos y del mundo un conjunto de relaciones no caóticas pero sí complejas 100.

En el siglo XX Heidegger pudo conocer los avances de la ciencia pero, tal vez como académico, no pretendió salirse de su disciplina, algo que sí hizo Nietzsche pues éste se acercó a la física para fundamentar sus conocimientos que había obtenido de su propio cuerpo, a pesar de que su filosofía no tenía a su disposición los conocimientos científicos con los que ahora contamos en el siglo XXI, pero esto no invalida la visión filosófica de Nietzsche. Heidegger interpretó la doctrina nietzscheana del superhombre, la voluntad de poder, el nihilismo y sobre todo del eterno retorno de lo mismo, de modo metafísico ya que para él reunían los componentes esenciales necesarios de la esencia de la metafísica occidental 101. Para él es crucial la frase de Nietzsche “la relación del hombre con el ente en su totalidad”, como si una frase encerrara una filosofía; no cabe duda que para las personas que no conozcan la filosofía nietzscheana usar ‘ente’ y ‘totalidad’ significaría hacer metafísica occidental, es decir, se les daría a tales nociones un peso indudablemente ontológico.

Consideramos que el verdadero problema es saber si la metafísica del ser tiene alguna utilidad para la humanidad, pero lo que sí sabemos es que se ha usado para el dominio de las mayorías, la diversas interpretaciones del ser han resultado sumamente influyentes en algunos aspectos, la más importante es la de Dios que ha permeado la conducta humana, sobre todo en occidente por más de 2000 años, dando lugar, entre otras cosas, como bien lo expresa Heidegger, a la ontoteología; con esto se da inicio a un sinnúmero de principios ontológicos caprichosos que han encumbrado a personajes que se les ha considerado de alto linaje, no sólo por su nacimiento, sino por el poder que han alcanzado, todo por que el ser que se manifiesta se representa como un karma imposible de destruir.

Heidegger insiste en que la metafísica de la voluntad poder, que incluye la doctrina del superhombre, empuja al hombre, como ninguna otra metafísica, a ser la medida única e incondicionada de todas las cosas. Pero con ello se llega a una malinterpretación de la filosofía de Nietzsche ya que la voluntad de poder no es sólo del humano, sino también es cósmica. El superhombre parece sólo significar una forma de transformar los malogrados resultados de los humanos, por ello, su objetivo debe ser buscar otros caminos, otros pensamientos que por lo menos lo dignifiquen como parte del ente en su totalidad o cosmos.

Por otro lado, es importante saber que Heidegger puso en la boca de Nietzsche interpretaciones que él no dio. Él dice, como si lo dijera éste último, que “si la metafísica es la verdad sobre el ente en su totalidad, ciertamente el hombre también formará parte del ente en su totalidad. Incluso habrá que admitir que el hombre asume un papel especial en la metafísica en la medida en que quien busca, desarrolla, fundamenta y conserva el conocimiento metafísico, quien lo transmite, y también lo deforma. Esto, sin embargo, no da de ninguna manera derecho a considerar al hombre la medida de todas las cosas, ha distinguirlo como el centro de todo el ente y a ponerlo como señor del mismo” 102. Creemos que entre Nietzsche y Heidegger no hay discusión sobre el lugar que tiene el humano en el ente total, porque su relación no puede ser cuestionada, sólo su categoría que pierde importancia por lo dicho anteriormente.

El hombre moderno de la metafísica, con su peculiar egoísmo, se dispone a conseguir desde él mismo y con su propia capacidad, la certeza, la seguridad de su ser, por medio de su libre despliegue de todas sus capacidades creativas 103. El camino del hombre moderno de la metafísica, no determina un método para conseguir la certeza, si no sólo se cuestiona por él “camino a tomar” para fijar sus seguridades y para dirigirse hacia la verdad, lo que será posible exclusivamente y fundamentalmente por medio de las facultades del hombre 104. Las facultades del hombre, así como su búsqueda a certezas y seguridades, es lo inaceptable para Nietzsche puesto que la voluntad de poder, el eterno retorno y el mismo superhombre, nunca podrán encontrar ni certeza, ni seguridad alguna, porque el ente en su totalidad no lleva consigo una Lógica, ni para el hombre ni para ninguna otra identidad dentro de él; lo que lleva consigo es el azar, el destino inseguro y la posibilidad de superación, sin que esto resulte ser una garantía para lograrla (hacia una nueva filosofía). Como lo manifiesta Heidegger, Nietzsche no reconoce “ser” y “verdad” como verdades fundamentales o valores supremos porque van contrarios a nuestra realidad en devenir, además no posibilitan la existencia de ningún ser ontológico supremo, ni tampoco una ontología de paria, tampoco le es necesaria la definición de ser como totalidad cósmica, porque aparentemente nunca estaremos en posibilidad de conocer nada en su origen último, ante la inmensidad que representa el cosmos 105.

Entre sus críticas a Nietzsche, Heidegger opina que la metafísica de Nietzsche es el acabamiento de la metafísica moderna, de la metafísica occidental en general y de la metafísica en cuanto tal. Para éste último filósofo el reconocimiento del ser en totalidad o cosmos es uno de los momentos culminantes de la metafísica, algo que para Nietzsche es sólo una disertación de erudición sin beneficio alguno para la vida pues equivale a considerar al universo como algo parecido a Dios. La voluntad de poder, el eterno retorno y el superhombre, de acuerdo a tal consideración, funcionan como reglas por seguir dictadas por la voluntad divina del ente en su totalidad106. Así, para Heidegger, en lugar de que la humanidad en el futuro no viva ya basándose en la metafísica como lo deseara Nietzsche, pretende todo lo contrario y menciona que se da el comienzo de la resurrección de la metafísica bajo formas modificadas 107. Coloca a la antropología de la voluntad de poder como metafísica y representa la transición de ésta a su forma última: la “cosmovisión” 108.

Es importante referirnos a la diferencia de ser y ente, agregando la de identidad. Para Heidegger la ontología se fundan en la en la diferencia entre ser y ente, que a pesar de estar separados pueden ser referidos uno a otro y esto, dice él, muestra un real un dirimir (Austrag)109. Pero para nosotros la ontología es con minúscula, y la denominamos identidad, donde cada una no dirimen sino que se complementan, se unen unas a otras por qué no se pueden separar totalmente, cada una se determina con la ayuda del todo o conjunto de identidades, desde donde se hace imposible conocer en su totalidad a una identidad por la diversidad de acontecimientos que cada una tiene con otras identidades. Heidegger insiste que “en esta distinción del ser frente al ente no se dice nada acerca del contenido de la esencia del ser. Sólo se da a saber de qué modo se distingue el ser frente al ente: por vía de la “abstracción”, lo cual es también algo usual al representar y pensar cualquier tipo de cosas y de relaciones entre cosas, lo que no queda de ningún modo reservado para la captación del “ser” 110.

La identidad la podemos concebir en el pasado, presente y futuro; la que ya no existe se ha transformado en una o múltiples identidades por medio de la voluntad de poder y el eterno retorno. Ahora bien, para Heidegger el ente es lo a priori, la entidad del ser, lo más antiguo, lo que ya no está presente 111. El ente es previo al ser que determina el antes y después, que es la sucesión de nuestro conocimiento según Heidegger; pero él no se percata de que las identidades tienen memoria ya que van unidas a la voluntad de poder en un pasado, presente y posible futuro, donde el azar creativo las puede transformar pero nunca desunir de la historia del cosmos112. Para hacer más confusa esta disertación Heidegger nos dice lo siguiente: “la caracterización del ser como a priori le da a esta distinción una impronta peculiar. Por eso, en las diferentes concepciones de la aprioridad que se alcanza en cada una de las posiciones metafísica fundamental en conformidad con la interpretación del ser, es decir, al mismo tiempo, de las ideas, se halla también un hilo conductor para delimitar de manera más precisa el papel que desempeña en cada caso la distinción de ser y ente, sin que ella misma llegue nunca ser pensada propiamente como tal” 113. En resumen, para Heidegger el ser es la presencia y la posibilidad del ente, como si se tratara de dos tiempos diferentes. Él mismo nos recuerda la interpretación platónica sobre la entidad del ente como ausencia de toda huella, que nos permita experimentar del ser como “voluntad de poder”, así como la fundación cartesiana para pensar al ser como re-presentatividad en lo cual la certeza se vuelve esencial, pero en la que falta el carácter de la voluntad de poder.

La voluntad de poder tiene como huella el eterno retorno o la memoria. Al unir el origen incierto del universo con toda la creatividad que se ha desenvuelto a través de 15,000 millones de años, se han formado entidades apolíneas que no son seres ontológicos cerrados porque se mesuran con lo dionisíaco; éstas son las dos expresiones que interpretan la conformación de las identidades, que se complementan y se hacen indispensables la una con la otra. Ya en la ciencia lo describió Eistein con la teoría de la relatividad, desde aquí cada identidad tiene una historia o memoria que permite que la identidad del cosmos siempre sea la misma pero diferente, representada por las identidades que se van transformando en el tiempo y que siguen el proceso de la voluntad de poder y del eterno retorno como una cosmovisión, para así poder afirmar lo que decía Nietzsche y donde todo en el cosmos es voluntad de poder.

3

En suma, Heidegger critica severamente a Nietzsche y manifiesta que su proceder es poco decoroso para un filósofo y más aún para alguien que tiene todas sus pretensiones basadas en el traslado de la humanización al cosmos 114, pretensiones que, a nuestro parecer, son algo difícil de contradecir ahora en el siglo XXI, por ser la humanidad parte dinámica del devenir y no algo separado del todo. Es importante poder percatarse de cómo por medio del pensamiento humano se puede describir, desde un rincón del cosmos, desde un ángulo del espacio-temporal y con ayuda de la ciencia vigente, la realidad que se muestra en un devenir que no permite visualizar ningún fin específico, seguro y certero, sino la multiplicidad de posibilidades, de la misma manera que la vida de cada quien -y la de Nietzsche- puede ser concebida 115.

Por supuesto que no puede pretenderse que todo el cosmos sea idéntico al humano, porque ser idéntico es distinto de ser lo mismo y al mismo tiempo diferente, puesto que lo último encierra la forma como se comportan todas las identidades en el cosmos y sus especiales diferencias que se constituyen en la extrema naturalización de cada identidad en el mismo cosmos, como puede ser la humanidad y su humanización 116. De esta manera el pensamiento del eterno retorno no es una creencia como podría decir Heidegger, si no la memoria como realidad indisoluble de la humanidad y de todas las cosas 117; no se puede considerar al eterno retorno solamente como uno de los tantos conceptos que se han empleado por la filosofía históricamente 118.

Es importante para el presente y futuro de la humanidad que a la idea del eterno retorno se le acepte como la memoria o historia no sólo de la humanidad sino del cosmos o de todo el ente en su totalidad – más allá de todas las religiones que sin saberlo despreciaban la vida por ser fugaz y que han enseñado a mirar hacia otra vida indeterminada119. Así pues, el eterno retorno es un nuevo religare para que la humanidad sea más libre, más alegre y más sublime 120, para que a la vez sea capaz de aceptar su ignorancia ante la existencia de Dios y de poder determinar libremente su relación con Él, aceptando que sí existe, ha dejado a la humanidad la libre responsabilidad de auto determinarse y la posibilidad de crear su propio destino 121.

La voluntad de poder y el eterno retorno fijan la esencia del ente en su totalidad o cosmos, en cuanto van forjando la existencia de un devenir no caótico sino mesurado por lo apolíneo y lo dionisíaco, y que, además, es comprobado ahora por la ciencia vigente, sin la necesidad de que el “ser” sea el que determine a todo el ente o cosmos, tal como lo hubiese querido Heidegger, ya que para él no es posible comprobar y demostrar a los individuos directamente lo que es el eterno retorno 122 y si al “ser” en tanto que, según este filósofo, se manifiesta como conocimiento metafísico.

De esta forma, el mundo en su aparente caos es mesurado por lo apolíneo y lo dionisíaco para que las cosas existan y se puedan pensar, empero, este pensar necesariamente es un pensamiento circular donde influyen todos los tiempos, es como si las cosas se nos escurrieran de las manos y sin que nada pueda ser indiferente a nosotros a pesar de que las cosas pasan en el devenir, permitiéndonos planear y querer lo que sucede pero sin que esto sea una cuestión de carácter universal, sino una posibilidad por medio de la mesura del pensamiento 123.

Cada instante es un nuevo acontecer constante que se presenta al humano como producto de su naturaleza, como efecto del devenir eterno, que nunca se desprende del pasado, haciendo de éste su memoria o historia, para que todo ente o identidad se encuentre firmemente adherido al férreo anillo del eterno retorno124; estableciendo así, en contra del pensamiento de Heidegger, una relación entre necesidad del eterno retorno y la libertad del devenir, haciendo que el pensamiento de pensamientos de Nietzsche se haga una realidad 125: “Mi doctrina dice: vivir de manera tal que tengas que desea vivir nuevamente, esa es la tarea; ¡de todos modos lo harás” 126.

La libertad humana asumida desde su realidad que deviene y retorna, puede decidir lo que es y será, lo que ya fue en su historia y desea que retorne 127, porque lo que la humanidad puede pensar en un instante próximo será posible gracias a algo que se supo en un instante anterior, para dar lugar a lo que será el próximo instante; de esta manera la humanidad va adquiriendo conciencia de la responsabilidad que tiene de sí misma. La existencia de la humanidad es un hecho fundamental al ser parte de la totalidad del ente o cosmos 128. No existe alguna condición que se refiera exclusivamente al humano 129, ya que éste contribuye a formar y transformar al ente en su totalidad o cosmos por medio del poder del pensamiento circular que aparece como una capacidad inherente en el desarrollo de la vida que está en congruencia con todo lo que existe 130.

El eterno retorno integra a la humanidad en la historia del devenir, es decir, el ocaso del héroe del pensamiento, porque libera al pensamiento asumiendo todas sus posibilidades creativas 131, al mirar la naturaleza dinámica del cosmos, de la tierra, de la vida 132. El movimiento perpetuo de todas las cosas, debe ser asimilado por el pensamiento humano, a pesar de que parezca un obstáculo supremo 133, difícil de pensarse, porque resulta fácil de extraviarse por ser siempre creativo jugando con el tiempo circular del eterno retorno, más allá de la antigua doctrina heráclitea, del eterno fluir de todas las cosas 134.

Nietzsche destruyó a Heidegger filosóficamente, este último así se lo hizo saber a su hijo Hermán, a pesar de ello prefirió las certezas, la consistencia, la pasividad de todas las cosas por medio de la metafísica del “ser”: “ la doctrina del eterno fluir de todas las cosas, en el sentido de una permanente falta de existencia consistente, no puede ser tenida por verdadera; en ella el hombre no puede sostenerse como en algo verdadero porque quedaría entregado a la inconsistencia, al cambio sin fin y a la total destrucción, ya que entonces es imposible algo firme y por lo tanto verdadero”. Por lo tanto negó la realidad de la vida, la libertad de la misma y el acontecer del cosmos, empeñándose que el eterno retorno “fija” al eterno fluir para convertirlo en un pensamiento metafísico 135.

El ente en su totalidad o cosmos es como un río que fluye en el sentido de un devenir, sin embargo por medio de la física y el pensamiento del eterno retorno se determina al devenir, por medio de un encuentro de todos los tiempos, amarrando y desamarrando a todas las identidades apolíneas y dionisíacas, un proceso infinito diría Nietzsche136, comprobable en nuestros tiempos por medio de la ciencia y no, como pensaría Heidegger, sólo notable como profesión de fe nietzscheana 137.

La doctrina del eterno retorno como memoria e historia, marca la necesidad de la unidad de todas las identidades a pesar de su diversidad, la fuente máxima de la libertad y capacidad creativa de la humanidad:

En primer lugar se obtiene el hecho indiscutible de que el pensamiento del eterno retorno ocupa en todas partes el sitio decisivo. Puesto que debe dominar todo, puede, e incluso tiene que ocupar en los diversos planes diferentes sitios y adaptar diferentes formas, para de este modo sostener y conducir él todo desde el punto de vista expositivo de una manera en cada caso diferente y, sin embargo, unitaria. Que esto es lo que ocurre con él puede demostrarse de modo inequívoco por medio de un análisis cuidadoso. No hay huella alguna de un abandono del pensamiento fundamental del eterno retorno” 138.

El eterno retorno no podrá dejarse de tomar en cuenta de ahora en adelante porque el pensamiento humano tiene que lidiar con la realidad que se le presenta, por ello, se convertirá en la forma de pensar natural, en contraposición de pensamientos que no concuerdan con las vivencias humanas y su circunstancia que no tienen tampoco posibilidad de existir 139, más que como cuentos fantásticos. El pensamiento humano simplemente tiene que apelar al ente en su totalidad o cosmos como devenir bajo el esquema del eterno retorno 140, con la posibilidad de mesurar al pensamiento para que el aparente caos de la realidad pueda contestar preguntas 141. El pensamiento humano estará en un mundo aparente, el del no “ser”, inconsistente, que siempre cambia, que emerge y desaparece, pero su realidad, bajo las vivencias humanas, la verdad 142.

La distinción entre el mundo “verdadero” como mundo consistente del mundo “aparente” como mundo inconsistente tiene que reconducirse a “relaciones de valor”. Esto quiere decir: la posición de lo consistente y fijó como aquello que es y la correspondiente posición opuesta de lo inconsistente y cambiante como aquello que no es y sólo es aparente, constituyen una determinada valoración.”143.

Ni la vida, ni nada en el cosmos, se fija o está fijada, como si se pudiera estar seguro de su ser, porque su esencia consiste en enrollarse y desenrollarse como lo hace una serpiente, cuya calma es sólo aparente, tal como la que apreciamos en el cosmos, sin darnos cuenta en el devenir que se padece, haciéndonos perder toda clase de seguridad 144, ya que en la vida se manifiesta el fluir, así como lo describió Nietzsche a través de su filosofía, donde el pensamiento del eterno retorno nos dice que el volver de lo que deviene asegura el devenir de lo que deviene formando las identidades apolíneas o dionisíacas 145.

Pues bien, para Heidegger la consistencia de la doctrina del eterno retorno es la metafísica del ser, le da importancia a conceptos no trascendentes para la vida; pero la consistencia en física es diferente y la podemos apreciar en las identidades apolíneas que siempre estarán mesuradas por las identidades dionisíaca, en una aparente consistencia siempre dinámica, como podemos apreciar al cosmos en su aparente calma 146.

Heidegger considera que el eterno retorno de lo mismo, significa la esencia que tiene que ser en su totalidad, más aún, que el eterno retorno de lo mismo caracteriza al cosmos o ente en su totalidad, conjuntamente con la voluntad de poder como el carácter fundamental del ser, a pesar de que los dos pensamientos de Nietzsche nombren un devenir, está la posibilidad de que lo que se pretenda sea probablemente que este ser que abarcar él todo, sea el ser supremo, como un dios, algo nada trascendente para la vida humana 147. Pero para Nietzsche y para muchos filósofos en este siglo XXI, el eterno retorno y la voluntad de poder no es ningún proyecto metafísico como lo afirmó Heidegger, esto porque no hay un caos en la totalidad del ente o cosmos sino una mesura entre la masa y en la energía, o su equivalente en lo apolíneo y lo dionisíaco, algo que no se nos puede hacer extraño o terrible sino simplemente la aceptación de la realidad, de nuestras vivencias y de la vida en general 148.

Es necesario reflexionar que, constantemente, la idea sobre el ser se convierte en el abuso de dogmas por parte de la metafísica que daban cierto confort a los seres humanos al no hacerse responsables sus actos, en un mundo que se creía de otra forma y que ahora se devela con la ayuda de la ciencia vigente y pensamientos filosóficos como los de Nietzsche que concuerdan con el conocimiento actual. La voluntad de poder y el eterno retorno no tienen contenido metafísico, ya que la misma metafísica es un pensamiento dentro de la física, sólo una posibilidad del pensamiento humano que no puede fundamentarla porque no concuerda con la realidad que podemos describir 149.

A mi parecer, la doctrina Heráclitea del fluir de las cosas se complementa con la del eterno retorno, no es una contradicción como lo afirma Heidegger y menos una contradicción metafísica por parte de Nietzsche; la voluntad de poder es el devenir creativo, sin un fin específico ante la expansión cósmica o la expansión de la vida misma. El eterno retorno es la unión del tiempo, la memoria de todas las identidades, la historia de las mismas en un encadenamiento y al mismo tiempo en un desencadenamiento que permite la libertad y la necesaria alteridad; somos unidos pero libres, estamos en el mismo barco pero con diferentes posibilidades 150.

En su insistencia Heidegger describe la posición metafísica de Nietzsche: “Determinemos la posición metafísica fundamental de Nietzsche por medio de dos proporciones: el carácter fundamental del ente en cuanto tal es “la voluntad de poder”. El ser es “el eterno retorno de lo mismo” 151. “Pero la voluntad de poder es como eterno retorno. En él Nietzsche quiere pensar conjuntamente, en una unidad originaria, ser y devenir, acción y reacción. Con esto tenemos una visión del horizonte metafísico en el que hay que pensar lo que Nietzsche llama gran estilo y, en general, arte”152.

Al conjugar dos pensamientos del eterno retorno de la voluntad de poder, con la física química y biología actual, partimos de un mundo siempre cambiante, de nuestras vidas siempre llenas de acción, de la libertad para que la humanidad trate de superarse a sí misma; experimentamos así la capacidad de podernos lanzar a nuevas posibilidades, porque las cosas brillan bajo la luz del nuevo conocimiento y podrán ser integradas a las nuevas determinaciones 153.

Cualquiera dice fácilmente: el ente “es”, y el ente “deviene”. Cualquiera opina que cualquiera lo comprende. Y sin embargo, hablando así “el hombre danza sobre todas las cosas”. El hombre, tal como se mueve corrientemente, ignorando los ámbitos y los grados del auténtico pensar, necesita esa danza y necesita el palabrerío, y Zaratustra se alegra de ello; pero también sabe que es una apariencia, que ese jardín no es el mundo- “el mundo es profundo-: y más profundo de lo que nunca se pensó el día” 154… “Y sin embargo hay allí un choque. Pero sólo para quien no se queda en observador sino que es el mismo el instante, instante que actúa adentrándose en el futuro y, al hacerlo, no abandona el pasado sino que, por el contrario, lo asume y lo afirma. Quien está en el instante está girando en dos direcciones: para él, pasado y futuro corren uno contra otro” 155.

Los humanos sienten desde su interior y pueden tomar sus propias decisiones, al ser parte del mundo, lo viviente y lo no viviente, entrelazados en una conexión en devenir 156, pueden también estar en la verdad como modo de vida 157, una vida llena de movimiento, de posibilidades, con su derecho al devenir, elevando su libertad y su responsabilidad, llevándola de este modo más allá sí 158. Nos dice Nietzsche que esa condición somos nosotros mismos, con la posibilidad de ser señor de nosotros, llevando la libertad hasta el límite, donde está la libertad de los demás. Así, en el Zaratustra, “En las islas bienaventuradas” se dice159: “…Os enseño la redención de el eterno fluir: el río retorna siempre así en su fluir, y vosotros, los mismos, descendéis siempre en el mismo río” 160. Los humanos ya no son seres encadenados pues de esta forma se han convertido en seres capaces de decidir por su propio juicio, con la posibilidad de labrar su propio destino, para bien o para mal.

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