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Terrorismo y política contemporánea
20
Jul

Terrorismo y política contemporánea

Según el «United States Code Congressional and Administrative News», resultado de la Segunda Sesión del 98vo. Congreso define dos formas de terrorismo internacional: «Acto de terrorismo es cualquier actividad que 1. Signifique un acto violento o acto peligroso para la vida humana que viole las leyes criminales de EE UU o de cualquier Estado, o que sea una violación criminal si ha sido cometido dentro de la jurisdicción de EE UU o de cualquier Estado; 2. Parezca pretender i) intimidar o coaccionar a la población civil; ii) influenciar la política de un gobierno por intimidación o coacción; o iii) afecte la conducta de un gobierno por asesinato o secuestro».

El texto fue publicado en el West Publishing en 1984 pero lo fue de manera tan rígida que el sólo hecho de que la inteligencia estadounidense haya cambiado de geografía el concepto y haya definido a qué tipo de personas les pertenece (administrado en los países en los que tienen intereses precisos), y se adjudicara el derecho de comenzar guerras (concepto que no aparece allí), ha bastado para liberarse de cualquier acusación por parte del orden mundial, de violencia extrema o terrorismo a ultranza. Después de la cacería a Bin Laden y de la publicación de los desastres que causaron su búsqueda, el Ministro de Asuntos Exteriores de Francia dijo que si todos atacaban a la población musulmana, responderían a la llamada de Bin Laden y E.U.A. caería en su trampa, era por esto suficiente que un solo país se encargara de hacerlo y de manejar las formas de atraparlo. Cada uno de nosotros es testigo y testimonio de los horrores que en el presente acontecen a nuestro derredor. Aún así, podemos estar de acuerdo que la mayoría de nosotros queremos la paz y el bienestar social. Estaremos de acuerdo que es mejor el bien al mal. Pero, ¿Cómo podremos llegar a fundar el estado de paz bajo estos principios, si la paz es necesaria porque existe la guerra? ¿Será que jamás podremos superar el mal porque nos conforma naturalmente? Pensemos en lo siguiente: en la formación de los discursos siempre hay una relación esencial con la política pues desde allí se distribuyen geográficamente los conocimientos. Los americanos definen a la democracia como el modelo político occidental por antonomasia, de aquí que el islamismo represente para Occidente un enemigo a derrocar.

Es claro que Estados Unidos desea conquistarlos políticamente y para hacerlo les pone nombres para entonces proyectarlo al pueblo. Esta es la función de la palabra «terrorismo». Los terroristas se encuentran ubicados en una geografía específica según el discurso neoliberal. Pero hay que tener en cuenta lo que perdemos nosotros como meros espectadores a los que les ha sido administrado un ser ideológico a imitar. Los sujetos que provocan la elección de sumarse a la ideología yanqui supone que debemos perder nuestras singularidades personales y nacionales. E.U.A. se convertiría en la definición más acabada de la democracia y ésta como el modelo ideológico occidental.

Si el llamado «terrorismo» se opone a las aspiraciones políticas estadounidenses, entonces se convierte en un concepto en el que puede entrar cualquiera que represente un problema para las prácticas políticas americanas. Recordemos aquí la ley de inmigración como problema nacional entre México y Estados Unidos. Éstos son definidos como terroristas en potencia para la nación americana. Se utilizan las leyes para solventar los actos terroristas de una nación.

Analizaré la política americana que ha transformado la cultura de un pueblo extraño en enemigos sustanciales para el sujeto promedio. Han utilizado una retórica especial en la que han caído un número significativo de naciones que se dicen «Aliados». Aquí les mostraré tres efectos de la política americana para comenzar el análisis:

  • El primero es un efecto de subjetivación: Se construyen nuevas subjetividades, tanto nacionales como extranjeras y obligan al sujeto a actuar en contra del enemigo que ellos mismos han formulado.
  • El segundo es un efecto de alteridad: Se intenta hacer creer que el terrorismo representa el Mal y que es necesario que Occidente se desprenda de él, pues desde su origen, el mal puede ser difuminado por medio de los procesos de conocimiento que poseen nuestros co-ideólogos.
  • El tercero es un efecto de periodización: Se normaliza y normativiza la xenofobia para con los islámicos con el fin de justificar el asesinato planeado.

Si atendemos a este proceso podremos cuestionar la verdadera constitución de los llamados terroristas y talvez nos preocupemos por aprender más sobre ellos por nuestra cuenta antes de creer lo que se nos viene diciendo por muchos lados. La interiorización de la fórmula democrática estadounidense es la causa de la adaptación de su política imperial. E.U.A. es el paradigma –y el discurso– que se adjudica el ejemplo de la democracia, y Francia e Inglaterra, las naciones principales que han aceptado esa determinación. Para ocultar las atrocidades que provocan estas prácticas e interiorizaciones ideológicas, las palabras que se utilizan en los discursos políticos, en los medios al servicio del poder, abren las posibilidades para despertar un sentimiento de venganza masiva, ante una culpa que parece haber surgido de la nada, pero que está unida con el mito de la sangre, de las clases y de los modelos políticos. Todos se convierten en enemigos cuando no se alinean a los designios de la «democracia liberal». Ejemplo de este ejercicio es el humor utilizado en los programas de mayor rating en E.U.A., también las películas del cine corporativo normalizan esta imagen, además de gran parte de los videos musicales, entre otras cosas.

El imperio americano se mantuvo intacto desde 1812 hasta el 2001. Esas dos fechas representan un fenómeno global que transformó radicalmente el imaginario social de los habitantes del país. Los americanos se sintieron nuevamente atacados y amenazados, pues la barrera inquebrantable del poder americano pudo ser traspasada. Desde ahí, las consignas sociales de ayuda al imperio no se hicieron esperar. Los medios de comunicación nacionales y extranjeros bombardearon al imaginario colectivo abogando por la ayuda a E.U.A. y por la «obligación» que todos teníamos «humanamente» de brindársela para su recuperación. Películas, documentales, crédulos de derecha, artistas y comunicólogos despistados se unieron para ayudar a levantar a la nación que promovía la democracia y la protección mundial. Fácilmente se olvidó el aniquilamiento estadounidense a la población indígena de gran parte de Latinoamérica, la conquista –o el arrebatamiento– de gran parte del territorio mexicano, la colonización de Hawai, de las Filipinas, y todas las formas violentas a través de las que E.U.A. se ha apoderado de territorios y materia prima de distintas partes del mundo. Si nosotros hiciéramos un balance de las pérdidas humanas que ha originado una nación a través de la historia, lo que le ha ocasionado E.U.A. a gran parte del mundo no tiene antecedentes. Desde su nacimiento Estados Unidos fue un territorio violento y seguramente a pocos les han importado estos antecedentes, ante la imagen que desde el 2001 nos vendió la televisión junto a su esfera comunicativa: Internet, cine, documentales, etcétera el país de la democracia logró convertirse en víctima. Godbless América, y que también bendiga sus guerras, torturas e intervenciones militares, sus asesinatos, golpes de estado y demás formas de aparición del poder gringo. Porque seguramente todo lo que ellos hacen es por el bienestar de los países sofocados por el poder, pues si Dios bendice a América, ella tiene que llevar la bendición a los que les está vedada. No importa que Dios sea Jehová o Ares, pero hay uno que le habla a los presidentes estadounidenses y que les indica que tienen que encargarse de la paz del mundo. Pero estaremos de acuerdo que es mejor una mala paz que una buena guerra.

Después de los ataques del 11 de septiembre, Europa se vio conmovida por dichas acciones y se adhirió inmediatamente a los planes del contraataque americano. Hay cierta familiaridad histórica entre E.U.A. y Europa, que quizá puedan darnos una idea de lo que sintió el entorno europeo –especialmente Francia– cuando vio caer a un imperio. También Europa ha sufrido ataques brutales desde su interior y ha conquistado territorios a partir de violentas intervenciones. La política global imperial tenía que dar un giro importante que dejara entrar nuevos elementos que tuvieran el poder de persuadir el entorno global. La intervención corporativa en la política global obligó al gobierno estadounidense a crear campañas de denigración para las pequeñas sociedades que no podían entrar al proceso del capitalismo corporativo. Las pequeñas empresas se vieron absorbidas por los monstruos mercantiles, y aquellos que se resistieron a entrar al proceso «natural» se veían insertados en el rechazo social «normativizado», pues aparecían como «anormales» e «inadaptados» del proceso. El concepto que hicieron funcionar aquí fue el de «globalifobia». La retórica ha sido un arma efectiva. El bombardeo a Irak fue inclinado a una reforma humanitaria cuando se decidió utilizar el concepto «bomba inteligente» para referirse a los ataques causados en «lugares estratégicos». Se atacaron hospitales (para evitar que los heridos pudieran ser proveídos de curas), centros de acopio (para eliminar cualquier posibilidad de alimentación o servicios de higiene) y hogares (para infundir terror en el medio). Cuando se pidió alguna explicación de por qué eran esos lugares específicamente los que habían sido afectados, E.U.A. respondió que eran «errores» que las bombas inteligentes tuvieron, y si es a ellas las que teníamos que pedirles esas explicaciones, entonces no había mucho que esperar. En Kosovo se utilizó la imagen de «intervención humanitaria» para disfrazar las atrocidades que se ocasionaron a los serbios. Si recordamos las informaciones globales al respecto, se solía decir que «ellos», «el enemigo», habían tenido una serie de «bajas» compensadas con la «muerte» de soldados americanos con familias que desde casa oraban por ellos. Los primeros, los «ellos», eran reducidos a números (esta lógica también la usaron los nacionalsocialistas en los campos de concentración), mientras los «soldados» americanos eran personas que morían en nombre de la democracia. ¡Qué forma tan heroica de asesinar a los demás! La lógica utilizada aquí, la máscara retórica impuesta en dichas intervenciones y la falta de argumentos para justificar estas atrocidades nos recuerdan la Europa imperial del siglo XIX, la invasión japonesa a Manchuria, Mussolini invadiendo Etiopía o a Hitler ocupando a los Sudetes.

La «guerra contra el terrorismo» demuestra que el «centro» crea una periferia específica y la somete a elementos adventicios que sirvan de camisas de fuerza que tiene como finalidad detener cualquier surgimiento de credibilidad en el imaginario social. El musulmán es ahora, como lo fue para los alemanes en los 40, la especie de hombre que debe ser eliminada por el bien del hombre correcto: el blanco, democrático, americano y patriota que todos debemos ser. La carta de presentación de EUA ante estas «intervenciones» funciona de la siguiente manera: ellos representan el nuevo orden mundial, la democracia y la civilización. El Oriente Medio significa países que no desean entrar a los procesos de civilización, además de un peligro para la democracia, por lo que hay que eliminarlos. Étienne Balibar ha visto también esto. Todo proceso de civilización, es decir, de integración de un afuera «otro», «distinto», a un modelo imperial, supone procesos de barbarie y atrocidades por las que los débiles (o debilitados) tendrán que pasar. Extrañamente se habla de progreso –que desde la lógica moderna supone avanzar al bienestar y a la mejoría–, cuando en estos procesos hay un estado de destrucción imperante de todo lo humano que podamos conservar o en lo que podamos creer. Es así que el proceso civilizatorio que promete EUA, y que está imponiendo, se maquina por medio de asesinatos y torturas constantes que pasan por encima de las leyes del orden mundial.

Ante la retórica americana, las instituciones como la ONU o la OTAN han hecho caso omiso de las violaciones a las leyes mundiales sobre violencia y terrorismo, y a las consecuencias de los ataques que ellos han dirigido al por mayor. Se han apegado a los conceptos que los tratados de paz mundial han establecido y esto ha salvaguardado los actos de vandalismo mundial americano. La utilización de términos ambiguos en el enmascaramiento de sus acciones político-económicas, han logrado que EUA no pueda ser acusado de terrorista, por lo que han evitado cualquier forma de culpabilidad y de ajusticiamiento para ellos.

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