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Las humanidades en la Universidad pública del siglo XXI
20
Jul

Las humanidades en la Universidad pública del siglo XXI

A mediados del mes de agosto de 2005 nos reunimos en la hermosa Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, un grupo de investigadores y pensadores contemporáneos comprometidos con el problema del hombre y con aquello que le rodea. Nuestra finalidad era la de repensar el estado de las humanidades y los riesgos que el capitalismo contemporáneo ha traído consigo a las ciencias humanas en su pretensión de evaluar a los hombres a través de los insumos empresariales. La invitación de mi amigo y respetado colega José Antonio Mateos Castro para participar en el encuentro y ahora de hacer esta presentación, es un gusto que me rebasa y me reconforta, pero sobre todo, después de ver el resultado de los trabajos presentados, me alienta para seguir adelante y para continuar creyendo que es posible transformar nuestras relaciones con el mundo contemporáneo de una manera distinta a la que proponen el capitalismo, la empresa y la globalización actuales.

Este texto representa el esfuerzo intelectual de diferentes personas que enriquecerán sin duda nuestro acervo intelectual y nuestras perspectivas sobre la historia, desarrollo, confrontaciones y peripecias que las humanidades y los humanistas tuvieron que pasar en diferentes etapas históricas, tales como la Antigüedad, el Medioevo, el Renacimiento, la Modernidad y nuestra confusa actualidad. Basta con revisar el ensayo inicial de Ma. Elizabeth Alejandrina Domínguez para que nos demos una idea sobre la imposibilidad de poner en un mismo recipiente a las ciencias «duras» y a las humanistas, lo que nos señala desde el principio que cada una de ellas tienen claramente su propio objeto de estudio. Realiza un impresionante recorrido histórico que va desde la Antigüedad hasta el siglo XII, concentrándose especialmente en el humanismo medieval y renacentista, mostrándonos las figuras ejemplares que contribuyeron para la conformación del humanismo occidental (también nórdico), desde ópticas dispares y siglos consecuentes. Es un trabajo que nos ayudará a recrear el ambiente intelectual en el que se estaban cocinando las diferentes perspectivas que podamos tener del humanismo y nos dará un perfil muy bien documentado de los inicios del humanismo en Occidente.

En “Universidad y Humanismo” José Antonio Mateos Castro nos recuerda la relación estrecha entre la Universidad y las humanidades. Hace un recorrido histórico de las formaciones humanístico-universitarias en los países de Europa, especialmente en Francia e Italia, también en América haciendo hincapié en México y detallando su desarrollo político-educativo. Todo ello para darnos un diagnóstico del estado actual de la Universidad ante la transformación del pensamiento en capital. La forma en la que Mateos Castro aborda el tema, nos recuerda –y llama la atención–, que el pensamiento puede crear espacios institucionales que desarrollen formas de resistencia ante el poder empresarial contemporáneo desprovisto de cualquier preocupación por lo humano, lo que nos ayuda a pensar en posibles formas de resistencia ante un presente económico que frecuentemente nos agobia. Felipe Vergara Garay en “Humanidades y Universidad, historias paralelas” se introduce en la relación «compleja y conflictiva» entre la Universidad y el desarrollo de las humanidades. Adscribiendo el principio antibarredista de nuestros antiguos filósofos donde se afirma que las humanidades son un pensamiento o una forma de habitar el mundo opuesta a la que proponen los positivistas. Vergara Garay nos brinda una revisión bastante documentada de diversas versiones existentes sobre los orígenes de la Universidad y su carácter, atendiendo a los compromisos políticos que la Universidad desde su inicio poseía, lo que trae como consecuencia al imaginario, que la academia y la política se relacionen de maneras diversas. Se introduce también en las circunstancias técnicas y operativas de la educación, para mostrarnos la condición de la enseñanza en el último tercio de la etapa medieval, de donde sobresale el impacto de la imprenta en el ámbito universitario.

El texto de René Vázquez García “¿Para qué humanistas? Consideraciones sobre la sociedad, la universidad y las humanidades” es un estudio riguroso y pormenorizado de las humanidades ante el peligro que corren actualmente: el de verse cada vez más cerca de su venta a los modelos de producción neoliberal en el que nos encontramos. Hay un riesgo ante el modelo neoliberal que parece que los dirigentes de la educación no pueden percibir, proviene de los 80´s y tiene su fundamento en el concepto de «capital humano». Los humanistas no son útiles sino funcionales. Los movimientos económicos y la ideología de lo eficaz que domina en las empresas están exigiendo y reorientando las funciones actuales de la Universidad y a su vez transformando las formas de preparación estudiantil. La Universidad es orientada hacia las directrices neoliberales. Es un diagnóstico profundo del estado actual de las humanidades ante la irrupción empresarial tomando en cuenta que el riesgo de la desaparición de las humanidades estriba en que los criterios de evaluación del conocimiento se han eclipsado con los procesos de evaluación empresarial.

Herminio Núñez Villacencio e Irma Eugenia García comienzan su trabajo con un análisis de la mecanización de la docencia y el aprendizaje, entendido como copias baratas de la influencia positivista a las que se enfrentaron nuestros humanistas mexicanos a principios del siglo XX. La problemática de las formas de evaluación de los fenómenos que conocemos –o intentamos conocer–, nos exige un acercamiento a los mecanismos que alimentan nuestras perspectivas del mundo. Al hacerlo, podemos tener claro cuáles son los criterios que utilizan los educadores para evaluar y transmitir conocimiento y qué es lo que enseñan a las nuevas generaciones. Esto traerá como consecuencia una evaluación que diferencia los procedimientos entre las disciplinas «duras» y las humanistas, una cartografía de los criterios subjetivos y objetivos que pondrá en su lugar el quehacer de cada una de las ciencias que hoy nos ocupan. Así, la diferencia entre las ciencias humanas y las demás, tiene su fundamento en la forma como tratan a su objeto de estudio. Mientras el acercamiento humanista es holístico y particular, el de las ciencias «duras» es reduccionista y general.

Particular atención merece el trabajo de Alfredo Pavón, es un análisis que se ejerce desde un humor fino y constante. Una especie de Gaya ciencia provista de metáforas ambientales y circunstanciales que asesta golpes de vida a la dureza de las ciencias positivas. Este trabajo nos hará pasar un grato momento ante la rigidez y aspereza de la tecnificación del pensamiento. Pavón nos muestra las herramientas que las humanidades proveen al hombre en un recorrido por las diferentes formas de nuestro México, además de señalarnos que la agonía del pensamiento humanista es una realidad lejana de nuestras experiencias diarias. Nos rompe la risa la cuadratura del rostro a cada paso, pero su innegable compromiso y «ensoñación» con las humanidades y la historia que de ellas se desprende nos alertan ante la profundidad de su análisis del espacio simbólico. Pone en tela de juicio la hegemonía de la Ley en el entorno en el que se desarrolla, ya que las revueltas sociales de los 60´s y principios de los 70´s en México, han demostrado que para limitar al hombre, las humanidades son la herramienta perfecta para sobrepasar límites. María Cristina Castro Azuara con su trabajo “Aprender a hacer discurso desde el discurso: la enseñanza del lenguaje en las humanidades” continúa con nuestro banquete. Nos lanza a una propuesta que afirma que la enseñanza de la lingüística –como elemento fundamental del quehacer humanista–, debe poseer una esfera práctica, donde se exponen las diferencias culturales y de sentido en las relaciones linguísticas diarias. El lenguaje debe ser puesto frente al intempestivo y desprotegido ambiente de la intersubjetividad, llevando así al discurso a su dimensión política y democrática. La lengua –entendida desde su ámbito dialógico–, toma una identidad democrática en la comunicación y se encarga de fundar las formas colectivas de producción y reproducción del discurso. Todo esto será posible cuando el aprendizaje humanístico y su enseñanza, se encuentren desprovistos de sistemas pedagógicos y epistemológicos precodificados y cerrados en sus caparazones. Eleazar Correa González nos invade con un comienzo genealógico, “Lo humano y las éticas: entre las humanidades y el psicoanálisis” es un trabajo que toma como base el estudio y la aplicación de las lenguas clásicas para las humanidades, pues acepta la premisa de Angelo Altieri que sólo así las humanidades contarán con la orientación para lograr el bienestar humano y lograr transmitir bien a bien una toma de conciencia para la humanidad. Afirma categóricamente que las humanidades funcionan como el acercamiento más allegado a las cuestiones humanas, pues tratan de la vida humana como fin, dirigen y orientan los fines de la existencia ya que se preocupan por su sentido. Así, lo humano se ve impelido por el problema ético que hace la distinción entre lo bueno y lo malo. Correa González pasa revista por algunos de los pensadores de Occidente y su relación con lo humano revisando cuatro de las prospectivas morales que para el psicoanálisis sirven de bastión para la caracterización del pensamiento ético occidental. El ideal de Bien de la ciencia, pertenece al campo de los que poseen el poder, por lo que poner en cuestión desde el psicoanálisis los ideales de Bien ligados a la universalidad y protegidos por la legalidad de su discurso, no muestra la fractura que al interior del discurso se dispara, ya que tendría que cumplirse en cualquier esfera y ambiente social y cultural.

El trabajo de Carlos R. Gutiérrez Rueda “Filosofía y humanidades” comienza con un enfrentamiento con el estado pragmático-utilitarista que se ha logrado mezclar con el quehacer humanista, con el fin de aclarar la diferencia entre los conceptos “humanista” y “humanidades”, es una revisión filológica del desarrollo de los estudios humanísticos en sus distintas acepciones haciendo hincapié en la importancia del lenguaje y de su labor social y cultural. Nos introduce en el difícil tema del comienzo del filosofar mostrándonos que la filosofía es una práctica posible para todos pero que supone el dominio de cierta forma de acercarse al mundo. La filosofía es pues, un ejercicio que nos muestra los límites e aquellas cosas que creíamos seguras y que dábamos por supuestas. Su tarea es la búsqueda constante, lo que implica que nos desprovee de muchas seguridades injustificadas, se trata de desentrañar prejuicios que nos opacan la visión y descubrir sus raíces para desecharlos. Nos describe las características fundamentales de los problemas filosóficos en su diferencia esencial con los problemas que a la ciencia importan aclarándonos con un finura admirable, que las preguntas que lanzan las humanidades tienen una relación especial con sus modos de abordar las respuestas que prefiguran. Las preguntas de la filosofía dejan en libertad a su objeto de estudio para entonces experimentarlo en su desnudez esencial.

Este libro tiene la finalidad de contribuir a una concientización de la tarea, la historia y el desarrollo de las humanidades en el imaginario social y cultural mexicano. Es una puerta abierta a las diferentes formas de pensar el mundo desde una perspectiva concreta, que por su riqueza, permite que podamos entrar desde diferentes puertas y ventanas dispuestas siempre a ser repensadas. La originalidad de este trabajo radica en que tiene en cuenta el problema contemporáneo al que nuestros alumnos, maestros y lectores nos enfrentamos: que se publican cada vez más «insumos» del pensamiento, que únicamente sirven para cerrar perspectivas y de lo que se trata realmente es de abrir más para pensar mejor.

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