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La mentira
20
Jul

La mentira

La manifestación de la mentira: 1.

Según los estudiosos de la fenomenología, el objeto intencional (el fenómeno) es una manifestación que aparece, desde esas investigaciones, nosotros vamos a comprobar en lo siguiente que la mentira es un acontecimiento real en tanto que se manifiesta como fenómeno, y que por ello acontece como algo real que no podemos pasar desapercibido. Y es que todo acontecer se deja pensar porque está ligado a una conciencia que lo piensa para darle sentido y también para ser su testimonio, la mentira no sólo aparece, sino que también se oculta, pero su ocultamiento es intencional y por ello es inaccesible para aquel que no conoce las dimensiones de lo que se le oculta. La mentira resulta ser la expresión de un pensamiento que intencionalmente se dirige hacia otro para ser su correlato, se dirige arropada de un acontecimiento “verdadero” que es real porque aparece. Aún cuando hay lenguaje y se cumple cierta conexión como un acontecimiento del nos-otros (Gadamer), hay en la intención de la mentira un intentio anterior al lenguaje, una anticipación, una dimensión donde esa manifestación se torna ambigua e imposible de aprehender a simple vista. La mentira oculta el ser de algo, el del acontecimiento, que sólo se produce hasta que se logra mentir al otro. ¿Cómo es posible que un acontecimiento sea la producción de otro que queda oculto?, ¿Podemos decir que la mentira transgrede toda posibilidad meramente fenoménica? Lo que aparece es lo que está presente, pero detrás de esa manifestación puede haber componentes que no son expuestos o que han quedado escindidos en otros contextos, creemos que la mentira es un ejemplo de ello. Si la fenomenología moderna que comienza con Kant y que toma madurez en Husserl como fenomenología eidética, o sea, como descripción de las esencias que está supedita al acontecimiento del aparecer, queremos radicalizar la investigación fenomenológica entendida como una investigación sobre la mentira, aún cuando no estamos convirtiendo esta investigación en un análisis fenomenológico, ni siguiendo los principio del análisis de las vivencias ortodoxamente. La mentira no es sólo un correlato intencional, también apela a la intención de mentir por aquel que está diseñando una mentira, es que la mentira no miente, miente el sujeto que la produce, por ello queda algo oculto y a su vez es irrenunciable porque acontece.

El presente estudio ha reunido diversos puntos de vista que se enfrentan a problemáticas filosóficas actuales, no es un compendio de pensadores unificados y descontextualizados, dirigidos a servir como simples momentos que brinden cobijo y seguridad en el camino de una teoría solitaria y caprichosa. En realidad está diseñado para funcionar como una máquina de engranes donde el pensamiento –entendido como la estructura que realiza la manipulación del mundo y a su vez la esperanza de su unificación cósmica– pueda enfrentarse a un acontecer para poderlo pensar a través de los menores prejuicios posibles, o sea, sin valorarla moralmente, pero asumiendo que está ahí. La mentira muestra el interés personal de aquel que miente y por ello se muestra egoísta ya que el individuo o comunidad que la ejecutan no salen de sí, sino que permanecen arropados por su propio estatuto de ser. Creemos que existe un intrínseco carácter creativo en el Todo (Cosmos) y el pensamiento es una parte de ello que también es creativo, por esto creemos que cada vez que se miente se violentan las relaciones interpersonales puesto que la mentira es ventajosa, vergonzosa e irresponsable. Deseamos despertar este acontecer bastante peculiar, que los filósofos han problematizado tanto que creemos vale la pena problematizarlo una vez más, pero sin incluir en esta investigación caracteres trascendentales que al final sólo se conviertan en un ropaje hegemónico.

A través de estas páginas nos enfrentaremos a un texto que no desea consolidarse como la verdad de la mentira, sino como una re-producción de las condiciones posibles que integran a las relaciones interpersonales en el esquema de lo oculto.

¿Qué nos ocultan los que nos mienten y de qué manera ese ocultamiento nos separa de la franqueza de nuestras relaciones?, ¿Las relaciones donde interactúa la mentira, son relaciones interesadas?, ¿Cómo entender la religión, la política, la ciencia y la economía desde estas bases epistémicas?

Sabemos que los filósofos nos han dado las herramientas suficientes para pensar en tan importante problemática; pero nosotros observaremos desde fuera dicho acontecer para dar también nuestra aportación a la gran gama de tinta que se ha escrito al respecto. No podemos afirmar que exista un solo acontecimiento, una sola Verdad, un solo Ser, una religión, una política, un principio, una cultura, que avale lo que a continuación el amable lector tendrá en sus manos, pero estamos seguros de que una re-visión de lo dicho anteriormente por el pensamiento interesado por el tema, nos llevará a nuevos resultados o nos enseñará un nuevo camino de investigación. Sabemos que no existe un solo sentido que invalide a los demás, por ello afirmaremos la aparición de la mentira de diversas formas y preguntamos si es sólo el ocultamiento del interés egoísta que manipula a las cosas a conveniencia propia, sea individual o colectiva. Estas preguntas se plantean y replantean en cada rincón, margen, centro y lugar de éste libro. Pensamos que no es posible afirmar una sola respuesta a todo esto, porque detendríamos el carácter del pensamiento, que se despliega en diferencias y se transforma a cada momento. El pensamiento es creativo –produce- e interpretativo –transforma. Se encuentra en la base de un elemento que lo supera y le excede: el cosmos, nosotros apostamos a que si seguimos el desarrollo creativo del cosmos que se despliega en diversidades múltiples, como flujos diversos y dispersos; rechazamos toda estructura de la permanencia, centralista o jerárquica, y afirmamos que si el pensamiento y el cosmos se comportan así, la mentira no sería la causa que desvía estos flujos, sino que se tornaría como aquello que oculta los acontecimientos que ya se han dado, para no reconocerlos y entonces transgredirlos. Es desde ahí que encontramos implicaciones religiosas, políticas, económicas y científicas, tomándolos como los cuatro grandes poderes dominantes hoy por hoy y a su vez afirmándolos a partir de sus relaciones históricas. Filosóficamente nos hemos visto obligados a plantear las implicaciones que estas problemáticas nos han legado y que nos obligan a enfrentar.

Por otro lado y como discusión de vecindad, pensamos que toda la realidad es formal siempre que no esté afirmada por la subjetividad pues ella no la funda. Es decir, que las verdades se expresan a partir de multiplicidades de convenciones que permiten al hombre ubicarse dentro del movimiento y el devenir, por ello toda verdad está expuesta a ser replanteada, reestructurada o desechada. A diferencia de la verdad, la realidad es la expresión desnuda del acontecimiento mismo, como su revelación, su darse intencional y si la mentira antes de ser un desvío es un ocultamiento, es porque llega a trastocar dicha estructura. Pero estas afirmaciones nos llevan a implicaciones muy fuertes y relevantes para el pensamiento y la interacción de los elementos del cosmos, si la mentira es sólo ocultamiento entonces los propios seres mienten al expresarse, pues no pueden decirlo todo; pero en este sentido también mentirían las expresiones lingüísticas, porque siempre queda un posible decir sobre lo ya Dicho. Hay una ocultación lingüística, corporal y fenoménica en toda mentira, pero también hay otras redes que se relacionan con el mentir que deseamos exponer en lo siguiente.

La mentira sería entonces un elemento que se agrega a un sistema ajeno destinado para ejercer cierto poder sobre el Otro, pues elude la responsabilidad de lo comprobable al ocultar sus intenciones personales como un ego dominante y anticipado por su intención personal. Mentir apela a la instauración de una supuesta realidad (la información filtra el acontecimiento, lo oculta al aceptar subordinarse al poder y con ello todo aparecer es ambiguo) aquí se ejecuta un grandioso ejercicio de poder respaldado muchas veces por la amenaza. Se miente también cuando se falta a un acuerdo, pues sin el acuerdo no hay que traicionar u ocultar algo, sin acuerdo no existe nada que pueda ser valorado como verdad o mentira (la verdad como acontecimiento –como acuerdo- es anterior a la ocultación de éste, se miente sobre un acuerdo que se ha aceptado realizar). Por tanto, la verdad es el cumplimiento de un acontecer y la producción de un acontecimiento mismo, o sea, de corresponder coherentemente con lo sucedido, mientras que la mentira provoca el fracaso y la ruptura del acuerdo (ocultamiento de un fenómeno por el deseo de borrar el acontecimiento de su estatuto de Ser).

La mentira plantea la soledad del yo y del pensamiento, es hipostática, en el sentido de que la existencia del existente al cual le pertenece el ocultamiento, no puede pensar en el Otro porque nunca ha salido de sí, incluso el diálogo que miente oculta en medio de sus palabras una posible interrelación. Hay en el egoísmo que proviene de la lectura sustancialita del ego cartesiano, una especie de autosuficiencia abstracta o metafísica, que no deja bajar al sujeto a la realidad del mundo, para convertirse responsablemente en un interlocutor. El egoísmo de la mentira es el comienzo de la división entre la armonía del Uno y el Todo (ocultación de la armonía cósmica).

La mentira realiza una ruptura de la armonía del cosmos que se despliega en la reconducción de la verdad como flujo de éste y de la mesura que es la experimentación de la realidad desde una perspectiva que no es caótica (lo veremos adelante). El mentir también implica una instauración –deseamos que se crea en lo que decimos- que afecta directamente el plano en el que nos encontramos en la realidad y que estamos orillados a seguir afirmando.

Mesura 2. 1 y creatividad del Uno-Todo (perspectiva eidética):

Todo comienzo es el testimonio de un devenir de lo mismo. Lo mismo es todo ser que tiene existencia y que está destinado a ser sí mismo. El cosmos y el pensamiento revelan formalmente esta estructura, pues cada uno se despliega por fuerza propia desde su interior. Leibniz había caracterizado a la sustancia individual como la responsable de sus acciones – ella las origina – con ello abre la posibilidad de no recurrir a algo distinto del hombre para fundamentar los acontecimientos mismos, pero Leibniz se detuvo al enfrentarse al problema teológico de la transustanciación y cae en un problema trascendental. Evitaremos afirmar una culpa anterior a nuestra existencia, con el objetivo de darle la cara a nuestros propios errores –sociales e individuales- dentro de nuestras interrelaciones culturales, históricas y linguísticas, todo ello posible hasta que aceptemos que nos pertenece a nosotros mismos lo que hemos ocasionado.

Si el pensamiento es creativo y puede manipular las acciones, afirmar una estructura general donde incluir al pensamiento significa ubicarlo, y ubicar al pensamiento implica irrumpir su posibilidad de ser creativo. Aquí se pensará al pensamiento como una dimensión que implica abrir las posibilidades para nuevas formas de categorización, es que concebir esta fuerza desligada de fundamentos trascendentales nos adentra a la capacidad creativa tanto del Todo como del Uno, y evitamos caer en la tentación antropomórfica que domina el lugar central que el mismo hombre se ha dado en el cosmos. Desechamos todo dominio del centro. Este devenir se traduce en creatividad y deviene en nuevas producciones, producir significa realizar una efectuación del ser (seiendes), exponerlo y revelarlo. Toda estructura cósmica expone, revela y efectúa al ser: es mesurada, porque en ella se hallan todos los componentes que la conforman y cada componente se mueve dentro de sus propios espacios y naturaleza, sin lugar al cual dirigirse pero siempre ocupando su propio lugar. Así; la creatividad del cosmos es un constante flujo que se transforma en su propio devenir, sin dejar de ser el mismo. Por ello el pensamiento y lo cósmico abren la manifestación de diversas historias paralelas, porque la creación de un principio abre la estructura de lo mismo que cambia sin dejar de ser lo mismo. En la creatividad se expresa el movimiento y la historia, pero toda historia es un comienzo que se bifurca en diversos andamiajes, que se repliega sobre las diferencias que le acontecen y que se introduce a cada momento en cavernas oscuras, en salones vacíos, en cartografías o mapas, en series racionales o inconscientes a partir de su propio proceso dinámico, explica el hecho de que a una entidad le avienen una serie de percepciones a las que no siempre conoce o no hace conscientes, donde a algunas les da la espalda y le son extrañas, donde una serie de sentimientos se encuentran en un organismo para cargar con ellos, la afectividad, el frío de la mesa, la dureza de las paredes que nos rodean, la fragilidad de los cristales, la mano que acaricia, los ojos que miran a la amada, el sonido del mar, el amor de los hijos, etc. Pero sobre todo desde su contacto con el Todo, la creatividad del pensamiento no está supeditada a una interacción con el mundo fundamentada únicamente por el conocimiento lineal y deductivo.

Toda historia es la puerta y ventana a nuevas historias, es expansión indeterminada e infinita y por ello no es central. Una historia es un momento prestado del cosmos, que sirve al pensamiento para devenir en movimientos infinitos, porque es en el pensamiento que la historia se puede pensar, (aquí el pensamiento deja de ser un simple lugar que espera pasivamente las expresiones del mundo en el que se encuentra), nos separamos de la visión cartesiana donde el pensamiento es un receptáculo en el que se ponían simplemente las ideas, queremos hacer evidente que en el cosmos y el pensamiento hay continuidad y mesura, cambio. Continuidad porque se pliega y repliega transformándose sobre sí –pero que no es dialéctica propiamente- en ello radica su infinitud, y mesura porque su propia identidad es diversa “cada uno de nosotros, como todo el mundo, es ya varias personas2” nos dice Deleuze al respecto.

Le llamaremos mesura a la interacción entre lo absoluto y lo relativo, a la ambigüedad que no es potencia ni acto, al ente que oscila entre el Ser y lo que no es. Esta redefinición de la mesura, nos enseña la posibilidad que todo ser tiene para transformarse en su siguiente condición posible, de ser lo Otro de sí mismo sin estar atrapado en los binomios antiguos que limitaban la condición creativa del pensamiento, es que es muy fácil pensar que lo bello es opuesto a lo feo, que lo blanco no es lo negro y que lo alto es lo contrario de lo bajo. La mesura es el testimonio del movimiento y la permanencia. Por ello decimos que el cosmos es mesurado, porque puede ser ubicado por el pensamiento cuando le presta un momento aún cuando continúe su devenir creativo. El pensamiento y el Cosmos son dos estructuras de la mesura que forman series que se engranan aún cuando existe una diversidad de planos en el Todo. El pensamiento como unidad es un plano relativo del cosmos, pero como creatividad es el reflejo del devenir relativo, o sea, mesurado.

La actualización del Cosmos se refleja en el pensamiento, el cosmos es pensado por su único correlato y es allí donde interactúan. El cosmos es ubicado en un momento y para darle continuidad, el pensamiento crea grupos de conexiones que realizan mapas, engranes, series… todas ellas evidencias de una conexión de coherencia que testimonian el acontecimiento de la interacción. Hay coherencia entre el cosmos y el pensamiento, formal, interactiva y estructural.

  1. Formalmente porque ambos se encuentran en un constante despliegue creativo
  2. Interactivamente porque sin el pensamiento no habría nada que pensara al cosmos y sin el cosmos no habría algo que pudiera ser pensado.
  3. Estructuralmente porque continúan siendo los mismos, a pesar de los cambios en el esquema de su propio ser.

Con esto no decimos que cada acontecimiento de lo que es, en el pensamiento o de la creatividad del cosmos, sea ubicado y petrificado por la experiencia. Debe quedar claro que cada momento del acontecimiento es diferente, porque su correlato se expresa desde un estado paralelo que se transfiere a cada instante a otra parte de sí comportándose como flujos. Esto es que, cada acontecimiento que experimenta el pensamiento es irrepetible porque todo lo que observa se ha transformado incluso desde el instante mismo en el que se observó.

El pensamiento es mesurado porque no sólo piensa el caos, sino que lo piensa para representarlo y en esa representación accede a una imagen de éste la cual ya posee. Hay coherencia entre el pensamiento y el cosmos que se demuestra en la huella que las apariciones dejan como parte integrante de la constitución del pensamiento. Éste se enfrenta a los objetos a partir de los cuales realiza imágenes después de la experiencia y los almacena en su memoria, por ello todo lo que rodea al pensamiento tiene el carácter de ser pensado, y lo pensado se agrega como un dato nuevo que origina cambios en su constitución.

El estado del pensamiento radica en su consistencia experimental, donde se encuentran las categorías anteriores y nuevas. Las categorías son los filtros que utiliza para relacionarse con el mundo, al presentarse nuevas formas que no pueden ser anexadas claramente, el pensamiento tendrá que crear nuevos registros e interactuar con el objeto extraño a partir de una reestructuración categórica.

La coherencia que existe entre lo pensado –el cosmos– y lo que piensa –el pensamiento– le hemos nombrado “continuidad paralela” ésta apela al principio fenomenológico correlativo que describe el proceso conciencia-fenómeno concebidos como entidades separadas, o sea, como elementos que se asisten para lograr –desde su relación- la conexión que la experiencia necesita, a su vez, para ser experiencia que experimenta algo. La continuidad paralela nos habla de la condición de irreductibilidad que a cada elemento pertenece, como fenómenos posibles de pensar. Por ello el pensamiento es mesurado, porque puede pensar el movimiento, le toma prestado un momento y en ese momento interactúan lo absoluto y lo relativo, la potencia y el acto, el ser y lo que no es, sin perder cada uno su estatuto de ser, o sea, siendo cada uno lo mismo, pero ya diferentes. La mesura del pensamiento se transforma aquí en la mesura del cosmos –comparten una estructura común- y cada vez que pensamos, pensamos una parte del cosmos.

Al advertir la mesura del pensamiento –que es la del cosmos– apelamos a que un acontecimiento no es posible sin estos dos elementos: noesis (pensamiento) noema (cosmos) a través del estado de la mesura –lo infinito-indeterminado pero constante– existe entre el Uno-Todo acontecimientos, miradas, engranes, lazos que son movimientos indefinidos en rasgos diagramáticos, sincrónicos y diacrónicos, juntos y separados… con esto, nos separamos de las concepciones sustancialistas.

El pensamiento es entonces una estructura mesurada que experimenta entidades ajenas a su ser y las anexa como partes que le constituyen. Toda experiencia ajena al pensamiento aparece como una novedad que es conectada a través de las estructuras de las categorías que el pensamiento ha creado anteriormente. Cuando dicha experiencia no puede ser accesible por medio de ese campo, el pensamiento tendrá que recrear nuevas series intencionalmente, de manera que la experiencia nueva no escape a una posible categorización. Este ejercicio abre posibilidades nuevas para diferentes formas de pensar el Cosmos, de modo que aún teniendo ciertos esquemas para conectarse con el mundo, no existe una estructura a priori, o cerrada hacia la cual se reduzcan todas las apariciones.

Pensar así la estructura del pensamiento –como un continente abierto que no encierra para sí los objetos– nos evita el problema de quedar atrapados en las redes ontológicas y restrictivas que sólo se dirigen hacia las cosas a partir de la representación de sí. En la renovación del pensamiento consiste su creatividad, y en el poder pensar las diferentes esferas del cosmos, consiste su mesura. El cosmos y el pensamiento son los huéspedes de una comunidad experimentadora (pensamiento que piensa el cosmos y cosmos pensado por el pensamiento) pues como continuidades paralelas coherentes entre sí, no se asiste a una esfera determinada y específica. Por ello, el cosmos es lo infinito-indeterminado y el pensamiento su testimonio.

Hemos desarrollado hasta aquí un modelo que desvanece los centros, creemos que la astronomía muestra dicha estructura, pues en el espacio no existe un momento central con privilegios, sino que el Todo está en un constante cambio y re-ordenamiento. Un Otro imperceptible, un devenir de lo Mismo.

Pensamos que no existe un punto central en el cosmos, y por ello todo pensamiento que apele a un centro está destinado a convertirse en una estructura dogmática. Hemos dicho que el pensamiento expresa el devenir del Todo y que en ello consiste su carácter creativo. La creatividad no sólo refiere a una capacidad de hacer, sino que testimonia la capacidad por producir, esta producción no es simplemente la producción de una idea o de algún objeto, la primera es una capacidad y la segunda un quehacer. En la producción se expresa la condición de posibilidad de toda acción que presenta alguna novedad o que agrega algo a lo que es.

Es por ello que no existe más realidad que aquella que se da a pensar, aquella que nos rodea. Por esto toda teoría debe ser una instancia del mundo y si apela a estructuras abstractas inaplicables es inservible. El pensamiento debe estar fundado en un principio básico que explique una entidad irrenunciable, a decir –vecindad con la fenomenología husserliana– que todo lo que aparece se dirige en su aparición hacia algo a lo que aparece y sólo así se puede dar el acontecimiento del pensar. Por ello todo el cosmos (la estructura del Todo) es admisible a partir de un mutuo darse entre la estructura de lo pensable y la dirección del pensamiento (lo Uno) y esta interacción sustancial no sólo da como resultado una producción: de ideas, acontecimientos, vivencias, recuerdos, etc., sino que en esa creatividad del pensamiento se atestigua la capacidad para producir, o sea, de ser producción. Donde producción, será entendida como el resultado de lo pensado, el agregar lo no acontecido al estatus de acontecimiento, el producir pensamientos que indican piezas que se anexan a una estructura específica.

La preocupación del presente libro radica en pensar al pensamiento, sí, pero pensarlo en ese acontecer creativo que se ejecuta sobre las diversas apariciones del cosmos para revestirlas, no de interpretación sino cuando cruza el umbral de lo interpretable, cuando oculta el acontecimiento mismo y lo encierra para manipularlo. Pensar al pensamiento desde la creación intencional de la mentira, esa es la finalidad de éste discurso.

3. Pensamiento e individualidad:

Esta trabazón o acomodación de todas las cosas creadas a cada una en particular y de cada una a todas las demás, hace que cada sustancia simple tenga respectos que expresan todas las demás; y que ella sea, por consiguiente, un perpetuo espejo viviente del universo

Leibniz. Monadología. # 56

Las multiplicidades ordenadas de Leibniz nos acercan a la concepción del Uno-Todo como conjunto y como individuación. Explican el hecho de que un individuo es el mismo para sí como unidad en su propio acto de existir, pero al ser idéntico a sí es diferente a los demás. Este planteamiento de la diferencia expone el conjunto donde el individuo mantiene sus pies, que sobrevive a partir del todo en el que se encuentra, o sea, que no es una unidad separada de lo otro, sino que es con lo Otro que el individuo se conforma como tal. Existe una correspondencia radical, primaria y esencial entre el estar-en-el-mundo (en el sentido en el que lo piensa Martín Heidegger), el mundo y el individuo como cuerpo. El primero refiere a su estatus ontológico, el segundo a un estado anterior a cualquier existencia y el tercero a su hipóstasis de ser, pero éstas no son tres partes de un todo, son un Todo manifiesto en tres momentos, así como el aire que respira, la comida de la que se alimenta, la casa donde habita, la madera con la que cubre sus techos, la tierra donde se cultiva, etc. A la estructura Uno-Todo donde el pensamiento se sabe parte de un algo más amplio y que no existen individuos autosuficientes pues cada uno es respecto al Otro y lo Otro con respecto al Mismo para sí, pero además el sí mismo respecto a su cuerpo que depende del funcionamiento del Todo, refiere lo que llamamos el Yo-relativo. Pensamos que la concepción Leibniciana es un comienzo de lo que nosotros queremos explicar aquí, la oposición orden y desorden – su estructura binómica – no lo explica todo, ya que ésta explicación sólo se encarga del movimiento desde esquemas opuestos radicalmente, cuando el pensamiento mismo es una estructura con inmensas variables. La noción de mesura explica la ambigüedad del movimiento pues no es lo que se encuentra petrificado ni lo que está disuelto siempre.

Frente al pensamiento cartesiano que fundamenta los actos del sujeto dentro de una línea causalista externa y determinante separada absolutamente del entorno fáctico; Leibniz introducirá al individuo en su interioridad y será a él a quien recurrimos cuando un acontecimiento se ha manipulado (al mentir la mentira es ejecutada por un individuo). Pensamos al respecto que esta noción es más responsable que la cartesiana, pues la culpa de la existencia cae en el sujeto mismo y no en el esquema creacionista que terminaría culpando a la religión o en el caso más profundo, a la falta de Dios sustituyendo a los actos del hombre. Al renunciar a la concepción determinista donde lo divino es el autor de las acciones del mundo, el sujeto se encuentra enceguecido por un poder absoluto y por ello alienado incluso de sus propias acciones. La monada Leibniciana abre el entorno creativo al pensamiento como expresión de su propio ser, pero además le libera de la concepción sustancialista entendida como única, autosuficiente y divina. Fundamos entonces una filosofía de lo diverso-creativo y es desde esa concepción que nosotros avanzaremos en el presente trabajo que hemos iniciado.

Decía Artaud en Seguridad general, la liquidación del opio3 que cuando el poder impone leyes para contrarrestar los deseos de los individuos que conforman el Estado, estos buscarán los medios para sobrepasar las limitaciones que se les han configurado, de manera que el suprimir un medio para obtener los placeres del Otro, induce a éstos a la creación de nuevas instancias donde puedan obtener dichos placeres. La muerte de Dios nietzscheana nos ha mostrado esta terrible soledad, pero a su vez nos ha obligado a la responsabilidad de la existencia. El creacionismo de Huidobro, Ezra Pound, Pessoa y demás poetas que detectan en la conciencia la creatividad del todo son un ejemplo más al respecto, pues la categoría humana del crear ya no le es concedida a Dios o a lo divino, sino que es fáctica, y desde ese modelo, toda vez que existe la mentira existe por nosotros mismos pues somos sus creadores.

Esto nos debe lanzar hacia la convicción fuertemente responsable de que no somos parte de una totalidad absoluta que nos transgrede como individuos, sino que es el hecho mismo de lo individual lo que funciona como un todo en el que sus partes son redes de diferencias y que existen dichas diferencias porque existen identidades. Desde el anarquismo de Proudhon hasta la transfenomenología levinasiana, somos testigos de esta resistencia de lo individual a lo colectivo-abstracto. Pero debemos afirmar una identidad que denuncie la pobreza, el simplismo y la violencia de los sistemas reductores de las entidades particulares a unos meros homólogos o complementos del existir. Debemos afirmar la diversidad infinita y cambiante de lo Mismo y la posibilidad de experimentar nuevos modos de composición y producción de estas identidades. El vitalismo nietzscheano nos ha dejado claro que cualquier hombre tiene percepciones, con ello sabemos que esas percepciones consisten en una estructura de input-output, conciencia- realidad. Todos los seres tienen la capacidad de captar el Todo, el cosmos, desde su propio punto de vista, esto no invalida las percepciones de los demás sino que afirma la presencia de las diferencias y su validez especial. En El yo y la totalidad Lévinas nos lo ha dejado claro “Un ser particular sólo puede tomarse por una totalidad si carece de pensamiento. No se trata de que se equivoque, de que piense mal o delire, es que no piensa4”es que cada vez que se incluyen las identidades particulares en un todo que se afirma, le domina, porque todas las alteridades se borran y cada uno es lo mismo para todo. No podemos permitir que sigamos produciendo esa imagen de pensamiento.

Por su parte, Franz Rosenzweig nos ha dicho en su bello libro La estrella de la redención, que las estructuras dominantes han creado formas de pensamiento dispuestas a manipular funciones entre las relaciones ideológicas nacionales. Si el dominio de los problemas de identidad y diferencia están consolidados desde Europa, específicamente en el pensamiento alemán que se instaura como ideología filosófica poderosa con la Enciclopedia y la Filosofía del derecho Hegel, eso no significa que las individualidades marginadas, como los países latinoamericanos, judíos, negros, homosexuales, las mujeres no puedan pensar como ellos. Según el filósofo judío el pensar desde lo marginal implica pensar lo que le es imposible pensar al centro, o sea, la afirmación de una creatividad que se expresa como parte de una totalidad en la que no está perdido ni mucho menos, sino a partir de la cual comienza a crear figuras nuevas del pensamiento para reactivar el pensar.

La afirmación de la individualidad en el seno del Todo es un ejercicio arduo y difícil. El citado Rosenzweig, Martin Bubber, la escuela de Frankfurt, Pierre Ánsart, Emmanuel Lévinas, Claudio Martini, Félix Guattari, Gilles Deleuze, Michel Foucault, Klossovski, Alberto Sucassas, María Teresa de la Garza, Hugo Zemelman, Étienne de la Boétie, Joan Bautista Llenares, Tomás Calvo Martínez y un sin fin de singularidades que han puesto sus energías en esta convicción: Existe una resistencia de lo singular hacia lo general, pues no puede ser poseída por el todo ya que la creatividad del pensamiento impide generalizarlo y dominarlo por la definición y determinación.

Marcel Detienne ha dicho fabulosamente que hemos heredado ciertas concepciones griegas que nos dejan ver una realidad con ciertos contornos y predisposiciones. Se trata entonces de salir del mundo griego determinantemente y comenzar a crear desde nuestras singularidades, para llegar a nuevos resultados. Si analizamos el entorno donde se encuentra Platón, Aristóteles, Tucídides, Parménides, Anaximandro, etc., nos daremos cuenta que no sólo es diferente al nuestro por ser lejano en el tiempo, sino que ha pasado algo en otros estratos del pensamiento como la poesía, el mito, la historia, la medicina, que descubren la necesidad del manejo de ciertos conceptos y que cambian los engranes que determinan una concepción del mundo.

Los griegos tenían la esperanza de poder explicar el Todo (αργε), buscaban un principio único desde el cual se comprendieran las individualidades, en realidad Grecia no se plantea propiamente el problema de lo individual, pero el surgimiento de la subjetividad en la modernidad funciona como un elemento que asiste al socorro de éstos auxiliándolos y evitando su caída definitiva, y es que el fundamento último sólo cambia de forma, el principio fundante es ahora el sujeto (Descartes) y lo que se ha logrado es únicamente cambiar de ropajes. Estos dos fundamentos (el griego y el moderno) siguen conservando su hegemonía al ser centrales y el último momento del conocimiento, por tanto, nunca se sale de dicha estructura, sólo se le cambia la forma y el pensamiento es limitado por tener un solo lugar desde donde pensar. Michel Foucault detecta que estas instauraciones de figuras del pensamiento no son gratuitas. La universidad cumple con una función muy importante al respecto, pues al darnos a leer ciertos autores, ciertos textos, ciertos artículos, dejamos de leer tantos otros, que podríamos muy bien estar hablando perfectamente de otra cosa si los programas educativos fueran otros. En eso consiste la política educativa, en una determinación masificada de las ideas de los educandos, donde se les muestra un camino posible, pero difícilmente se les hace saber que existen otros y que no es dañino pensar diferente.

Cada cosa en el cosmos ha tenido su propio proceso creativo, por ello existe, y tiene tanto ser como cualquier otro. Cada vez que nombramos de cierta manera a un ente, dejamos de nombrarlo de otra y nuestra concepción sobre ella se dibuja determinante. Desde el υποκειμενον (hipokeimenon) griego, el subjectum latino hasta el individuo moral y social contemporáneo existen diversas concepciones que se resisten a ser totalizadas (lo veremos después), además que esas nociones han sido expresadas y entendidas distintamente aún cuando refieran a una entidad particular. Somos individualidades –indivisibilidades– que no están arraigadas a una prisión en la que definitivamente se borren para ser generalizadas. Cada uno tiene su propio ser de la misma manera que los demás. Recordemos el bello libro de Alain Finkielkraut “Una voz viene de la otra orilla” donde nos llama la atención sobre ello. La muerte de los más de 40,000 judíos en los campos de concentración nazi es un ejemplo de la responsabilidad que el hombre tiene no sólo con los de su clase, sino con todos los habitantes del mundo ¿Porqué? Por que talvez estemos ocupando el lugar de Otro que pudo hacerlo mejor y no somos cada uno de nosotros la mejor manifestación de la razón para que todos tengan que incluirse con nosotros. Ya estamos incluidos todos como seres iguales, las divisiones centralistas son ilusiones del pensamiento que se inventa sus propios márgenes y que intenta instaurarse como ideología dominante. Porque todo centro inventa sus propias periferias. Antes de que el hombre cree las divisiones en clases sociales, en castas, en grupos, cada uno tiene el mismo valor que cualquier otro, por ello las divisiones responden a una creación egoísta de la imagen del hombre en el supuesto lugar que le pertenece en el mundo, todo centro inventa sus propias periferias.

4. Ruptura de los binomios:

Si ya hemos puesto en riesgo el pensamiento que proviene de Grecia, pongamos ahora en tela de juicio la estructura de su lógica. El pensamiento clásico sigue afirmando implícitamente la universalidad de los binomios como opuestos naturales a los objetos problemáticos del pensamiento, además que está convencido de que es a partir de la infinita combinación de estas fórmulas que llegaremos a resolverlos. Nosotros pensamos que estas estructuraciones son insuficientes para explicar el acontecer de las cosas, además de que no existe una lógica sino diversas formas de afrontar la estructura de las relaciones de las cosas.

En lo siguiente hablaremos de lo diverso y de lo diferente, para mostrar que estas nociones, que son ajenas a la lógica centralista, son alteraciones constitutivas de la diversidad y de la diferencia que se muestran como entidades que alteran cualquier noción que se pretende completa, definida, suficiente (la arcaica imagen de la esencia occidental), con ello queremos demostrar que dentro de las interrelaciones y desde la forma como toda relación de particularidades se constituyen, las relaciones son posibles y los seres que las asisten, sufren la alteración de dicha alteridad que supone una relación, por ello no pueden ser autosuficientes y existe un movimiento y transformación de su ser. Creemos que toda relación advierte una diferencia específica y desde ahí las diferencias mismas acogen la significatividad de conceptos alternos en un plano que comparten abriéndose a nuevos significados y a diferentes contextos, con esto mostramos que todo concepto obliga a continuar con su proceso creativo como flujo de diferencias en una totalidad que no lo hunde en la definición.

Afirmamos fuertemente que los procesos de pensamiento –general o particular- están integrados a una red temporal, histórica o cultural, además que éstas no son las únicas posibilidades para pensar, pues la capacidad del pensamiento está ligada al cuerpo y éste está permeado por las circunstancias que rodean al individuo particular, por ello no existe una noción universal para referirnos al desarrollo del pensamiento. El pensamiento está preformado por conceptos (Gadamer) y los conceptos son insignificantes –sin significación propia– pues únicamente significan en su referirse hacia una aplicación y una serie de elementos que lo ponen a pensar (Deleuze).

El contacto entre el pensamiento y el concepto es inseparable –el pensamiento habla- pues esa vecindad hace posible abrir el pensamiento al mundo mismo.

Sólo cuando tengamos la actitud de sabernos dentro de una estructura5 de diferencias en las que no existen jerarquías que anteceden a las relaciones de los hombres, será el momento preciso para mostrar que el pensamiento no debe instaurarse como una simple dialéctica entre mensaje y respuesta, y que la pretensión de reunir en efusivas pinceladas cierta erudición inútil e infructífera no es fundamento ni contra-argumento para devaluar el discurso del otro, pues ya están superados. Esto significa separarse de las imposiciones que delimitan, autorizan y clasifican para aceptar o rechazar a ciertos individuos –en las Universidades, por ejemplo, se eligen a los interlocutores dándole exclusividad y preferencia sobre otros– aquí se anticipa la autoridad y le pertenece a ciertos individuos o grupos de individuos particulares, haciendo a partir de ellos diferencias jerarquizadas. Queremos mostrar que es posible rechazar eso que llamaba Lacan “el supuesto objeto del saber” y a su vez criticarlos, en aras de producir nuevas formas de pensar, pero sobre todo para romper los límites que no nos dejan hacerlo libremente. Nuestra tarea está dirigida a la destrucción de los discursos dominantes como tópicos imperativos que dominan el pensamiento.

Habrá que tomar en cuenta que en este apartado intentamos romper con la tradición que afirma la naturalidad de lo opuesto, como única esfera de sintomatologización o como la única esfera capacitada para determinar las apariciones del Todo. Intentamos separarnos de la tradición griega entendida como aquella que ha diseñado a sus interlocutores y con aquello que ni siquiera desea interactuar, esto nos obliga a buscar desde sus bases las debilidades o imposturas que el pensamiento ha heredado a partir de aquella concepción, por ello es necesario reconocer que el cosmos sobrepasa la cuadratura de la definición lógica, por que desde su estructura y coherencia con el pensamiento se demuestran las debilidades de la lógica clásica. Hemos dicho que su estructura no puede ser entendida a través de la imagen binómica del pensamiento antiguo, siendo por ello una dimensión que puede desenmascarar las instauraciones que ciertos discursos han creado a través de la historia.

La propuesta se fija en desestructurar las bases del pensamiento que afirma la existencia de una entidad central (sujeto, dios, esencia, o cualquiera de sus diversos ropajes) autosuficiente y subsistente a todas las categorías secundarias que sólo se pueden dar a partir de ella y que únicamente alcanzan el grado de ser cuando hay una esencia que las antecede o las causa. Creemos que esa concepción es uno de las limitantes de la creatividad del pensamiento.

¿Cómo desestructurar las bases de un pensamiento milenario, que ha producido tantas perspectivas, que aún dispares se conservan las relaciones lógicas instauradas por ellos? A partir de la movilidad de los conceptos, desde donde se despliega la desarticulación de toda palabra estable. En común encontramos que la afirmación del concepto como entidad que encarna a la mesura en su acontecer mismo, o sea, en transformación y ambigüedad constante, no sólo aleja de la noción de un centro presencial, sino que nos obliga a introducir categorías que el pensamiento dominante no pudo pensar.

El concepto mesurado deja de ser una estructura estable y poseedora de la esencia del objeto que representa, para entonces tomar el lugar de una huella en movimiento que es únicamente el resultado de dicha representación. El concepto de la mesura es un conjunto de rastros sin dirección precisa, marcas de un camino que aparece o desaparece, con turbulencias que abren posibilidades manifiestas en la diversidad del acontecimiento, muestra las pistas y se mantiene abierto a nuevas significaciones (es una construcción lingüística, una convención cultural y tiene un principio y final en la historia6) es una aplicación mientras que no es una determinación, pues abre infinidad de posibilidades y perspectivas al descubrir lo oculto del pensamiento establecido.

Este trabajo es una protesta desde un pensamiento difícil que viene al auxilio de la relatividad interpretada con ciertas facilidades y superficialidades. La relatividad no es relativa, es mesurada. Es un contraargumento para los que privilegian la ontologización de los entes afirmando al lenguaje como una estructura cerrada, como la única entidad que puede acceder a la Verdad, ya que esto deja marginada a toda pretensión que no entre en sus esquemas.

Todo discurso que pretende lo permanente es una manipulación de aquello que no aparece en su propio discurso, un asesinato de la diferencia, o sea, una ontología xenofóbica.

5. Diferencia, constitución y transitividad:

Las últimas palabras del poeta italiano Cesare Pavese irrumpen con toda lógica del concepto, son una afirmación de la violencia del acontecimiento mismo y el desdoblamiento, la fuerza, pues dan un paso más allá de lo que permiten los límites semánticos. Pavese se despide de la lengua con su propio esqueleto, al decir – con palabras, comunicación, signos – en la ruptura de la hoja en blanco que “basta de palabras… no hay nada más que escribir”. Las consecuencias de este acto desarticulan toda lógica pues reflejan el acontecimiento desde el exterior del acontecimiento mismo, es que Pavese después de lo dicho se mató. ¿Se ha terminado la lengua y con ella han finalizado las descripciones que el concepto puede realizar?, ¿es un Apocalipsis o el principio que exige una lengua diferente? ¿Se ha acabado la lengua para Pavese? Si es así, por qué seguimos hablando de un acontecimiento que renuncia al decir a través de un individuo que ha dejado de hablar, pero que seguimos hablando de él, leyendo sus palabras y hablando sobre sus textos. Esto es indecible… ¿Cómo decirlo propiamente u ontologizarlo? ¿Es posible fijar esto?, no hay nada que decir, Pavese acabó con la lengua al entregar su vida y callarse para siempre. Esto refleja la nostalgia del presente, donde ubicamos al pensamiento contemporáneo, en su aventura que traducimos como la búsqueda perpetua por el acontecimiento7.

Después de esto caracterizaremos a lo diferente como aquello en donde se expresa la capacidad de lo transitivo, la diferencia tras-pasa al ser hipostático en su presentificación hacia lo Otro, pero también afirmamos que ese movimiento conserva su propio lugar en el acto de transición. El ser no explota, ni desaparece, se dirige en su presentarse hacia lo Otro, se da. Encontramos en la escritura un ejemplo del concepto que no se encuentra solo –en la escritura se cumple el modelo de la transferencia del ser– pues está ya significando respecto a una gama de conceptos alineados, dispersos, en sus propias constituciones que a su vez se unen con otros que son lo diferente para sí. La escritura entonces es también transitiva y en ella se construye el concepto.

En la comunicación se perfila el arte del concepto, se expone el pensamiento –su realidad está pulida por sus condiciones de posibilidad– la convención influye para esculpirlo porque todo concepto tiene partes que lo constituyen y lo redifican con otros que no han sido eliminados. A esas partículas Deleuze le llama componentes. Los componentes de los conceptos hacen posible sus significados diversos, los hacen diferentes – la lengua no es una estructura unitaria y estable – la diferencia es la constitución de éstos como la posibilidad de un acercamiento, es un dar. Se pasa un significado a otro para formar su nueva significación, nada queda parado, es nuevamente una transitividad dirigida hacia otra parte, hacia lo Otro de su ser. Para esa transitividad que recibe apelamos al pensamiento de Lévinas y a su concepción de la acogida.

Creemos que toda transición muestra un movimiento que describe el recibir del uno, así como del otro, en sus constituciones y hacia una entidad constituida que lo sobrepasa y antecede (el ser de lo otro es anterior al ser del mismo) pero en la transitividad existe una enseñanza, que se traduce en la presencia en él de algo inimaginable, el otro nos enseña aquello a lo que no tenemos acceso por nosotros mismos.

Rechazamos todo discurso que afirma poder <<ver>> perfectamente la <<Verdad>> de los fenómenos en un entorno iluminado por la luz de la razón. Reprobamos la marginación de lo Otro, de su sistema: la obscuridad, lo que no aparece, lo diferente del legado platónico y aristotélico, puede ser una buena estructura para comenzar a pensar.

Si analizamos el lugar que ha ocupado la figura de la oscuridad en el contexto occidental, da la inmediata impresión que está ligada a la visión – al ojo – y ese lugar representa la dimensión donde éste último perece. La manifestación de la oscuridad engloba las diferencias e irrumpe el movimiento para cerrar la visión a un punto oscuro, negro, falto de pigmentos y falto de color. El ojo está abierto pero en silencio, el ojo está muerto. Ha quedado un solo cuadro donde los seres individuales se han difuminado, donde la cosa, el ente se ha perdido, donde sólo se ha instaurado lo Uno, según Occidente, lo Mismo. La oscuridad esconde los matices, matices dirigidos al ojo, donde nadie se sabe, nadie puede encontrarse, pues no hay algo que buscar. Los colores se han perdido y en su falta los contornos se han borrado. Violación de siluetas donde el frente penetra por la espalda, sodomización de los lugares donde alguna vez se separaron las distancias. La oscuridad griega devela al Todo como un Uno sin diferencias, como lo que permanece lo mismo a pesar de lo Otro porque lo posee en la representación. La figura que ha diseñado occidente respecto a la oscuridad ligada al ojo funciona como extensión del egoísmo radical que significa la mismidad de una sustancia permanente, donde lo diferente ha sido devorado por éste.

Nosotros creemos que la oscuridad como figura de lo mismo tiene también una diferencia a la que no subordina, lo Otro de la oscuridad debe encontrarse forzosamente fuera de ella, pues en su vientre todo es lo mismo – lugar común, pero no su binomio natural y universal – la oscuridad se maneja como opuesta a la luz y el modelo de este binomio es la caverna platónica.

Si nos adentramos a ella y nos enfrentamos en la función que despliega, nos daremos cuenta de que la diferencia, la alteridad, lo Otro de los seres, se encuentra perdida en sus propias sombras y que sólo es posible distinguir hasta la llegada hacia la luz que deja ver para identificar (Platón, Aristóteles, Descartes) – es ahí que todos recuperan sus contornos perdidos y donde la diferencia se manifiesta como coloración de sus cuerpos. Así la luz permite ver, distinguir y dar sentido a cada manifestación, la luz (razón) es el elemento que permite al pensamiento pensar que posee la Verdad de la cosa que re-presenta porque la tiene antes sus ojos. ¿No estaríamos con esto pensando que la razón está subordinada a lo que podemos distinguir? ¿No es posible otro contacto con el mundo que no sea el de la vista? ¿Porqué marginar los demás sentidos?.

Si nos adentramos a esta concepción debemos darnos cuenta que una luz intensa deslumbraría a cualquier ojo que observa y terminaría empleándose desde el mismo efecto que la carencia griega ha legado – pues jamás se podría distinguir. Nosotros pensamos que existen luces tenues, mesuradas, luminaciones ambiguas y distintas que deben ser acopladas a los cuerpos para iluminarlos, porque la diferencia promulga lo diferente y por ello no todos necesitan la misma luz.

Lo que ya hemos nombrado como concepto con componentes, es lo que caracteriza a aquello que ha renunciado a la cuadratura del ser en el discurso ontológico: el pensamiento creativo y mesurado. Como si el ser estuviese dormido dentro de una jaula donde es necesario despertarlo para que aquel se convierta en su propia prisión.

Los conceptos mesurados apelan a que S no es P, Q, R, etc., o cualquier otra representación, sino que cualquier función que logre en el pensamiento es precisamente una apertura para pensar diversos acontecimientos a los que se acopla el pensamiento y que no es justo reducirlos a un esquema que los antecede. La mesura del concepto explica así una actualidad de diferencias que se interpelan y se llaman mostrando un sentido que acontece en algún momento, u otra cosa, pero siempre liberando a la creatividad misma. El pensamiento creativo es también una manifestación y a su vez representa algo que no se presenta ¿mentira, ocultación, desvío?, nos ocuparemos de ello en lo siguiente, pero el pensamiento se resiste a la totalidad y por ello es inatrapable en cualquier acontecer. Cosmos, pensamiento y concepto: continuidades paralelas.

El Ser es indecible y ello muestra la radicalidad del límite, donde el siguiente paso no es una caída al vacío, sino la parte que une las diferencias. Estar en el límite no quiere significar una línea que sostiene nuestros pies bamboleantes, estar en el límite significa estar en el lugar desde donde la significación se desbarata y se conforma, es encontrarse ahí donde las estructuras se encuentran conformadas, la parte de en medio que divide uniendo, aquella que desde la diferencia se devela en un proceso de acogimiento de los sentidos de lo uno y de lo otro.

La radicalidad de esta propuesta consiste en desbaratar un sentido primario a cualquier entidad, y de expresarla desde el cosmos mismo (desde una totalidad que no reduce al ser a un momento ni al individuo a un elemento). No afirmamos que no exista el sentido de las cosas – tienen tanto sentido que por ello acontecen – pero ya hemos tomando la precaución de no centrarse en uno solo como si estuviese <<per se>>, sosteniendo trascendentalmente las partículas de los seres que se presentan. Esto le incumbe al lenguaje. Nietzsche avanza claramente al respecto cuando dispara la primer flecha:

El lenguaje es una fundación peligrosa… nuestra vivencias auténticas no podrían comunicarse si quisieran… les falta la palabra… el lenguaje, parece, ha sido inventado sólo para decir lo ordinario, mediano, comunicable. Con el lenguaje se vulgariza ya el habla”8 “el poder legislativo del lenguaje proporciona las primeras leyes de verdad, aquí se origina por primera vez el contraste entre verdad y mentira” 9

El supuesto está en la validez del lenguaje como constitución ontológica, esto es, que al predicar de la cosa se envuelve en una polaridad de conceptos, como si esos contrastes poseyeran el poder de adherir el significado último para decidir su verdad en oposición a un supuesto contrario natural. La pregunta que Nietzsche realiza está dirigida hacia ver si naturalmente, sea lo que sea la realidad de lo real, esos opuestos binarios se oponen, si el blanco es opuesto al negro antes de toda convención lingüística. La verdad – como el hijo bastardo del lenguaje y lo real, o sea, como convención cultural – se torna relativa cuando la pregunta cuestiona por el principio de estos opuestos, cuando por medio del lenguaje como convención, se pretende predicar el ser de la cosa. Serán los conceptos de creación, diferencia y acogimiento los cuales dirijan la batalla contra la intención de aseverar un lenguaje ontológico.

Con Paul-Ricoeur sabemos que los conceptos son signos que se desvanecen y surgen estructurados de nuevo, novedosos, para emprender una defensa más, destinados a ser utilizados hasta dejar de servir, hasta tornarse aburridos, vacíos y entonces el cambio se hace necesario – nada de permanencia, el concepto se suma al flujo temporal10 y lo conforma – es pues el peso del tiempo donde los conceptos son tallados hasta desgastarse y ser desechados por haber quedado estériles. Desde ahí se hace imperativo un tratamiento para el concepto, a este tratamiento le llama Deleuze la verdadera tarea de la filosofía: crear conceptos.

Los conceptos no son los mismos, el mundo tampoco lo es y se necesitan manifestaciones nuevas para seguir este clamor eterno. Este proceso es un movimiento de responsabilidad, donde la responsabilidad es la apertura que fundamenta la cercanía y que ya no es posesión, no es ontología. Una dualidad de respetos que nunca se abandonan, pues <<ser sujeto es estar sujeto a los demás sujetos>> nos dice Lévinas.

Pero esta cercanía al concepto que es creado como renovación del pensamiento, es verdaderamente un proceso de amistad (Deleuze) que conserva la singularidad de la creación11, pues se mantiene en una estructura que comparte a modo de planos los propios bordes que hacen significarlo. Todo concepto está formado por componentes constitutivos, ocupando sus propios lugares para constituirse en la diferencia que los une. Pues como se ha dicho anteriormente, se hablará de la diferencia, diferencia que es posible mediante la familiaridad con lo Mismo.

Para Derrida el sentido de cada palabra tiene su(s) propio(s) significado(s) que trae(n) cierto número de connotaciones encubiertas, esto es, un doble sentido, donde los significados se mezclan con otros.

Lo diferente, lo Otro, lo que se encuentra al margen12 será llamado, solicitado. Existe un dispositivo de diferencias y deferencias que Derrida encuentra ejemplificadas en la différance, ésta se encarga de solicitar la presencia de un concepto originario que haya venido desde lo indeterminado para mostrar un principio y también una finalidad, o sea, si le es posible al concepto presentar un sentido único que en realidad siempre le hará falta. El proceso derridiano es un cuestionamiento por la procedencia de los sentidos dados, como si las palabras tuviesen de suyo una constitución absoluta. La différance hace salir al mismo de sí para mostrar su otro diferido, rompe con todo supuesto trascendental mostrando la evanescencia de los conceptos, demostrando que toda oposición de conceptos remite a otro – se acogen sin absorberse – como momentos de un desvío, o sea, que el uno es el otro diferido, el uno que difiere del otro y el otro diferido del uno, se establece una interconexión de diferencias que acogen al uno con respecto a sí.

La esfera de este movimiento creativo se hace clara, para mantenerse la huella del pensamiento que es una continuidad constante podemos pensarlo radicalmente como el diferir mismo. Al manifestarse el diferir por oposiciones constitutivas, jamás por entidades esenciales ya no hay dominio de la presencia de la que surge toda una serie de procesos. Y a pelamos a la ocultación como una estructura más compleja que un simple referéndum alineado. El origen es la condición de los conceptos como puro diferir, como aplazamiento “lo originario es el no-origen, un origen tachado 13”.

Vemos pues la repetición, el movimiento, la hospitalidad como elementos constitutivos del respeto por lo diferente, de la identidad del uno y lo Otro, o de lo Otro con respecto a lo Uno. Hemos destruido los binomios naturales y hemos conservado el despliegue del movimiento de la intención que se afirma cuando se lanza un dado para pensar. Derrida afirma que una verdadera reflexión sobre la mentira apela a la conciencia, no sólo moral, sino a la intencionalidad de la conciencia.

Ahora la repetición se manifiesta diferente y las diferencias se acogen. Toda repetición es de casos particulares donde interactúan los elementos del acontecimiento que se repite, mientras que la acogida que aparece entre ellas, significa que están preparados para el recibimiento del Otro o de lo otro. Por estas condiciones se afirma en el presente ensayo que el momento es indecible, la indecibilidad de la época es un acontecimiento y con respecto a cualquier intento petrificador nos encontramos ante un acto que nos parece estar destinado al fracaso.

Si la mentira apela a la intencionalidad de la conciencia, como nos dice Derrida, y ésta queda oculta para el espectador que no sabe que le mienten –como hemos dicho ya-, entonces no podemos buscar sus entrañas desde una lógica antigua y binómica, no podemos pensarla desde un aparato que tiene contratos ontológicos, pero a su vez nos revela que también los discursos petrificadotes ocultan que se puede pensar diferente y que no todo acaba en sus alcances.

Este mundo no está ni en el movimiento localizable de un sentido, ni en el régimen de una clasificación estable, de un recuento factible de sus partes significantes 14”

Este mundo necesita que entre los elementos que le conforman exista una armonía y un verdadero respeto. La différance, la acogida, el componente serán las piedras a esculpir para construir aquello que <<pretende>> el presente ensayo, como “lazos” comunes – utilizo la imagen de lazo porque este permite anudar y desanudar conservando los cuerpos en sus lugares – que se muestren integrados sin perder su propia alteridad. No estamos creando una figura analógica cuando intentamos unir a estas tres entidades, la acogida une al componente con la différance, ella es el vehículo que muestra la imagen del movimiento que forma a su vez el diferir del componente para con otro componente. La acogida recibe a un cuerpo extraño y permite conservar esas alteridades.

Nuestra supervivencia en este planeta está amenazada no sólo por las degradaciones ambientales, sino también por la degeneración del tejido de solidaridades, sociales y de los modos de vida psíquicos que conviene, literalmente, reinventar 15”

El respeto por la diferencia se traduce en el respeto por la diversidad y por la recomposición del ser que habita cada individuo. Deleuze define al componente como una especie de trozo de significación que forma el concepto. Pero todo concepto está repleto de múltiples componentes diferentes entre sí e interconectados con otros componentes, que significan a otro concepto diferente del primero. Cuando la mentira sea erradicada de nuestras producciones de pensamiento, cuando dejemos de ocultar al Ser del otro en nuestras definiciones será entonces que nos enfrentamos a los aconteceres mismos y no estamos repitiendo una dialéctica interna que nunca ha logrado salir de sí. Debemos atemperar, mesurar el camino dañino que ha creado el pensamiento, confiar en que las cosas pueden estar mejor y no afirmar el mal del mundo como si fuese una realidad sin más. Si los componentes son partículas que conforman los conceptos y que en esas uniones se engranan sus bordes, ¿será posible desbordar los bordes? ¿Cuál es la propiedad que permite cruzar la limitación que está separando a los componentes al formar un concepto? ¿Cómo traspasar la estructura de los binomios? Si la línea es lo que divide al afuera del adentro, la capacidad de recibir algo que no estaba anteriormente allí se devela en acogimiento, acoger no significa cruzar simplemente la línea, la hospitalidad no es el hecho de invitar a pasar, sino de estar preparados para recibir un cuerpo extraño del exterior. Cuando los componentes de los conceptos se acogen hacen posible la conexión de estos para integrarlos en una red de significaciones que difieren entre sí. No hay violencia de significación, hay interacciones de componentes y los conceptos se mantienen sin presupuestos trascendentales. Así P no es sólo el predicado de S, sino el resultado de una interrelación de significantes que acogidos muestran y hacen posible el clamor de un sentido, o sea, conservan la indeterminación de la cosa.

Al encontrar todo proceso del pensamiento en relación con los conceptos resultado de la interrelación de diferencias conformativas, cualquier sujeto puede ser predicado de otro sujeto, pues hay una movilización intensa en las significaciones. Esta es la conformación del respeto por lo otro, por el acontecimiento y por el significado, aquí se empieza a tomar distancia de la ontología – o de presupuestos metafísicos – no para renunciar a la Verdad sino para explotar la cerradura de la ontología y conducirla hacia un camino diferente – lo indecible – para ajustarse a un discurso que se encuentra conciente de las distintas manifestaciones del acontecimiento.

La différance encuentra los supuestos ocultos en toda palabra, y cuestiona por su estatus ontológico para desnudarlos y mostrar la ambigüedad del concepto. La acogida u hospitalidad que se da entre los componentes garantiza la pluralidad de perspectivas que se develan en un concepto que tiende hacia el acontecimiento.

Así, desde el acoger se ve un “lazo” entre la différance y el concepto.

Al argumento cuadrado del discurso ontológico se impone lo indecible como afirmación de las diferencias del acontecimiento, hay momentos infinitos que desbordan al pensamiento, pues aquí se experimenta y no se funda, se ven las circunstancias, pero jamás se comprometen con el Ser. Borrar los cuadros ontológicos y lograr su ruptura nos destina al movimiento desenfrenado que se adviene cuando todo está libre. Estar dispuestos a ser engañados y creer esas mentiras.

Eludimos la presencia de un fundamento trascendental que pretende verdades absolutas, lo indecible de la diferencia y su respeto como otro no irrumpe con el movimiento y el tiempo, los afirma, deja atrás el discurso convencional. Hemos visto desde el pensamiento nietzscheano la demostración de que a partir de las designaciones convencionales se crearon las oposiciones binarias, ello muestra que talvez no sean realmente así:

El lenguaje vulgar, la verdad es adecuación en tanto que depende del uso correcto de las convenciones del lenguaje 16”

Si renunciamos a esa tan vanidosa pretensión de acaparar al Ser de las cosas a través del concepto, nuestro compromiso se transforma con el mundo y nos hace responsables, dejemos la perfección lógica por estar vacía y llenemos de contenidos nuestras palabras.

Quizá el compromiso es aquella fabricación de lentes que nos mostró Spinoza, pero habrá que construir unos lentes vitales. Donde se muestre al Otro la forma y el resultado que puede obtener con ellos, para que se los pruebe e intente mirar con ellos y ajuntarlos a su visión, de modo que encuentre una mejor vista, aquella que le parezca mejor, que le sea más convincente. Y si fracasa, será mejor que los tire y que intente en un lugar distinto – tarde o temprano algo encontrará – quizá en el camino de búsqueda, después de haber palpado tantos intentos y estar sin satisfacción alguna, tenga la capacidad de hacerse unos propios, que cumplan con lo que desea. Habrá que cuidar que dichos lentes sean transparentes y que no oculten algo, pues no pretendemos engañar a nadie y queremos que experimente con sus propios medios.

Crear lentes propios para enfrentar los diferentes acontecimientos y habitar responsablemente el mundo. Tal vez esa sea la verdadera lección de los lazos y es por eso que a los cuadros que pretenden encerrar a las cosas en lo que se supone que son, a ese discurso que se afirma como Verdad es mejor olvidarlos.

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