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La responsabilidad ante la voluntad de poder
20
Jul

La responsabilidad ante la voluntad de poder

A pesar de que Nietzsche ahora sea un pensador respetado, también ha sido severamente criticado, malentendido y poco conocido, sobre todo por sus propuestas para la posteridad. Thomas Mann recomendaba no tomarlo en serio, en contraposición a nuestra postura, que no sólo divulga su pensamiento, sino que está a favor de todos los pensadores que desean una transvaloración de todos los valores, o sea, un cambio del pensamiento humano con miras y en beneficio de los que aún no han llegado.

Nietzsche, Hans Küng, Foucault y muchos más nos han permitido empezar a salir de nuestra ignorancia, principalmente porque no queremos ser esclavos de formas de pensar lejanas a nuestra existencia[1], porque ahora la filosofía es un arte que transfigura la realidad en interpretaciones que se pueden mesurar por el poder natural del pensamiento[2], buscando todo lo problemático y extraño que hay en el existir[3],sin detener la vida y al mundo con certezas que sólo pueden ser creadas por fantasías del pensamiento[4]. El filósofo ahora debe ser como el poeta, el auténtico conocedor de su entorno, porque con sus poemas imita y reproduce la fuerza creativa y destructora del cosmos, de la vida y de todas sus transformaciones.[5]

La filosofía que se propone con Nietzsche es una cosmodicea, donde la vida se convierte en filosofía política por nuestra voluntad de “decir Sí” a la vida, de cualquier modo y en cualquier circunstancia[6], será ésta la trama de la filosofía de mañana[7]. Por medio del nihilismo pasivo empezar como una gran protesta de la conciencia humana en contra de los excesos no sólo de ideologías como el cristianismo, sino de todo pensamiento que trate de establecer una aparente realidad metafísica, y de este modo preparar la llegada de un nuevo inicio, donde siguiendo a Eckhart: el ángel, la mosca y el alma sean lo mismo[8], un lenguaje nuevo que hable a favor de un orden de experiencias que permitan transvalorar la vida. Sólo así podremos profundizar en la realidad misma para extraer de ella la maldición de ideologías y pensamientos que han permeado la historia humana con mentiras piadosas, llenas de erudición pero que contradicen la misma vida y al cosmos.[9]

De lo que se trata es de abrir un nuevo horizonte de interpretación de la vida que esté seriamente en contra de las condiciones históricas nihilistas de la humanidad, pues ellas han negado de múltiples maneras –metafísicas- el mundo sensible que se nos presenta como única realidad[10]; una experiencia natural, para abrir una nueva época posnihilista y posmoderna.[11] Esta aparente ausencia de lo divino y de certezas del mundo moderno renacerá en el amanecer de un nuevo día iluminado por la esperanza del retorno de pensamientos conformes a la naturaleza y a una espiritualización no dogmática que conlleva el miedo natural a la incertidumbre del devenir como voluntad de poder creadora[12]:

“Si una transvaloración de todos los valores válidos hasta el momento no debe sólo ser llevada a cabo, sino también fundamentada, se requiere para ella un nuevo principio, es decir, la posición de aquello desde lo cual se determine de manera nueva y con carácter de norma el ente en su totalidad. Pero si esta interpretación del ente en su totalidad no tiene que tener lugar desde un suprasensible puesto de antemano sobre él, los nuevos valores y la norma que le corresponde sólo pueden extraerse del ente mismo. El ente mismo requiere, por tanto, una nueva interpretación por la que su carácter fundamental experimente una determinación de lo que haga apto para servir como principio para la escritura de una tabla de valores y como norma un correspondiente orden jerárquico”.[13]

La posición de los valores que partan de un nuevo principio, debe de considerar como fundamento al ente total o cosmos. Pudiendo analizar los valores por medio del conocimiento que nos permiten los pensamientos de amor fati (como amor al destino en devenir), de la voluntad de poder (como creadora de todo lo que nos rodea en forma apolínea y dionisíaca) y del eterno retorno (como lo mismo siempre diferente). La vida concebida como representación apolínea y dionisíaca tomará estos principios para la nueva posición de los valores, para que derive el valor de esos valores, finalmente la vida es voluntad de poder creadora de la misma vida.[14]

“Ese preciso avanzar por ese camino y “liberar de nuevo la voluntad”, “devolver a la tierra su meta” y “devolver al hombre su esperanza”.[15] “Es el júbilo desbordante de la fuerza restablecida, de la creencia nuevamente despertada en un mañana y en un pasado mañana; el repentino sentimiento y presentimiento de futuro, de próximas aventuras, de mares nuevamente abiertos, de metas de nuevo permitidas, de nuevo creídas”.[16]

El mañana -que no tardará en llegar- primeramente nos debe volver más modestos al no invocar nuestras esperanzas ya ninguna divinidad, sino aventurarnos a esos mares más abiertos donde la creatividad humana pueda navegar por medio de un nihilismo responsable que preserve la vida y su medio ambiente.[17] Los humanos somos animales, pero los más astutos, los más fuertes, porque hemos logrado evolucionar al pensamiento y una consecuencia de esto es nuestra espiritualidad ante la incertidumbre del devenir[18] y el deseo de cuidar la existencia.

Los humanos somos naturaleza, por lo que tenemos que comportarnos conforme a ella[19] como si fuéramos poetas, adivinadores de enigmas y redentores del azar[20], diciendo sí a la vida, como un triunfante sentimiento de bienestar[21], aristócratas de los instintos creativos, del gusto, inmersos en la investigación metódica, para ser genios de la organización y de la administración, como una voluntad del futuro humano, el gran sí a todas las cosas.[22] Ahora podemos dejar que entren en juego nuestras fuerzas creadoras, a fin de hallar verdades que sean útiles para la vida y la hagan crecer; ahora podemos establecer principios que nos lleven adelante como humanidad, porque en el mar nos movemos en un terreno libre al irrumpir en el océano desconocido del espíritu creador.[23]

Podemos salir a la luz, y gracias a un mundo más soleado, más cálido, más luminoso, tener la osadía, el orgullo y la valentía de nosotros mismos para crear una voluntad de responsabilidad, libertad de la voluntad para que de hoy en adelante podamos pensar el sentido creador del devenir como voluntad de poder[24]. Y así, cuidar de nosotros mismos y ver en ello la condición de posibilidad para el cuidado de los demás[25] y de lo Otro -que es todo lo que nos rodea-.

Sólo una cosa es necesaria: “Imprimir estilo”, pero como lograríamos ese necesario estilo, si a través de los siglos ha sido tan escaso que lo que ha prevalecido es el nihilismo pasivo (que es la negación de la naturaleza, o sea del devenir, del sentido de la tierra y de la vida). El estilo es la mirada capaz de abarcar todo lo que ofrece la naturaleza, para bien o para mal, con objeto de adaptar un plan creativo que se convierta en nuestra razón de ser[26], el humano como poeta y pensador. Una revolución en todas nuestras necesidades y relaciones humanas: en la religión, en la educación, en la economía, en la política, en los fines, en el modo de vivir, en el trato con los demás y en sí en el modo de pensar[27], por qué no somos ni tan orgullosos ni tan felices como podríamos serlo.[28]

La vida significa derribar continuamente lo que trata de negarle su sentido cósmico en devenir, ser cruel e implacable con todo lo que pretende inmovilizarla[29]. Resulta pues necesario pensar a fondo y con radicalidad defendiéndose contra toda debilidad sentimental, porque la vida misma es una lucha contra todo lo que quiera oprimirla[30] (como el nihilismo pasivo, que pretende incluso bajo diferentes disfraces desaparecer el carácter creativo natural de la vida). La creatividad humana no forma parte de una sociedad corrompida o imperfecta tal como la que ha buscado al ser ontológico que pretende cerrar herméticamente en una inmovilidad, esto sólo se convierte en un discurso hegemónico. La creatividad forma parte de la esencia de lo vivo, y como función orgánica fundamental, es una consecuencia de la voluntad de poder, la cual es cabalmente la voluntad propia de la vida.[31]

La vida y su valor será la justificación filosófica para el desarrollo de la misma[32] y Nietzsche nos lo hace notar a través de un tono misterioso y seductor[33], pasando a ser el término vida el concepto central, como lo habían sido en su momento los conceptos de Ser, naturaleza, Dios o él yo. [34]Zarathustra exhorta a los vivos a permanecer fieles a la tierra[35], pero él no filosofa sobre la vida, sino que es la vida misma la que filosofa en él[36] -sin olvidar que el mismo Zarathustra equiparaba la vida a la potencia creadora y en este sentido la llamaba voluntad de poder.[37]

La vida creadora de los individuos quieran o no busca su crecimiento enfrentándose contra lo Otro -que incluye a los de su misma especie- por medio de juicios que provienen de sus instintos, en oposición a la superficialidad y esquematicidad de los juicios universales[38], estos últimos, representantes de un nihilismo pasivo que busca de alguna forma inmovilizar la vida. Por eso es preciso avanzar por medio de un nihilismo responsable, que libere la voluntad, le devuelva a la tierra su meta y al hombre su esperanza[39], convirtiendo la voluntad de poder como auto elevación y fortalecimiento de la vida y por lo tanto de la humanidad. Una especie que surja y se haga fuerte en ésta larga lucha histórica de condiciones desfavorables -esencialmente idénticas- que han atentado contra los instintos creadores de la vida, buscando certezas que rebasan por mucho nuestro conocimiento y que contradicen al devenir creador concebido como voluntad de poder.[40]

Un nihilismo responsable podrá definir situaciones favorables para relajar la inmensa tensión acumulada en siglos, para que ya no haya enemigos entre los habitan el mundo y los medios para vivir, incluso para gozar de la vida, que se den con sobreabundancia[41]: ahora los humanos están forzados a darse su propia legislación, su auto creación y astucia de auto-conservación, de auto-elevación. Porque todos los fines que nos propongamos como humanos tendrán que ser nuevos, de ahora en adelante, los medios se ajustarán a una nueva visión de la humanidad prescindiendo de fórmulas aparentemente perfectas que no han sino provocado la decadencia, la corrupción del pensamiento humano y de la vida. Se ha puesto en riesgo a la misma vida[42] alejándonos de muchos mundos lejanos y terribles de los que “vosotros nada sabéis”.[43]

“En el árbol futuro construiremos nosotros nuestro nido.”[44] Y cual vientos fuertes queremos vivir mesurando al pensamiento ante el azar del devenir[45] con amor fati, o sea, amor a nuestro destino en movimiento, sin seguridades, con la astucia de animales inteligentes.

Hasta el ser humano con pensamiento evolucionado se distingue por poseer sentimientos de placer y de displacer tan poderosos que su intelecto queda reducido al silencio o puesto a su servicio. Donde el corazón pudiera desplazar a sus pensamientos, abriendo la posibilidad de las pasiones[46], ahí habrá que lidiar para mesurar la vida y al pensamiento, y sin negarlas porque son producto de nuestros instintos creativos. La vida no sólo es felicidad, sino también dolor[47]:

 “Si ya no te queda ninguna felicidad que darme, ¡bien!, aún tienes tu sufrimiento”[48].

No hay duda que ahora en el siglo XXI estamos ante el umbral de asumir nuestra responsabilidad con placer o displacer -no porque creamos en Dios o no- frente al tiempo en el que el conocimiento nos ha impuesto nuestra libertad y una honestidad para aceptar nuestros instintos y pasiones, que tienen el sentido de la tierra, del devenir del cuerpo y del ente en su totalidad o cosmos, y que contradicen férreamente al nihilismo pasivo -lleno de mentiras santas y de múltiples dioses que no se han puesto de acuerdo para el beneficio de los humanos.[49]

El humano necesita darle importancia a las verdades insignificantes y no necesariamente vivir preocupado por las grandes verdades que pretenden ser trascendentes y que se olvidan de la tierra, de la vida, del bien y el mal, de nuestros instintos y pasiones, y más aún, de los problemas cotidianos. Verdades con mayúsculas que olvidan la espiritualidad que necesitamos por el miedo natural que tenemos por la incertidumbre del fluir del devenir[50], porque no podemos negar ahora que devenimos libres -por o sin la voluntad de Dios.[51]

Se requiere que los humanos siembren la semilla de la responsabilidad compartida, aquella que debemos asumir para que el árbol dé los frutos deseados, asumiendo la libertad y el destino incierto en nuestro amor fati.[52] La responsabilidad de la vida y del todo que debemos crear para nosotros, porque somos más creadores de lo que sabemos[53] debemos ser escultores de nuestros deseos mesurando la vida y al pensamiento como los griegos mesuraron a los dioses Apolo y Dionisio convirtiéndolos en lo apolíneo y lo dionisíaco.

Ahora podemos dejar que entre en juego nuestra fuerza creadora del pensamiento, a fin de hallar verdades que sean útiles para la vida y la hagan crecer; ahora podemos establecer principios que lleven adelante al género humano, ya que nos movemos sin ataduras bajo nuestra responsabilidad común, por nuestro espíritu creador, abriendo horizontes en un caudal de diversidades.[54]

Pero esta transvaloración hacia un nihilismo responsable, reconocerá los instintos creadores de la naturaleza, de nuestro cuerpo, convertidos en pensamiento, como la parte más grande de nuestra conciencia, incluso para la filosofía misma. Tenemos que cambiar aquí de ideas y redefinir la ética, la justicia, la verdad, el amor y todo lo que esté impregnado de nihilismo pasivo, o sea de garantías inexistentes para enfrentar la vida, aceptando como única garantía de nuestro actuar los resultados concretos de nuestros esfuerzos comunes.[55]

Los instintos creativos son la más inteligente de todas las especies de inteligencia descubiertas hasta ahora, porque se han transformado en pensamiento humano, con el cual los humanos han creado el lenguaje, las ideologías, dioses y su responsabilidad ante el todo. En suma, estudiar la filosofía de la “regla” en lucha contra la “excepción”: un espectáculo que resulta bastante bueno para los dioses y para las divinidades.[56] Por lo tanto necesitaremos mantener la conciencia limpia de cualquiera de los grandes imperativos[57] convirtiendo la voluntad de vida en filosofía.[58]

Por medio del pensamiento tenemos que estar a la altura del azar, desprevenidos, tratando de mesurar la vida con el ejemplo de lo apolíneo y lo dionisíaco. Lo intentaremos con cualquier instrumento, y aunque esté tan desafinado como sólo el instrumento “hombre” puede llegar a estarlo, tratar de arrancar de él algo digno de ser escuchado.[59] Olvidémonos de los idealismos, en su periferia hay cosas humanas, demasiado humanas.[60]

Crear en devenir, responsabilizándonos de nuestras creaciones, con la inocencia de lo desconocido, pero con la voluntad creativa, más allá de los dioses, porque si existieran sin darnos libertad nosotros nada podríamos crear. Tener el ardiente deseo de una voluntad de crear, impulsados con el martillo hacia la piedra, para que de ésta salgan pedazos hacia puntos diversos[61], como diversos somos y diversas nuestras responsabilidades. El pensamiento ahora nos da la oportunidad de romper con el proceso evolutivo del humano, para que la evolución del futuro de la humanidad ya no pueda pensarse según el modelo del desarrollo inconsciente de la naturaleza, sino que ha de entenderse como producto de la acción libre, de la creación libre. Por lo tanto, en lo que se refiere al futuro de la humanidad, no podemos confiarnos a ningún proceso natural, sino que hemos de poner manos a la obra. Pero ¿cómo?, por medio del poder del pensamiento, que nos permite describir al mundo como amor fati, voluntad de poder y eterno retorno, para hacernos responsables de nuestras creaciones que hacemos por medio del pensamiento.[62] Trasladando de esta forma la lógica evolutiva del reino animal al reino del pensamiento humano[63], y haciendo que la vida misma se convierta en problema.[64]

 “Pues yo llevo sobre mis espaldas el destino de la humanidad”.[65]

[1] Martínez Cristerna, Gerardo. Los hombres y el problema de la mentira. México: Ediciones Hombre y Mundo, 2006, p. 29
[2] Nietzsche, Friedrich. La ciencia jovial. Venezuela: Monte Avila, 1992, p. 66
[3] Nietzsche, Friedrich. Ecce Homo. Madrid: Alianza, 2005, p. 18
[4] Ibid. pp. 50-51
[5] Sánchez Meca, Diego. Nietzsche. La experiencia dionisíaca del mundo. Madrid: Tecnos, 2005, p. 96
[6] Montinari, Mazzino. Lo que dijo Nietzsche. España: Salamandra, 2003. pp. 77-78
[7] Campioni, Giuliano. Nietzsche y el espíritu latino. Buenos Aires: El cuenco de plata, 2004, p. 175
[8] Volpi, Franco. El nihilismo. Madrid: Siruela, 2007, p. 133
[9] Sánchez Meca, Diego. Nietzsche. La experiencia dionisíaca del mundo. Op. cit. p. 291
[10] Ibid., p. 300
[11] Ibid., p. 317
[12] Ibid., p. 329
[13] Ibid., p. 353
[14] Ibídem
[15] Nietzsche, Friedrich. El Anticristo. Madrid: Alianza, 2006, p. 22
[16] Nietzsche, Friedrich. La ciencia jovial. Op. cit., p. 62
[17] Nietzsche, Friedrich. El Anticristo. Op. cit., p. 43
[18] Ibid., p. 43
[19] Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Madrid: Alianza, 2005, p. 192
[20] Nietzsche, Friedrich. Ecce Homo. Op. cit., p. 116
[21] Nietzsche, Friedrich. El Anticristo. Op. cit., pp. 107-108
[22] Ibid., p. 116
[23] Safranski, Rüdiger. Biografía de su pensamiento. Barcelona: Tusquets, 2002, p. 335
[24] Nietzsche, Friedrich. La genealogía de la moral. Madrid: Alianza, 2006, p. 150
[25] Nietzsche, Friedrich. La ciencia jovial. Op. cit., p. 39
[26] Ibid., p. 44
[27] Ibid., p. 278
[28] Ibid., p. 280
[29] Ibid., p. 123
[30] Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Op. cit. p. 235
[31] Ibídem
[32] Nietzsche, Friedrich. La Voluntad de poderío. Madrid: EDAF, 1994, p. 386
[33] Safranski, Rüdiger. Biografía de su pensamiento. Op. cit. p. 342
[34] Ibídem
[35] Ibid., p. 343
[36] Ibid., p. 344
[37] Ibid., p. 345
[38] Montinari, Mazzino. Lo que dijo Nietzsche. Op. cit. p. 101
[39] Nietzsche, Friedrich. El Anticristo. Op. cit., p. 22
[40] Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Op. cit. pp. 242-243
[41] Ibid., p. 243
[42] Ibid., p. 244
[43] Ibid., p. 254
[44] Nietzsche, Friedrich. Ecce Homo. Op. cit., p. 39
[45] Ibídem
[46] Nietzsche, Friedrich. La ciencia jovial. Op. cit., p. 93
[47] Nietzsche, Friedrich. Ecce Homo. Op. cit., p. 104
[48] Ibídem
[49] Nietzsche, Friedrich. El Anticristo. Op. cit., p. 73
[50] Nietzsche, Friedrich. La ciencia jovial. Op. cit., p. 26
[51] Nietzsche, Friedrich. Ecce Homo. Op. cit., p. 89
[52] Nietzsche, Friedrich. La ciencia jovial. Op. cit., p. 112
[53] Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Op. cit. p. 133
[54] Safranski, Rüdiger. Biografía de su pensamiento. Op. cit. p. 335
[55] Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Op. cit. pp. 24-25
[56] Ibid., p. 175
[57] Nietzsche, Friedrich. Ecce Homo. Op. cit., p. 57
[58] Ibid., p. 28
[59] Ibid., p. 31
[60] Ibid., p. 89
[61] Ibid., p. 116
[62] Safranski, Rüdiger. Biografía de su pensamiento. Op. cit. p. 285
[63] Ibídem
[64] Nietzsche, Friedrich. La ciencia jovial. Op. cit., p. 67
[65] Nietzsche, Friedrich. Ecce Homo. Op. cit., p. 134.

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